La escritura de la intimidad

Reseña sobre “Diáspora, Estado, Decadencia” del filósofo Enrique Meler

La indiferencia está instalada por la frecuentación del horror…

Griselda Gambaro

Lo que estalla en la disciplina del pensar es el mundo. Es un intento de respuesta, el síntoma es un proceso de la escritura. Al concepto hay que necesitarlo. Su necesidad respecto del dolor es la vitalidad del pensamiento. El modo de exposición, es obvio, jamás será el sistema.

El sistema es el trabajo del Asno del concepto. Asumir toda la pesadez, cargarse con toda la mochila de lo pasado, bajo el precio de conservarlo… Fatigando la negación para sentir una diferencia, solo provisoriamente, diluida por la llamada superación; Una nueva contradicción, la supresión, la diferencia conjurada, reconciliada, vivida como desgarramiento, nuevamente transfigurada, siempre impensada. El Asno del concepto, el pensador dialéctico, el amante del sistema: Solo piensa bajo el peso de lo negado y la negación es él mismo, padecido. El resultado es siempre una reminiscencia henchida, una cabeza a lo Funes, El memorioso: El dialéctico ya no escucha a nadie ni a nada, ha pulido el Sistema lo suficiente para que lo vivo sea masticado al servicio de la técnica. La embestida irracional de la palabra se seca, pierde su potencia, atrapada en la telaraña: Todo ya está previsto, hay que seguir una lógica. La diferencia rechaza el sistema y destruye el concepto dialéctico que la amarra, bajo el principio de identidad, comodiferencia específica, esa falsa diferencia, la diferencia débil, la diferencia seca. La diferencia desea su concepto propio pero no para pensarse “en su concepto” sino para pensar el elemento diferencial que la hace, la diferencia difiriendo. La diferencia destruye el estómago del concepto, no se deja masticar por el Saber Absoluto. Quiere a la identidad sumida en la diferencia, la identidad devenida de la diferencia, nunca primera, nunca esencial; Que cada cosa, que cada ser, se piense como lo que es: Diferencia entre diferencias[1]. Concluyamos este comentario al Heidegger de Deleuze:

El Ser que se dice de la diferencia es Perspectiva y Voluntad de afirmación.

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La lectura es un acto de comunidad con el otro, debe ser lenta, la voz del otro siempre es difícil de escuchar y discernir su novedad. El sistema es una forma de hacer callar al otro, subsumirlo, quitarle frescura, volverlo repetición de lo que ya se dijo, de lo que ya está escrito. De ahí, la afinidad del sistema con el dogma y la ideología. La lectura es un acto de escucha y de curiosidad. Leer es leer una diferencia.

Meler tiene un decir partido, roto. Esto es más importante que pensar si es marxista, si es judío, si es heideggeriano, si es kirchnerista, etc. No hay unidad posible, Cromagnon es una indicación como foto pequeña en la contratapa. Desgarramiento de nuestra sociedad, de un hijo, de la política, de lo que creímos y ya no existe… Todo eso solicita y llama a la muerte[2]. Y la muerte es refugiarnos en una identidad, el último cobijo del orgullo. Por eso, la palabra de la diáspora es importante porque viene a decirnos: Ni siquiera para mí es ya importante la identidad.¿Qué nos queda entonces? Hacernos cargo de lo real sin paraguas. ¿Qué encontraremos? Lo propio.

