La mayoría amorfa de la globalización contra la modernidad obsoleta

Lo importante es saber dónde hay gran fuerza y dónde se debe gastar la fuerza…

Nietzsche

Un compañero de la redacción virtual del site Punto de Equilibrio[1], el señor Luis Colombatto, me solicitó, muy amablemente, una explicación del último párrafo de un artículo, recientemente, publicado[2]. Dado que el párrafo condensa unos conceptos no explicados en el texto referido, quisiera aprovechar esta oportunidad para abordarlos con cierto detenimiento.

El párrafo en cuestión afirma:

Tardamos casi 30 años en recuperar unas posiciones heterodoxas en política económica. Hechos recientes urgen a replantearnos la ortodoxia presidencialista con la cual, de conjunto, reproducimos el esquema de sustituir fusibles, sacrificar chivos e interpelar a la mayoría amorfa de la globalización con modernidad obsoleta. (Expiaciones; Punto de Equilibrio)

¿Qué son esos 30 años transcurridos de 1973 al 2003? El último gobierno, con capacidad de decisión, heterodoxo en política económica, fue el peronismo desarrollista de Gelbard en 1973. En los dieciocho años transcurridos entre el derrocamiento de Perón y su vuelta con Cámpora la Argentina retrasó su potencia industrial frente a Brasil. Brasil no fue intermitentemente desarrollista sino decididamente industrialista. La burguesía terrateniente argentina que había diferenciado su renta agraria en comercio, en industria sustitutiva y finanzas competía con la burguesía nacional, fuertemente mercado-internista y fortalecida por el peronismo histórico, por quien comandaba los resortes del poder del estado y así orientar la conducción de la acumulación de acuerdo a sus intereses (1955-1973) En ese marco de empate social, no solo se construyeron las alianzas con la clase trabajadora y sus sindicatos sino que, justamente, debido a esa brutal lucha de clases, desatada en 1955, los trabajadores llegaron, en los setentas, ya no solo a sufrir, frenar y resistir medidas ortodoxas en defensa del salario sino a cuestionar, íntegramente, el sistema capitalista.

Español: Solicitada publicada el 24 de marzo d...
Image via Wikipedia

La destrucción de esa política no fue responsabilidad de “los militares” sino del propio Perón. La conflictividad social fue resuelta con el orden absoluto, es decir, con la masacre peronista sobre los peronistas y los trabajadores y la masacre dictatorial sobre todo cuerpo y alma sospechado de voluntad de subversión de los valores occidentales, cristianos y nacionales. Hasta 1973 el conjunto de la burguesía había logrado subsumir, económicamente, a los trabajadores con inflación crónica, stand by del FMI, picos de desocupación, industrialización moderada, devaluaciones varias, agro estancado y semi-estancado, unas finanzas que empezaban a sobredimensionarse en deuda creciente. Tales fueron las condiciones de posibilidad de las políticas de ajuste: la ortodoxia monetarista fue el arma de la burguesía para combatir al pujante movimiento obrero argentino con dependencia. Dicho de otro modo: la burguesía no podía ni domar los precios ni domar a su clase trabajadora. ¿Cómo lo logró? Con una dictadura siniestra que modificó el patrón productivo de la sociedad argentina. Los efectos objetivos de esa desindustrialización (1976-2001) estallaron con la convertibilidad sin anestesia. Y los efectos subjetivos no paramos de discutirlos porque el futuro todavía no nos interesa.

Se me contestará que “mientras el pasado no sea resuelto no hay ninguna posibilidad de futuro” o  “no se puede tener “presente” sino salen todas las sentencias”. ¿Me pueden explicar qué sociedad tiene por resuelto eso que se llama “el pasado”? Por más que todos los militares vayan presos siempre se puede ir y buscar más y más pasado. Podemos ir hasta la semana trágica, contabilizar todos los muertos de Irigoyen, seguir y seguir para atrás, hasta los nativos, alcanzar la conquista como la huella de nuestro destino impropio. El análisis del pasado no es un asunto jurídico sino existencial. Y, como enseña Freud, se trata siempre de un análisis interminable. Por eso nos sepulta sino miramos hacia delante. No estamos diciendo “liberen a los militares”. Afirmamos: el futuro apremia nuestro presente sin concepto.

