Dionisíaca del Tango (fragmento para radio)

El prostíbulo siente las letras de Ángel Villoldo. En su voz, el apetito goza cantando, la guitarra, bajo la firma de Lope de la Verga, honra al sexo de una amada hembra de barrio bajo:

Me enardece de tu látex la tersura,

Me subyuga de tu cutis el rubor,

Y en las horas placenteras del amor

Me fascina acariciarte la costura

(La Reja)

 Villoldo debutó en 1903 como músico de tango en un restaurante fino de la calle Cangallo. Alcanzó la fama por ser el autor de “El Choclo”. En su poesía no tienen cabida ni la madre asexuada, ni la culpa, ni la insoportable nostalgia: Hay un idioma de lo bajo, demasiado humano; Milonga provocadora, felicidad putañera de macho cabrío, síntoma miserable de una urbanidad carnavalesca, machista y cruel:

Voy a contarles, señores, la historia de Baldomero,

El más grande putañero rompe virgo bufarrón,

El más grande compadrón que hasta hoy se ha conocido,

El canfinfle más temido de todos los alcahuetes

Y el que más de mil ojetes con su poronga ha partido.

(Retrato de Baldomero, 1907)

En Villoldo no hay cultura. En su boca habla el humor y la desmesura de un apetito que desconoce el incesto: Ninguna higiene en el origen del tango sino todo lo contrario. Suciedad “En la calle Lavalle donde hay quilombete porque las mujeres reciben por el ojete”; Suciedad de quienes se “Hacen la puñeta y maman y se tragan la gordura y le lamen las pelotas con mucha gracia y dulzura”; Suciedad “Por la calle Esmeralda, por la noche, a deshoras, andan putas ambulantes, que son grandes cachadoras”.

Cuando el tango abrace la política, la moral, la religión y el estado, es decir, cuando el tango abrace la cultura, la desfachatez de Villoldo cederá el lugar del sexo a la palabra. Ya no se tratará de la suave piel escorpiana de una puta sino de la necesidad de la confesión y del arrepentimiento. La palabra se vacía de humor y transmite la amargura de la existencia, el cuerpo se esconde y la boca se llena de reproches:

Me han dicho que tenés otra,

Que la quieres más que a mí,

Querela mucho, mi chino,

Me cago en ella y en ti.

(Alma de loca; Jacinto Font; 1927)

La mujer de la vida se vuelve una excusa para el consejo moral sobre la vida, la poesía se aleja del instinto y se hunde en la mala conciencia, la culpa, la compasión y el bendito reproche; Fondos, puramente, morales que harán de “La morocha” de Villoldo otro tipo de Moracha… La desgraciada, la moracha débil y ascética, la que denuncia, la que quiere y solicita de la escritura una sola y misma cosa: Aconsejar y que se la aconseje. La morocha hembra es ahora la Madre de Cristo:

Yo viví, desorientado,

Yo soñe no se qué mundo,

Yo me hundí en el mar profundo,

Con delirante afán de loca juventud.

 

Me atraían los placeres, un abismo las mujeres.

Ya sin madre ni deberes, sin amor ni gratitud.

 

Madre…

Las tristezas me abatían y lloraba sin tu amor.

Cuando en la noche me hundía

De mi profundo dolor.

 

Madre…

No hay cariño más sublime ni más santo para mí,

Los desengaños redimen,

Y a los recuerdos del alma volví.

(Madre; Verminio Servetto; 1922)

La letra salvaje, pulsional, meramente, exterior, de Villoldo se vuelve una intimidad triste, una reflexión lagrimosa, penosa, patética porque el macho ya no blande cuchillo ni guapeza sino que ahora chupa matecito y se acuerda, bajo el encanto de Don Pascual Contursi, de aquella mujer que se ha ido:

De noche cuando me acuesto,

No puedo cerrar la puerta

Porque dejándola abierta

Me hago ilusión que volvés.

Siempre traigo bizcochitos

Pa’ tomar con matecito

Como cuando estabas vos…

(Mi noche triste, Pascual Contursi; 1916)

 ***

Hacia 1960 todo el tango ya estaba escrito, el género estaba casi todo dicho. Alguien tuvo la absurda idea de renovar al género: Modificar la percepción del oído. Renovar un género no es hacer un injerto, mezclar, agregar, sacar o poner un algo desde afuera. Transformar un género es cambiar su perspectiva desde el interior de sí mismo. Ese ayudante de segunda, retraído y tímido, afirma, con Piazzolla, el señorío del bandoneón contra el bailarín y el poeta. Piazzolla perturba lo que el propio pentagrama significaba en el tango: en su posición, en su esencia, en su todo. Lo retuerce, lo altera, lo improvisa, lo arquea… Desvía su sentido. Revoluciona.