Toda posición de coraje en el pensamiento acepta la muerte de Dios y del Yo. Quienes abracen el juicio de Dios y su marcha sobre la tierra necesitan del principio de identidad y de la fe en la Razón, esto es, el miedo a la verdad. Todo sistema es un artificio de cobarde, una arquitectura del temor:

Los judíos hemos querido encontrar la respuesta en la utopía, la utopía socialista, la utopía zionista, pero la verdad de nuestra condición se encuentra en la conciencia desgarrada. Algo que ya no volverá a unirse…(Enrique Meler, Prefacio; Diáspora… ; Editorial Del Signo; 2009)

En este sentido, León Rozitchner aparece como un personaje de teatro en la fantasmática de Meler. Se trata de un personaje patético, chinchudo, un señor enojado y ofuscado con su ser asimilado; Un hombre del dedito en alto gritando a sus alumnos sobre un cristianismo sangriento, sobre el paternalismo del terror, una protesta infinita por ese cristianismo y capitalismo que le quitaron el verdadero judaísmo, el maternal, el socialista, el partido de la causa. No obstante, el trabajo de Meler fortalece al lector de “La Cosa y la Cruz”. Sugiere que el nervio filosófico de ese trabajo no es una crítica de la teología sino un estilo singular en clave de alegato, un aporte a la tradición del psicoanálisis freudiano y una crítica de martillo al lacanismo. Ahora bien, deducir que la causa de la devastación es la negación de la madre por el poder patriarcal de Occidente es, efectivamente: Una hipóstasis[3]. Hipóstasis con un directo objetivo: La toma de conciencia. Esta provocación enaltece a León y lo confunde cuando empieza a creer en su propio pensamiento, comedia del Ideal decía Nietzsche. Volvamos.

A simple vista, Escritos sobre judaísmo parece un caso clínico, un delirio: Territorio, Pater, Guerra Religiosa, Nación, Raza… Un gran delirio de paranoico se pulsiona en el libro. Son sus mejores momentos. ¿Qué relación material tenemos con esta intempestiva filosófica? ¿Por qué sus problemas son nuestros? ¿Qué nos permite pensar?.

Pongamos un punto y aparte antes de avanzar respecto de esta cuestión que venimos triturando: Mientras el sistema es una red de signos que le hablan a la conciencia, la escritura de la intimidad son afectos que le hablan al sujeto (del inconsciente).

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“Mi amigo Fiszman que no es rabino sino —luego de grandes esfuerzos— arquitecto describe la cuestión religiosa como el hecho de que D’s y los hombres forman caras de una misma moneda, que al girar en el tiempo gestan la historia. En este movimiento circular de la moneda, las imágenes se borran por lo que el Antiguo Testamento se torna expresión del ateísmo, la historia del pueblo judío se convierte en historia del pueblo, de un conflicto en el que se piensa la idea de libertad.” (La condición judía; Enrique Meler; Idem; pág. 56)

Al relato histórico, ese que nos hacemos de nosotros mismos cuando nos arriesgamos a pensarnos, lo escuchamos del mismo modo que la Palabra Revelada. Esta es su eficacia, la disputa de todo presente y el manto en el cual se bendicen y maldicen los historiadores. ¿Qué organiza este relato?  La idea de libertad que tiene un Pueblo, la libertad pensada por un pueblo como tal. ¿Quién inventó esta interpretación del presente como relato de un pueblo? El pueblo judío. ¿Qué nos enseña? El presente es la palabra del testigo, un texto que no tiene contexto porque lo que se evidencia es un acto de violencia que la instauración de la Ley viene a encubrir. Hacemos nuestras las disputas de quienes nos anteceden, para apropiárnosla o para desecharlas, siempre son presupuestas. El relato no vincula a una cultura sino a la sangre. Pero la sangre es insuficiente, la raza fracasa porque no significa. ¿Cómo se da sentido el Pueblo? Mediante el sacrificio, es decir, mediante una acción sagrada, un acción de hacer sacro, que establece una idea de Origen (el origen del relato y el relato del origen coinciden), que se impone por sobre las individualidades, que se hace digna de una idea de lo absoluto, que se remonta ontológicamente a su origen para hacer el ser que todavía no está hecho sino que esta desmembrado, para recomponerlo en términos de una unidad, regenerada, salvada. El pueblo que no posee este saber ser libre, bajo el principio de identidad, se confunde con la idea de Nación, esto es, la dominación. ¿Cómo pensar un pueblo antes de su identidad, antes de su idea de Nación en los términos del relato tal cual lo hemos definido? El capítulo sobre La Herencia de Isaías lo afirma con rigor:Cuando el pueblo judío traiciona la Alianza se vuelve Nación; Apocalipsis como apostasía del propio juramento.

