Contrapensamientos

Por Leonardo Sai

Que vean, por lo que tomo prestado, si he sabido elegir con qué realzar mi tema. Pues hago que otros digan lo que yo no puedo decir tan bien, ya sea por la pobreza de mi lenguaje, ya por la pobreza de mi juicio. No cuento mis préstamos, los peso. Y si hubiera querido hacer valer el número, habría cargado con el doble. Todos son, o casi todos, de nombres tan famosos y antiguos que no necesitan presentación. De las razones e ideas que trasplanto a mi solar y que confundo con las mías, a veces he omitido a sabiendas el autor, para sujetar a las riendas a la temeridad de esas sentencias apresuradas que se lanzan sobre toda suerte de escritos, especialmente sobre los jóvenes escritos de autores aún vivos y en la lengua vulgar, que permite hablar a todo el mundo y parece acusar de vulgar también a su concepción e intención. Quiero que den en las narices a Plutarco a través mío y que escarmienten injuriando a Séneca en mí. He de ocultar mi debilidad tras ésas celebridades.

Ensayos
Michel de Montaigne

Mediática

Construir conocimiento demanda tiempo. No tiene la ligereza de la compra compulsiva. Conocimiento es pensamiento lento, digestión tranquila, sedentarismo. Quien prueba el terreno mira, pisa, inspecciona, luego trota, finalmente corre. Los medios de amnesia masiva no tienen espacio para el rumiar teórico. Esos lánguidos papers, abstracts, no tasan conocimiento. Son, en el mejor de los casos, ejercicios de escritura para evitar la artrosis académica. Reaccionar es vital, reaccionar frente al consumo pasivo de imágenes. La pantalla debe volverse un medio de reciprocidad, de intercambio, de lazo social, y no de mismisidad, mimetismo, narcisismo flaco. La velocidad con la cual se construye la lectura y frecuencia de los blogs —que por estos territorios reemplazan por estructura de costos las plataformas gráficas de revistas literarias— es riqueza comunicacional y también una forma torpe del diálogo. La digitalización del leer y del escribir es una autopista libre y rápida para la pulsión. No se ha desarrollado del mismo modo en tanto mediación simbólica. ¿Es la imagen el límite de este leer y escribir posmo? No se trata de pensar sin imágenes sino del “pensamiento” reducido a lo imaginario. Ese horizonte cortito del infinito de las cosas es lo que se llama Medios de Comunicación Masiva: La política profesional descansa en este registro y se vuelve puramente afectiva.

La inoculación desinformativa es un cerebro amnésico. Una cabeza en perenne estado de inseguridad, de inflación y de miedo. Un cuerpo estremecido en ataques de pánico. La mediática retroalimenta inseguridades permanentes. Una máquina demoledora compite por la primicia del Apocalipsis. No sería casualidad que quienes posean el oligopolio de la información poseyeran también el oligopolio del narcotráfico. Lavar dinero es lavar significantes: se disuelve el universo simbólico, se presentan los excesos desvestidos, se libra el cuerpo al dictat del mercado. Produce estéticas morbosas de decadencia local para la presentación de un otro irrecuperable y suicida. Modo masivo de construir resignación e impotencia bajo el modo irreflexivo de “la realidad social”.

Se llama angustia al sentimiento de un peligro vivido desde lo interior como una amenaza y se llama miedo cuando se lo localiza en un objeto de la realidad exterior. Sartre decía “el vértigo es angustia en la medida en que temo, no caer en el precipicio, sino arrojarme a él”. La angustia carece de objeto. La mediática usa ese agujero para llenarlo con peligro a la vez que suministra los convenientes sistemas de seguridad. El humano huye: compra una burbuja, una esfera, un becerro. Se confina a la seguridad de los objetos. El sistema mediático tapona la angustia identificando culpables. Se pasa de una posición ético-existencial a una moralina cómoda para el espectador: la causa de mi vértigo es por culpa del político, del empresario, del chorro, del vecino, del policía. La información así producida financia la paranoia. ¿Qué quiere decir moralizar? Quiere decir hacer sentir las propias llagas. ¿Cuándo una moralidad se impone? Cuando logra desparramar en las extensiones de lo social la sensibilidad de una herida.