 

Tardamos 30 años en recuperar unas posiciones heterodoxas, tibiamente, keynesianas, que buscan recuperar el tejido industrial diluido por la globalización financiera. Seamos realistas: la industria mercado-internista (calzados, textiles) forzosamente mano de obra intensiva es menos un asunto de “modelo industrialista” que la posibilidad misma de evitar un caos social por desocupación y pobreza. Esa industria que reclama, apoya y sostiene un obvio proteccionismo estatal y que alcanzó escala regional con el apoyo del Mercosur y la Unasur es un puro asunto de gobernabilidad. Basta ver las ganancias extraordinarias que tienen los bancos en nuestro país (mayores a la de los endemoniados noventas) y ni hablar las empresas trasnacionalizadas que dominan la economía argentina y la sacuden cuando re-envían sus jugosas utilidades a casas matrices. ¿Significa algo esa industria incipiente, protegida, poco competitiva, flacamente innovadora para la oposición al kircherismo? Absolutamente: Nada. Solo les preocupa lamer las bolas del toro y ser seleccionadas como Miss Candidata en la Sociedad Rural. Cabe recordar que, para el mercado mundial, la defensa de la industria nacional y regional será siempre “elefantiásica” “dirigista” “autoritaria” por una razón elemental: ellos ya se industrializaron. Dicho de otro modo: el autoritarismo del gobierno emerge de su modo de producción.  ¿Cuál es el presente del oficialismo?

Con toda la pasión por la fábrica, los auto-partistas y los ensambladores del sur, el kirchnerismo afirma: “somos industrialistas”. Bárbaro. Excelente. ¡Viva el neo-desarrollismo! ¿Y qué hacemos? Reproducimos, en el presente, todos los conflictos económicos del pasado. En lugar de pensar una nueva teoría económica: desenterramos a Keynes y hacemos exégesis de su teoría general. En lugar de diferenciar el agro bio-tecnológico de innovadores: los confundimos en una misma bolsa con los grandes terratenientes. En lugar de estar a la altura de la globalización: nos enorgullecemos de voluntad industrialista cuando nuestro norte debería ser la “tecnología-tecnologizante” del conjunto.

Si queremos re-industrializar debemos hacerlo sobre la base de la producción de nuevas tecnologías que sirvan de suelo a una industrialización que de ella emerja. No basta con revivir el eterno retorno de la sustitución de importaciones. Eso no alcanza. Menos en el siglo XXI. La re-industrialización debe mirar hacia el futuro: debe re-industrializar hacia delante porque hacia atrás solo existe corto plazo e inflación crónica. No digo que hay que poner todos los huevos en la canasta del software. Digo: la industria del software[3] indica un camino; su desarrollo, su éxito, su densidad y prolongación no favorecen ni al campo ni a la industria sino a todos los sectores económicos al mismo tiempo. Es el milagro del lenguaje binario.

La revolución tecnológica del software es, intrínsecamente, trasversal. Necesitamos menos de “burguesía nacional” que de innovadores tecnológicos como vanguardia del país. El software, el trabajo inmaterial, no debe ser tratado solo como una mercancía para exportar y traer divisas sino como el modo de conectar la industria con el mercado mundial a través de la producción de tecnología. Mercado Libre lo acaba de lograr con su acuerdo con la empresa de correo OCA y las PyMES de forma tal de unir los pedidos de PyMES con el vasto mundo de la compra online. Una muestra de botón de lo que implica esta industria pensada y aplicada cruzadamente. ¿Qué modo de producción traen los innovadores tecnológicos?

La sociedad en red, la democracia en la toma de decisiones. Nadie puede ser innovador por decreto de necesidad de urgencia. No se sustituye un innovador con otro. Es imposible. Es tan irremplazable y singular como la renta diferencial de la pampa húmeda. Exige horizontalidad; construye largo plazo y debate racional de ideas. El innovador tecnológico es parlamentarismo de empresa. Es el capitalista y el primer trabajador, como canta la marchita y como enseña Steve Jobs. Se conecta, fácilmente, con una sociedad mundial irreductible a dramas nacionales. Sube al escenario a la mayoría amorfa y la interpela con experiencias vitales, presentes, de su cotidianeidad generacional. Atrae a ese hiper-individualismo de masas globalizadas con liderazgos basados en revolucionar estilos y modos de vidas con mundos y subjetividades: mundo del Facebook, mundo del Skype, mundo del Cuevana, mundo de la música para descargar y escuchar mientras se trota en el gimnasio. La tecnología no es ni una idea ni un producto sino relaciones sociales de producción de relaciones sociales mediante conceptos y conocimientos aplicado a un horizonte que ya no es moderno sino, frenéticamente, post-moderno.