El dominado hace propia, con odio, la imagen invertida de lo que, no obstante, ama. No basta que el esclavo (cortesano) tome el poder para dejar de ser esclavo (Ídolo). El presente no es un asunto de programa, versión laica y débil, sino de historicidad: Valores forjados en el pasado que se viven en el presente, que emergen en el presente, que producen un vínculo intrínseco entre nosotros, como una suerte de naturaleza, un condensador eficaz que contiene el peso óntico de la existencia y que en cada paso nos dice lo que somos. La India lo llamaba karma, nuestra conciencia vulgar: Historia. Cuando Meler, en tanto judío, se piensa como conciencia desgarrada, lo que nos está diciendo, en tanto argentino, es: Lo que nos desgarra en el presente es que no hemos podido reemplazar el relato de la tierra por la patria del descamisado y que la historia, destruida, regresa a su pre-historia[4]. ¿Acaso las 220 mil, de una especie de plaza de Galtieri, no fueron a Palermo a rendir su sacrificio? ¿Entregar el destino de sus hijos a los dueños de la Tierra, los hombres de campo, “esos patriotas”?

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MIDEAST ISRAEL PALESTINIANS

El pibe es palestino, carga el bloque de cemento. El edificio destruido pertenece a un campo de refugiados, sur de Gaza. Es un miércoles 21 de enero de 2009. Pronto se va a cumplir un año para que la tele miserable saque sus plaquetas de “No olvidar”, con algún relato en off de alguna hipócrita periodista. Las tropas israelíes habían abandonado Gaza antes de ese miércoles. Quedaban los restos, levantarlos uno por uno. Se contiene y abraza a los amigos, el tiempo es largo, pertenece a los testigos y a la figura imperdonable del enemigo.

Una conciencia indiferente diría que se trata del mismo pibe que, “acá”, levanta un ladrillo en la 31, mientras la topadora derriba otras tantas casillas. Esta conciencia indiferente no comprende la naturaleza del resentimiento. Este resentimiento aceptó, en lo profundo, que para serhay que tener. Este resentimiento es un odio sin trascendencia, es un odio inmediato. Droga. Resentimiento que no tiene palabras, no tiene lenguaje, no habla. Gesticula, pudre, arrastra.  Su “trascendencia” no es “oligarquía” “vendepatria” “cipayo” “burguesía” sino policía. Es una miseria de Estado, de una democracia no conquistada, de una clase media empobrecida que entrega, solicita, vota, con voluntad de venganza, el destino del valor del impuesto: Cárceles. Todo gira y termina allí, cavándonos en la fosa. Para esta conciencia indiferente el atentado a la sede de la AMIA fue a la Argentina.

La guerra habla, destruye y construye. Hay una necesidad con los míos, hay que ponerse de pie. El enemigo se dibuja y es Absoluto. Son palabras que el espíritu de la dramaturga Griselda Gambaro supo escuchar:

Mi mano está llena de odio. Y el odio es lo único que borra el dolor.

El odio conforta más que una mano en la mejilla.

Que no mientan más con el candor de los niños, con sus sonrisas encantadoras, sus dientes de leche, sus balbuceos conmovedores.

Matar la semilla en el surco, el primer brote de la cizaña. De crecer, hubieran sido nuestros enemigos.

