Reino de Macedonia

Cadenas de montañas se entrechocan, formando imponentes macizos; rompen, en compulsión terrible, despedazadas en montes de flancos escarpados. Las aguas del cielo no encontrarán jamás la paz de una marcha lenta y suave; se transformaran, de roca en roca, en pequeños torrentes impetuosos al capricho de una torturada tierra llena de asperezas. Darán nacimiento a ríos que se quejan en cascadas del camino. Angostos valles, algunos sauces que se acercan, temerosos, a márgenes inseguras; saltan por pendientes orgullosas de bosques de álamos, en llanuras extensas, en la que pacen rebaños. Rutas de los ríos Struma y Vardar.

Macedonia, región en que sus habitantes, desde todos los tiempos, al ejemplo de esas convulsionadas montañas, se embisten sin descanso.

***

El Reino de Macedonia llegó a ser dueño de un vastísimo imperio. Creyó haber asegurado su paz interior, pero ese no era su destino. En el siglo II A.C., su último rey, Perseo, cayó vencido por Pablo Emilio, y los romanos la invadieron. Entonces, fue provincia del Imperio de Oriente; padeció las devastaciones cometidas por las hordas de Alarico I; tuvo como rey al marqués de Montferrato; fue nuevamente conquistada y se proclamó su emperador Teodoro de Epiro. Luego la dominaron los bizantinos, los servios en el siglo XIV, los otomanos en el XV hasta 1913. Cuando la decadencia otomana fue visible nadie dudo en los Balcanes que los turcos debían abandonar Macedonia. Mientras tanto, los griegos soñaban con la resurrección del Imperio de Oriente: la ortodoxia unida en cruzada contra la dominación infiel. Atenas sería la capital intelectual; Jerusalén, la ciudad santa; Constantinopla (hoy Estambul) sería el centro político. Eran los sueños dulces de la Cruz. Pero los búlgaros, los servios, los griegos, los rumanos se disgustaron entre sí; el momento del reparto era inminente, la guerra ya latía en las venas del naciente nacionalismo.

… Y casi como en un círculo que se cierra, aquél reino es hoy un asunto pequeño lleno de diplomacia y disputas por la pertenencia a la gloria de un tiempo inmenso acaso deseado por Filipo II cuando nombró al destinoel que combate a los hombres, el erudito de macedonia, el que murió de fiebre en Babilonia… Alejandro, el grande.

Texto escrito para el programa de Radio “El Circo Miserable”, basado en el trabajo de Jorge Blanco Adolfo Villata sobre el “padre de los Turcos”, el gigante Kemal Attatürk, para Fm Nacional Rock 93.7; Conducción del programa: Norberto “Ruso” Verea.

Para bajarse el audio del programa donde se leyó el presente fragmento:

http://www.mediafire.com/?o47y52pikwto6k7

Noviembre 29th, 2011; Publicado, originalmente, en el blog colectivo Nación Apache.

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