***

Las orquestas de la década del cuarenta tienen un tatuaje de Julio de Caro en el pecho. Todas ellas tienen un modo de decir definido, un público que se ajusta, una uniformidad del sonido. De Caro y Juan Carlos Cobián inventan la orquesta del tango. Del gesto, puramente musical, de Julio de Caro nace Troilo. Troilo es la figura donde el tango argentino definió su autenticidad. Japonés, Pichuco, El Gordo, Pichuca, Aníbal, el Buda. El Gordo es el pura sangre erigido por los fieles: Generoso, amante de la buena mesa, ingenuo, virtuoso, intuitivo, fiel; Odiaba el trabajo, le gustaba el fútbol, las carreras, el whiskey, la timba, el boliche; Era apolítico, buen amigo, un tipo decente. Y Troilo no es hereje, ni maldito: Troilo toca sentado. Ya con Troilo se hacían variaciones de temas clásicos y de jazz en los ensayos del mismo modo que Julio De Caro y Cobián enriquecían el pentagrama con los condimentos de Stravinsky. Lo que Piazzolla trae ya estaba en el Tango; por eso dolió tanto.

***

Piazzolla era rengo. Apoya en el suelo su pierna izquierda maltrecha. Monta el bandoneón en la derecha; Se para: Clava sus dedos con voluntad sádica. Las teclas revientan, tiene mirada de paranoico. Piazzolla le pega al bandoneón, no lo acaricia. Muele, descose, hace y deshace. Domina. El instrumento ya no provoca el baile sino la fuerza. Transpiración, puro sonido; Piazzolla destruye, tiene gusto por la destrucción. No tiene piedad ni miramiento: “En 1955 empezó a morir un tipo de tango para que naciera otro”. Se los dice en el rostro. Esta bestia conoce todos los arreglos del tango clásico, ama a Julio De Caro tanto como un hijo a un padre: “Sin él yo nunca hubiera podido existir”. No hay heterodoxia sin antes ortodoxia. Piazzolla innova en y desde la raíz del tango. Cambio su sentido, de un modo tan profundo, que hay un antes y después. Piezzolla es un peleador; un perro que hace de cada canción un manifiesto.

***

¿Qué tenía Piazzolla enfrente? Estamos en la década del sesenta, Onganía viene llegando, los cabarets se cierran, el tango tiene pelucas y peluquines. Están muertos o no tienen lugar, Fiorentino, Vargas, Canaro, Di Sarli, Ciriaco Ortiz. No quedan ni un Manzi, ni un Discépolo, ni Celedonio, Cátulo guardado con Homero Expósito y Catunga Contursi no es suficiente. Piazzolla tiene enfrente al varón, a Julio Sosa, el que nos recuerda a Carlitos o a Hugo del Carril. Pero Sosa dura muy poco, graba su primer disco en 1961 y se mata, gracias a Dios, en 1964. Piazzolla viene a destruir eso. ¿Qué pone en su lugar? Se pone a sí mismo en su lugar. En Piazzolla —casi todos sus músicos— son extranjeros al tango: Vienen del Jazz o de la música clásica. Y Astor los somete a la estructura musical del tango. No es tango fusión sino Tango. ¿Qué le debemos a Piazzolla?

Un oído más sensible, no es poca cosa. A partir de él apreciamos con mayor sabiduría a las orquestas anteriores. Es posible disfrutar la identidad de una historia que va desde un origen bastardo a la sublimación matemática de un pentagrama veloz e inmenso de posibilidades siempre renovadas.

Sea éste legado del inmenso Astor: el tamaño de su generosidad mide la mezquindad de los ya olvidados.

Desde mediados de 2010 hasta diciembre de 2011, Norberto “Ruso” Verea condujo El circo miserable por la FM Nacional Rock, de martes a sábados de 24 a 02 hs. Una idea de su autoría en la cual el rock, la literatura y el pensamiento crítico se entrelazaban  poéticamente.  El equipo estaba compuesto por Leonardo Sai en ensayos y guiones; Nicolás “Harry” Salvarrey y Yeti en novedades musicales; Claudini Saez en humor y quien esto escribe en recomendaciones de cine, selección de textos y producción ejecutiva. Laura Higa, operadora. La edición de sonido estaba a cargo del estudio 0DB a través de Nacho y Sebas. Artística y locuciones de Omar Cerasuolo, Mariano Chiesa, Arturo Cuadrado y Leonardo Liberman. El presente fragmento fue una noche de esa pequeña historia. Para bajarse el MP3: Aquí (se lee en la segunda hora del show)

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