(La persistencia; Griselda Gambaro)

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Meler encara el problema de la guerra en Diáspora y es el hilo conductor de todo el libro. Teóricamente trabajado en Clausewitz, acecha, pulsionalmente, la visión sobre el presente urgente. Y, sí, son las pulsiones de un pequeño burgués solitario, en una habitación, profesor universitario, judío de inmobiliaria. ¿Cómo se le presentan estos problemas, dramas y tragedias? Como un problema de “principio de identidad”, una voluntad de destrucción de Ideas, de formas y modos de pensar, recuerdos de viaje a Israel, disputas entre amigos, etc. Un ejercicio de reflexión, una cuestión de Aufklarung, de Pesaj. Ahora bien, podemos ir más allá de esta vulgata marxista de la cual se enorgullece ladoxa sociológica, es decir, el prejuicio. Dicho de otro modo: Nuestro mundo no está devastado por gente que cree que las cosas se arreglan pensando, interpretando. La devastación que vivimos tiene fundamento en gente de acción, seres que no dudan, que no piensan, muy lejos del idealismo: Hacen. Nuestra decadencia no tiene un fundamento moral sino técnico. Y la técnica, esencialmente, no piensa.

De la relación entre acción y pensamiento, entre hacer e interpretar, la vieja cuestión entre teoría y práctica no afirmaremos su unidad en tanto praxis. Diremos que la praxis sucede en la superficie y es el efecto de una dramatis personae más profunda, que actualiza el ser comohistoricidad y supone un impensado hecho conciente (diferencia como diferencia óntico-ontológica) o la insistencia de lo mismo comorepetición. ¿Cuál es la acción que actualiza el ser en la sociedad? La política. Si ella fuera estéril a la hora de conducir el cambio óntico ¿Porque abrazaría Heidegger el nazismo? ¿Hemos podido recuperar el ser cotidiano reorganizado por la Dictadura y el menemato?

Si la diferencia es la diáspora, la identidad-pertenencia-causa fundan al perseguidor y al perseguido (sionismo), esto es, el relato que organiza la guerra. Mal necesario, cuestión de seguridad, son formas de hacer aceptable el sacrificio de los hijos para la victoria de una Nación.

Pensar el capitalismo del siglo XXI, en un marco de guerra religiosa, de forma unilateral es tan delirante como pensar que todo el mundo cabe, metidito, en la lógica férrea del capital, sea financiero, tecnológico, no viene al caso, es continuación por otros medios. Nadie cree que Irak se convierta en una nueva Japón, ni el Medio Oriente en una futura Corea del Sur. Kissinger lo sabe muy bien: Las tropas se van a retirar, tarde o temprano, y no van a dejar nada. No hay dominación. Hay un puro ejercicio de fuerza militar y despliegue bélico. No son victorias sinoalucinaciones de victoria.

El palestino, hoy, carga el bloque de cemento; Cavila, en un mañana, las bombas.

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¿Por qué hablamos de la filosofía de la diferencia al iniciar este escrito en ocasión de reseña? Porque su potencia y dirección se mueve en términos completamente distintos a los de la modernidad. Se trata de un pensamiento que se pregunta por el Ser en términos ontológicos y no organiza ni alimenta ninguna forma de monoteísmo. La Diferenciapermite pensar la política y liberarla de la teología. La ruptura, el tajo, alprincipio de identidad quiere decir que el mundo no cabe en un sujeto. Hay sujeto en el mundo, la verdad es extracogitativa, aletheia. La conciencia histórica si se la piensa como aquella que hace mundo, que, ideología correcta mediante, produce la toma de conciencia y que la modificación plena de lo real es la praxis de un sujeto revolucionario, no nos hemos movido un ápice de los estrictos términos de la modernidad, esto es, un tiempo que ya no existe. El mundo transformado en sujeto es la dialéctica del capital (sujeto). Pero ¿Acaso puede la lógica de la forma del valorexplicar que niñas de quince años se operen los pechos y que esta operación sea el regalo de sus madres? ¿Acaso la depreciación del salario real puede explicar a los sicarios? Hay quienes dirán que sí. Que solo hay que actualizar Das Kapital. Son los últimos pastores del concepto. La actualización de la lógica dialéctica del Capital es, incluso, insuficiente. La verdad no es una cuestión de lógica. El hombre no es la verdad del mono. El Hombre, simplemente: No existe.