Nadie afirma que esto sea el “reino de la libertad” ni que el twitter utilizado para convocar una protesta social no pueda ser usado por la policía para reprimirla. La tecnología siempre nos ofrece un mundo despolitizado e imagina un mundo sin seres humanos que marcha solito, en piloto automático. Por eso, la soñamos como pesadilla de guerra final entre hombres y máquinas, en la ciencia-ficción. Pero ese es otro asunto e importa muy poco. Además, para que nuestra sociedad haga su “crítica de la tecnología” antes que nada: precisa desarrollarla. Mientras tanto, no cesa de desear su esencia.

¿Interpelación de una mayoría amorfa? La sociedad argentina es esa mayoría amorfa. Esa mayoría amorfa es constitutiva de toda la sociedad mundial. No es el efecto y resto pestilente de una derrota política con tres décadas. No es lo que queda de una generación desaparecida. La mayoría amorfa no tiene porqué ser la “nueva mayoría” que la derecha estudia con Rosendo Fraga y el marketing político del “hombre común”. La mayoría amorfa es una discontinuidad. No se constituyó solo por tragedias y dramas nacionales sino por las fuerzas afirmativas que expandieron y desarrollaron el mercado mundial del capital.

Allí donde existe, allí donde pierde forma nacional, sea Argentina con las cacerolas, en Europa y Estados Unidos con los indignados, en China con los disidentes, en las revueltas del Mundo Árabes, la mayoría amorfa de la globalización suscita esa arisca diferencia que interroga a los signos de lo porvenir.

Publicado originalmente aquí:


[3] La industria del Software, en el 2011, aumentó sus exportaciones en un 13 % con respecto a 2010, generó casi 10.000 puestos de trabajo y tuvo una facturación de3.102 M de dóls lo que representa un incremento del 20 por ciento respecto de 2010. Según datos dela Cámara de Empresas de Software & Servicios informáticos dela República Argentina (CESSI), en el 2011, las exportaciones en el sector aumentaron un 12,6 por ciento con respecto al 2010, alcanzando un total de747 M de dóls de ventas al mundo. Asimismo, entre el 2003 y el 2011 las ventas al exterior crecieron un 340 por ciento. En 2011 también aumentó la facturación un 20 por ciento: pasó de2.582 M de dóls en2010 a3.102 M de dóls este año. En tanto, con respecto a 2003 el aumento fue de casi 300 por ciento. Se estima que para 2020 las ventas de la industria del software y servicios informáticos (SSI) enla Argentina se multiplicarán casi por tres, para alcanzar una facturación de7.400 M de dóls; casi se duplicarán los empleos del sector (se alcanzarán los 130.000 puestos de trabajo contra los 70.000 actuales) y se cuadruplicarán las exportaciones, para llegar a vender al mundo cerca de3.000 M de dóls (el 40% de las ventas totales del sector) Compañías globales líderes como IBM, SAP y TATA instalan centros de escala y clase mundial en Argentina para atender al mundo; la nacional Mercado Libre cotiza en Nasdaq y otras como SIA Interactive, Intersoft y Sistemas Bejerman lograron insertarse en la elite mundial del negocio: Sia Interactive está exportando el 70% de su producción a lugares tan diversos como Arabia Saudita, Marruecos, Tailandia y Vietnam y, empresas como Disney o Adobe, están interesadas hoy en adquirir sus programas; Intersoft casi duplicó su facturación de 2003; y Sistemas Bejerman duplicó su personal, presentó 30 nuevas versiones de sus programas y desarrolló 12 programas nuevos en solo unos años. (Los datos son del Ministerio de Industria dela Nación)

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