Se trabajan una serie de elementos inestables sin necesidad de articularse conceptualmente.  Construyen elementos transaccionales, en el sentido freudiano, de las formaciones de compromiso. Todo desdibujado, irreconocible, puede ser vuelto a presentar, como entretenimiento. Los medios movilizan inmovilizando. Son la impotencia en acto. De ahí su afinidad con los discursos morales. Los medios trabajan sobre la representación y sobre los nervios. El cuerpo a cuerpo, el live and direct, la sensación: Una contabilidad de la emoción. Parece que aparece “la vida”. Y con esto basta para su legitimación. Fabrican lo que la socióloga Eva Illouz llama el “homo sentimentalis”.

Para este homo del sentir, las inteligencias emocionales, las neurolinguisticas, los conductismos de empresa, los cognitivismos marketineros, van a reunirse en una forma de “capital”. Manejar con fluidez este imaginario de psicología del yo produce licenciaturas en recursos humanos, maestrías de management, licenciaturas en psicología laboral, etc. Y todo esto retroalimenta la industria aseguradora, la industria del juicio, la industria psiquiátrica, la industria farmacológica. De un lado, el Código Civil, Comercial, Laboral y Penal. Del otro, el DSM IV, V, etc. En el medio, el call center jurídico. Todo esto parece individualismo, y en el nombre del individuo se lo borra. Un Mundo Pre-Político.

Clásicos

Emile Durkheim es el fundador de la sociología como disciplina positiva en el siglo XIX. Definió las reglas del método sociológico y su objeto como hecho social. Consiste en representaciones sociales que se imponen de un modo inconsciente y coercitivo. Esquema simbólico. Ese todo organiza las partes: atrapa, atrae, explota fuerzas humanas. Hay hecho social cuando hay lazo social, es decir, representaciones abrazadas por un grupo que reconoce en ellas una identidad. De ahí que para Durkheim el lazo social sea un elemento sagrado constitutivo del todo que es la sociedad. Reconocerse en el lazo social es reconocer algo de la propia esencia en el colectivo. Se va tejiendo un esquema simbólico. El problema surge cuando el estado colectivo ha perdido su techo simbólico-político y se articula de un modo predominantemente imaginario. Los individuos, librados a sí mismos, abrazan el stress, la autoexitación y postergan el suicidio. La unidad de un pueblo, la provincia del hombre, reclama individuos paranoicos: esa clase de tipos que ocasionalmente pueden actuar como si encarnaran al país entero. El recipiente patrio es ahora segmento: Un pasaje de arquitectura de paredes gruesas a un psicourbanismo de individuos licuados.

Gabriel Tarde es un psicosociólogo que se ocupa de la opinión pública. Una de sus obras se llama “La opinión y la multitud” y su teoría se encuentra en “Las leyes de la imitación”. Tarde tiene 28 años cuando sucede la Comuna de Paris. En el marco de las revueltas obreras aparecen varios psicólogos de la multitud, entre ellos, Le Bon, retomado genialmente por Freud en “Psicología de masas y análisis del yo”. En todos los psicosociólogos de la multitud (Le Bon, Rossi, Sighelle, Izoulet, Gabriel Tarde) las multitudes son hordas primitivas. Gabriel Tarde es un provinciano del interior de Francia. Las organizaciones obreras son vistas como sectas criminales. Conceptualiza a la multitud como una oscura turba humana cercana a los estadios primitivos de la llamada evolución. En la multitud no hay individuos sino un colectivo pulsional en plena ebullición. La fase superior de la turba, de la multitud, se llama Público. El público es la sublimación de la multitud bajo el modo del auditorio. El público es pequeña burguesía y clientela. Para Gabriel Tarde la opinión es conversación y prensa. Antes del periodismo hay conversación. La opinión es otra cosa. En este pasaje, Gabriel Tarde explica porque solo hay opinión en cierto estadio de la productividad social del trabajo o, como diría Durkheim, de la solidaridad orgánica:

El tiempo durante el cual se puede hablar aumenta con el ocio que proporciona la riqueza, por los perfeccionamientos de la producción. El número de personas con que se puede hablar se extiende a medida que disminuye la multiplicidad original de lenguas y que aumenta su dominio, así como el número y densidad de población. El número de temas de conversación aumenta a medida que progresan y se difunden las ciencias, a medida que se multiplican y se aceleran las informaciones de todo tipo. Por último, debido al cambio de costumbres, en un sentido democrático no solamente aumenta el número de interlocutores posibles, sino que varía también su calidad… En la actualidad la prensa unifica y vivifica las conversaciones, las uniformiza en el espacio y las hace diversas en el tiempo. Todas las mañanas los periódicos sirven a su público el tema de conversación para toda la jornada.

La opinión en Tarde obedece a la ley de la imitación. Y la imitación es imitación del superior por el inferior. Lo que Freud llamará identificación y Anna Freud identificación con el agresor. El público opina lo que se le da a opinar y lo que se le deja opinar. Y tanto la multitud, como masa pulsional, y el público, como auditorio sublimado, reconocen autoridades y los imitan, los introyectan al decir de los kleinianos. Esta idea de que se puede influir, manipular, reproducir la opinión pública es rumiada por Gabriel Tarde con su libro sobre las sectas criminales. Nos cuenta que hay crimen cuando hay una especie de genealogía de la subversión. Para que la idea criminal se propague es necesario primero “una preparación de las almas por medio de conversaciones, o lecturas, por medio de frecuentación de clubes, cafés…” Hay sugestionadores que trabajan en las sombras. En esta micropolítica de la opinión, el periodismo unifica pero también subvierte.

Opinión y Cinismo

Cinismo es la técnica mediante la cual el interpretador se dispone hablar de inmundicias y desechos humanos bajo previa auto-intoxicación con la atmósfera de la época. Se trata del abuso estilístico con el desencanto estético-político de las sociedades neoliberales. Libertad, desapego, autosuficiencia: son valores del buen cinismo. El cínico invalida la moneda del bienestar mercantil. Le opone los valores de una ciudadanía global, una sabia indiferencia a las diferencias que no hacen ninguna. Cinismo corrosivo, poético, vital, estéticamente anárquico contra el cinismo derivado de la Ilustración y del sentido común, aquél que hace del poder una vulgaridad travestida con siliconas de verdad. La opinión valiosa será cínica, lúcida y socarrona. Emerge de las nuevas generaciones que fueron bebés mientras los adultos convalidaban genocidios y festejaban guerras imbéciles. Opinión y pensamientos que han crecido en democracias de cartón, corruptas hasta la médula. Cinismo intravenoso del menemismo, cinismo tóxico, cinismo vuelto estimulante y alegría trágica. Opinión oscuramente lúcida, sin pancartas, sin grandes anuncios. Una opinión que destruye, que goza, bizarra, irreverente y descreída: la perrera perfecta para una nueva pulsación, para un nuevo pensar.

La opinión se renueva como un arte. Un oficio que se aprende a través de la capacidad de observación, a través de la conversación, a través de los viajes y, fundamentalmente, en el diálogo asiduo con los clásicos. Los clásicos son vitaminas para la sofisticación de la opinión. Permiten la gimnasia cognitiva y su beneficio, en ciencias sociales, se llama conocimiento.

Durante la cultura llamada humanista la lectura constituía la memoria de los siglos porque condensaba trabajo humano bajo el modo del concepto. Hoy la mediática se presenta con todo el saber disponible y en disponibilidad. Hay que ejercer una sustracción, una quita, una amputación. Renace el objeto libro. El libro es un contraveneno. El contrapensamiento lo habita en bodegas de viejos archivistas. Allí donde las respuestas requieren la restauración de preguntas que estamos olvidando formular…  como cosechas que reclaman la lengua de nuevos catadores.

 

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