Un año de avidez de novedades

Pero la avidez de novedades que ha quedado en libertad no se cura para comprender lo visto, es decir, para entrar en un “ser relativamente a estro” sino sólo para ver. Solo busca lo nuevo para saltar de ello nuevamente a algo nuevo.

Martín Heidegger

El 2010 debería ser recordado como “el año al pedo de la oposición política en la Argentina”. Desde los gusanos que fueron a pedir plata para sus columnitas de Perfil a La Rural hasta los kirchneristas en razonable paranoia destituyente, porque la presión campestre hacía sentir “el azote”, pasando por las interminables “operaciones de desgaste” (redradogate, barras bravas del mundial, sentencias anti Ley de Medios, la familia argentina amenazada por el avance Gay, la venta de espermas y los niños-marica, presupuesto, la Cristina loca de las embajada wikiwiki, villa soldati, faltante de energía, etc) navegamos todo el año con los más variopintos ejercicios de “avidez de novedades” de nuestros sofistas mediáticos.

Una excelente gestión del Ministerio de Agricultura, el avance sobre las relaciones comerciales con el capitalismo asiático, mayor capacidad e inteligencia técnica para intervenir en el sector, demuestra que la forma de quebrar la Mesa de Enlace no era rumiando, cavilando, un nuevo estudio sobre el mito fundante de la patria, revolviendo los trastos históricos de la “construcción subjetiva” y todos los cultos ensayos que “Filosofía y Letras” nos tiene acostumbrados: geopolítica de una emergencia diferenciada era lo que estaba y está en juego. No una revivida exégesis del Facundo. Bill Clinton lo afirmaba con todo esplendor dentífrico: economía política, Folks.

Del mismo modo, el pueblo argentino no se sostiene, desde el 2003, por los inmortales vientos de una “obstinación política”, como lo cree una tía gorda, mofletuda, que sale en la tele y dice que Heidegger era Nazi y malo y que hay que volver a Hegel: la defensa de 640.000 puestos de trabajo si fueron decisivos para que mi tía gorda, mofletuda, escriba sus insoportables mamotretos de romanticismo político en ocasión de Néstor. Dicho en términos clásicos: un millón de puestos PyME explica que haya mucho plusvalor para sostener “la revolución cultural” de la cual nos desinforman seis, siete u ocho burócratas de la lengua. El “periodismo militante” es un gasto de representación de la burguesía de estado. ¿Son necesarios? Como el agua. ¿Porqué? Por la oposición pusilánime y la gran necesidad de mentira que tiene la clase media porteña.

Una nueva objetividad periodística sea invocada, como indómito deseo, de que la victoria, en el mejor de los casos, del kircherismo, solicite a sus fuerzas la superación de los camellos.

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Escribimos, ni bien apuntaba el veranito 2010, “La incurable ortodoxia”, artículo sobre la vedette de la Economics que brilló, por cierto, muy poco tiempo. Actualmente, acumula tierra en la mesa de saldos. Decíamos: “El temor de la clase dominante es que los Kirchner afirmen una política con el capital financiero que les permita una cintura similar a la de Lula en Brasil y, por lo tanto, dejarlos afuera de la lucha por el poder puesto que el principal aliado les habría sido, íntegramente, sostenido”. Hoy las reservas sobrepasan los 52.400 millones de dólares, se gestiona el pago al club de París, los bancos no paran de ganar con la Lebacs de la desarrollista Marcó Del Pont, la clase media endeudada, consumidora —mundial mediante— abraza la felicidad digital… La pasión cuota a cuota con una buena dosis de moral (derechos humanos) y club de la buena onda no puede sino ser un éxito: ¿no es acaso pintoresco ver al teólogo Rubén Dri hacer una exégesis de Mateo al lado de Anabel Cherubito? ¿Y por dónde anda De Angelis? Se casó con una señora de bien: ¡es el sexo, estúpido! ¡Viva Freud!

La presidenta electa Cristina Fernández reunid...
Image via Wikipedia

Los cuadros que no existían con Néstor fueron dos Ministerios (Industria y Agricultura) mediante los cuales, el primero, resistió la ñata contra el vidrio del coletazo global de la crisis financiera y, el segundo, trajo las mieles de la India y la China a los bolsillos del capital tecnológico agrario. Una pulida política agraria y una sistemática política industrial, con Cristina, tuvieron un momento incipiente y, en el presente, la oportunidad, por lo menos, de pensar un mediano plazo. El año cierra con Nilda Garré al frente de Seguridad; circunstancia para una política de seguridad acorde a las exigencias de una democracia que empuja a sus ciudadanos a un mayor grado de madurez y responsabilidad cívica. ¿Y que hizo “la oposición”?

Sin “país aislado del mundo”, sin piquete campestre, no pasó ni un proyecto en la era del Parlamentarismo a lo Cobos y, entonces, cenó con Clarinete. Y gritó, y pataleó, y chilló. El Hijo invocó al Padre y el Padre se encogió en el Hijo. La Carrió nuestra de cada día, seguramente, nos divertirá el enero entrante, desde alguna playa, mientras su piel marrón aceitosa hierve, traspirada, de rayo ultravioleta… Apenas se contuvo con la tristeza de una Plaza de luto y respeto. El Hombre Corcho trató de armar, artificialmente, un 2001 de cartón mientras la hotelería revienta como pantalla roja en el verano de Crónica Tv; el Partido Obrero negocia los pases a planta permanente en el Estado porque odia la burocracia; y lo único que planta Pino es una despiadada derrota. Eso sí: Rodolfito Terragno los junta, ante escribano público, para un “acuerdo histórico”.

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Quisiera cerrar con Horacio González, sociólogo que respeto por la apertura siempre dispuesta a nuevas melodías para seducir con la palabra. En el 2007 escribió una columna de opinión, muy empalagosa, en el diario Página 12, llamada “La Diferencia”. Cerraba de este modo:

“Aquella inaugural diferencia, Presidente, es necesario mantenerla y ampliarla. Pero a esa diferencia que se mantiene es necesario reponerla con nuevos y efectivos llamados. A las palabras justas, sobran los que están dispuestos a escucharlas para ampliar la diferencia en la tarea colectiva.”

En el fin de este 2010, brindo por esa diferencia que regaló una re-elección a su compañera, en la esperanza de que la tarea colectiva la consolide, exceda más allá de sí, hasta la indeclinable apropiación que someta, subyugue, transmute, el retorno de lo igual.

¡Dios te libre y guarde querido lector de los balances de fin de año! Por lo menos fue breve.

MODIFICADO :Diciembre 30th, 2010

Para bajar el PDF, hacer click aquí: un año de avidez de novedades

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