A muchos les duele que haya sido Heidegger, un maldito, quien haya planteado los términos reales de nuestro tiempo. La negación de lo humano por la esencia de la técnica es, por primera vez, explícitamente, planteada como una corrección, una reforma del entendimiento con pretensión ontológica. Vuelve en este jodido alemán algo de la Herencia de Isaías (Pág; 19 “Diáspora…” Enrique Meler; El signo; 2009): Los hombres serán separados, lo que entienden y los que no entienden. ¿Son Dioses estos hombres que entienden? No. Comprendieron algo muy simple, algo que está años luz de la cumbre de Copenhague. ¿Qué comprendieron? La verdad de la criatura: No somos D’s. Entonces viene a caballo, cabalga la bandera de La Ciencia, la conciencia laica grita: ¡La voluntad de saber es Irrefrenable! ¡No hay discurso ético que nos frene! ¡Voluntad de Saber! ¡Voluntad de Poder! ¡Usted es un reaccionario! ¡Resentido! ¡Sacerdote! ¿Y qué enseña el Apocalipsis de Juan cuando afirma: El tiempo del hombre, respecto de las fuerzas que ha desatado, culminó. ¡Ay de los imbéciles!

Estas angustias se agitan en el próximo trabajo a editarse de Enrique sobre Heidegger. Leo los borradores y confieso que es mi favorito. Se llama Por el camino del cisne… Paciencia, lector apache: Lo que rápido se expone, rápido se descuida.

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¿Y dónde podrá pensarse la diferencia? ¿En la Universidad? ¿En un Partido? ¿En el Estado? ¿En una Asamblea de Trabajadores? ¿En un Laboratorio? ¿En la cama? ¿En un Monasterio? ¿Dónde? La metafísica es para todos y para nadie. Para todos en la medida de que está a la mano de todo ser humano que se esfuerce en comprender los límites del presente. Para nadie porque en caso de traspasarlos: ¿Habrá oídos?

El pensador se ha vuelto lo suficientemente extraño en su propia ciudad. Pienso la diferencia como peregrinaje. Un peregrinaje que no es meramente interno, ni simplemente externo. Busca romper la vida inauténtica por medio de la disciplina del pensar. Se revela a sí mismo en la escritura como una antropología que es, a su vez, una relación ontológica.

El mito, en verdad, es el que está por relatarse[5].

Bibliografía:

La Espiritualidad Hindú; Raimon Panikkar. Editorial Kairos.

La diferencia shakespeareana; Harold Bloom; Editorial Verticales de Bolsillo.

Por el camino de Swann; Enrique Meler; Borrador de Por el camino del Cisne.

Diferencia y Repetición; Gilles Deleuze. Fotocopiado.

El Antiguo Testamento; Editoriales Paulinas.

Notas:


[1] La diferencia no es una opinión, ni es mero relativismo, escepticismo, o cualquiera de esos viejos motes torpes que ya no tienen cabida. La diferencia es diferencia ontològica. La India lo sabía mejor:La verdad ni existe, ni no existe; Caminos hay muchos. Perspectivismo y peregrinaje. Multiplicidad e Inmanencia. Duns Escoto-Spinoza-Nietzsche.

[2] En el caso del argentino el llamado de la muerte se da cuando piensa la identidad bajo la forma de la tierra. Ver “El Azote” en Diáspora.

[3]El aporte del cristianismo” en Diáspora… Enrique Meler; El Signo; 2009.

[4] Como dice mi amigo Juan Martín: el 30’ con MP3.

[5] “Podemos resistirnos a reconocer hasta que punto era literaria nuestra cultura, particularmente ahora que tantos de nuestros proveedores institucionales de literatura coinciden en proclamar alegremente su muerte…” (Shakespeare, La invención del humano; Harold Bloom)

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