La religación

Interpretación del cuadro “la interrupción” de Gabriel Muro

Si, en vez de una famosa fábula griega, Sigmund Freud hubiera oído hablar de las problemáticas situaciones que amenazan con poner fin a la trayectoria de Kavya Usanas y de Kay Us, y de los procedimientos que resuelven la aporía —la salvación recíproca del maestro, que así se ha convertido en su padre y en su madre; la salvación recíproca del abuelo y del nieto, cuando el alma futura del segundo obtiene la gracia del primero, que lo lleva de manera virtual, a través de un padre por nacer, en su sementero— ¿cuál sería hoy la imanigería central del psicoanálisis?

Mito y Epopeya

George Dumézil

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La metafísica occidental esta acostumbrada a definir, reducir, al hombre a sus facultades volitivas e intelectuales; facultades que la “civilización”substancializa como “ser del hombre” puesto que, en última instancia,Occidente identifica Ser con Conciencia. Por esta razón, el “descubrimiento” freudiano de lo inconsciente resulta una herida narcisista en la “cultura del hombre”. Occidente se vio forzado a reconocer otra capa, otra escena, pero se trata y siempre trató de otra escena de este ser consciente, una conciencia de sí dividida; duplicidad. El resto de la creación es “resto no humano”. El ser humano se auto distingue, diferencia, específicamente, del misterio de la vida bajo una forma ilusoria, pretendidamente superior: El Yo cuyo garante es Dios.

En razón de este concepto de “humanidad del hombre”, la mayor parte de la humanidad no solo no es humana sino que tampoco nunca lo fue. No fueron humanos los denominados “primitivos”, ni el prehistórico, en el sentido pleno de la burguesía ilustrada. Nada asegura que la humanidad presente sea “más humana” que la de milenios pasados. La idea de “progreso” es, antropológica, filosófica y psicológicamente, inadecuada. El progreso es una ilusión retrospectiva del yo, la justificación cínica de una falsa unidad, la apología dulce que alivia la conciencia de la conquista. Este modo de pensar clausura toda relación ontológica con nuestros antepasados bajo el modo de la mera evolución de la materia, una simple biogénesis con un plus de espíritu. Si nuestros antepasados fueran solo la evolución progresiva de la zoología hacia el concepto, la carga ontológica que religa al humano con la existencia y el ser carecería de sentido. Dicho de otro modo: historicidadkarma son, precisamente, el mismo concepto.

El humano, en relación con el ser y la existencia, no puede desconectarse, cortarse, escindirse. Pero así vive “el hombre”. Hombrees el emergente de una escisión aparente (no por ello menos cruel o real sino, decididamente, más brutal) respecto del cosmos —cosmocidio— y respecto de sí mismo —antropocidio— perdiendo el sentido de su desnuda existencia, a cuyo centro y búsqueda, se entrega, milenariamente, la experiencia oriental de la meditación y que la filosofía occidental vuelve un problema de pensamiento: la alteridad[1]. Es que el desgarramiento no existe en el tao. El desgarramiento es una experiencia fenomenológica de una conciencia agarrada a su conciencia consciente. Y el humano pre-histórico vive con igual intensidad que el neurótico moderno ese abismo infranqueable de la existencia. Su salvación, es cierto, no es mediante el discurso sino mediante la actividad de hacer sacro todo lo ordinario de la vida corriente. Todo en el pre-histórico es religión porque ritovida se indiferencian: los dioses aún no cobraron el rostro proyectado de sus idólatras sino que están presentes “en las cosas mismas”.

El científico —bombero del absurdo— el hombre del Iluminismo, en definitiva, la conciencia laica jamás logra apagar aquello que la constituye, ese calor infinito del deseo. En el fuego, arde la divinidad plena de sí; su sabiduría indica el inicio del misterio de la vida.

El cuadro de Gabriel Muro, sarcásticamente, escupe la dimensión de nuestra impudicia.

 

Bibliografía:

El legado de la Ilustración; Enrique Meler; Editorial El Signo; 2009

Mito y epopeya; Tomo II; Tipos épicos indoeuropeos: un héroe, un brujo, un rey; George Dumézil; Editorial Fondo de Cultura Económica; 1996.


[1] La vida tiene que aparecer como pro-yecto, pero sus raíces se hunden más profundamente en la tierra, esa tierra o madre, de la cual nos hablan nuestros antepasados cuya sabiduría consistía, precisamente, en saberse humus, saberse parte de una religación con la creación sin establecer respecto de ella ninguna forma monopolio.

Esta falta de corte con el cordón umbilical del ser explica, en los términos de una psyqué de la espiritualidad, porque el capital no puede surgir como modo de producción de una cultura de la pachamama (madre-tierra) puesto que el capital reclama el señorío del padre sobre la creación y la expulsión del Edén hacia el trabajo productivo. Es indispensable mencionar la contribución de la obra de León Rozitchner sobre este asunto (La Cosa y La Cruz; Cristianismo y Capitalismo)

MODIFICADO :Marzo 13th, 2011

Para bajar el texto en PDF hacer click en: la religación

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