El largo plazo del Carioca

Hacia finales de 2011 Brasil había crecido un 2,7% lejos del crecimiento del 7,5% del 2010. El sector industrial creció durante todo el 2011 un 0,3% i.a. mientras en 2010 se había expandido al 10,5%. Este es el resultado de la política anti-inflacionaria y de apreciación del real del Carioca con altas tasas de interés que llegaron al 12,5% como referencia del Central. La inflación tocó el 6,6%. En los últimos doce meses, la industria cayó un 1%. Brasil combina un flujo permanente de capital financiero y ganancias extraordinarias mediante la exportación de commodities al tiempo que robustece su poder financiero nacional, bate récords de acumulación de reservas en su Banco Central, empresas con control estatal como Petrobras son modelo de éxito en el mundo, el consumo de los trabajadores crece y su poder adquisitivo empieza a integrar la clasificación de “mercado de clase media”… Y la industria paulista, derrotada en las urnas con su candidato Serra, no logra imponer una devaluación del real en el contexto de juegos olímpicos y un mundial por venir que reclaman inversiones públicas y privadas y mucho flujo de dinero tanto especulador como inversor.

Brasil 1

En este marco —a pesar de una tasa de inversión del 19,3% del PBI— querer ponerle un techo a Brasil, desde el análisis como pronóstico, es un tanto absurdo: Brasil tiene cintura suficiente para motorizar el consumo con créditos y subas salariales, cuando haya que hacerlo; ejercer recortes desde el estado cuando las cuentas del estado lo exijan; atraer inversiones de empresas de cualquier parte del mundo; seducir a su industria nacional con compras preferenciales como las del Plan “Brasil más Grande”. Existe un terreno gigante de inversión asociada mixta en aeropuertos, puertos, autopistas, infraestructuras en general que urgen en el Carioca. Las empresas brasileñas tienen, a su vez, un gran margen para renovar la maquinaria mediante una estrategia de importación de tecnología de punta con un BNDES impulsando la innovación y el desarrollo tecnológico: una devaluación en Brasil no tiene sentido. Brasil tuvo un superávit comercial de 29.790 M de dóls. Es un país que cada vez encuentra menos trabajadores calificados y una gran dificultad para integrar las zonas excluidas en tanto fuerzas productivas. Ése y no otro es el problema (en enero la generación de empleo cayó un 21,8% i.a.) y victoria del PT (Lula tiene un 70% de imagen positiva y piden su vuelta al poder) para Brasil como potencia emergente: reconvertir a las zonas excluidas progresivamente en clase trabajadora como medida más económica que la devaluación furibunda.

Tan solo en enero de este año Brasil recibió 5.433 M de dóls en Inversión Directa Extranjera contra los 2.953 del primer mes de 2011. El gobierno hará fuertes inversiones: 19.240 M de dóls serán destinados a las obras motivo del Mundial 2014. De ellos, 6.765 M de dóls se destinarán a movilidad urbana y 3.205 M de dóls a aeropuertos y puertos. La inflación para este año será del 4,7%. El 4 de abril Rousseff anunció incentivos por un total de 30 mil millones de dóls para proteger a su industria nacional: eliminación de aportes patronales al sistema previsional en el recibo del trabajador para 15 sectores reemplazados por aportes del Tesoro Nacional —renuncia fiscal anual de 4000 mil millones de dóls— mientras el BNDES invertirá 25 mil millones de dóls en créditos a tasas por debajo del mercado para renovación tecnológica.

En suma: hablar de Mercosur es hablar de Brasil como sexta potencia mundial (PBI 2,2 B de dóls, marca superior a la India y Gran Bretaña). ¿Cómo explicar esta posición actual de Brasil? Su éxito no lo explica su política económica, por cierto, muy similar a la política proteccionista argentina[1] en lo industrial sustitutivo. El éxito de Brasil, como economía emergente, debe comprenderse con relación a la actual forma de acumulación global del capital cuyos ejes principales diagraman el capitalismo asiático.

Brasil 2

La desocupación asciende al 4,7%, la menor tasa de su historia. Implica 8 millones de desocupados de los cuales 2/3 carecen de la calificación suficiente para ingresar en el mundo del trabajo. El salario mínimo, para 2012, en Brasil es de 340 dóls (622 reales) Fue firmado el 25 de diciembre de 2011 y su monto se incrementa sobre la base del porcentaje de inflación del año anterior y el de crecimiento de la economía de dos años atrás. La Federación de Industrias de San Pablo (FIESP) estima que si el PBI se expandiera al 4,6% por año hasta el 2015 (entre 2000 y 2010 creció al 5%) se crearían 8 millones de puestos de trabajo con calificación y educación suficientes que Brasil no los tiene. Hay otras limitaciones de estructura económica, es decir, social: la productividad es muy baja (entre 2000 y 2008 se incremento solo un 0,9% anual cuando en China creció al 5,2% y Estados Unidos al 3%) y la inflación, por lo tanto, no se la combate con tecnología sino con enfriamiento del crecimiento: el PBI se contrajo 0,04% en el tercer trimestre de 2011 y su expansión anual fue menor al 3% tras haber crecido al 7,5% en 2010 con un 6,5% de inflación. Brasil es, fuertemente, mercado-internista con una relación comercio internacional/PBI del 19,9% siendo que en China asciende al 75%. Se ve beneficiada por una gran IED que en el 2011 trepó al 66.7000 M de dóls (5% del total mundial) y las empresas trasnacionales remitieron a sus matrices 38.200 M de dóls.

El mercado-internismo no es necesariamente contradictorio con una economía globalizada porque el capital financiero internacional —América Latina recibe el 46% del total del flujo global y Brasil recibe 56% del total de ese flujo— puede encontrar en esos poderes de compra emergentes (en la demanda interna de esos espacios nacionales) un eje que les permite reimpulsar la economía mundial con inversiones productivas y grandes negocios asociados de infraestructura (como Petrobras que invertirá más de 1 B de dóls en gigantescas reservas off shore en los próximos 10 años con ¾ partes del capital necesario proveniente del exterior)  impulsando la trasnacionalización de los espacios nacionales de valor —la economía brasileña se trasnacionaliza aceleradamente: el total de activos extranjeros ascendió a 1,4 B de dóls en el 2011 cuando hacia el 2001 eran de aproximadamente unos 400.000 M de dóls—. En ese sentido, Dilma calificó  la devaluación de las monedas de los países desarrollados como “prácticas predatorias”. Vayamos a la relación bilateral con Argentina.

El último año, el déficit comercial de la Argentina con Brasil, su mayor socio comercial, se disparó y alcanzó una cifra récord del orden de los 4.550 M de dóls lo que implicó un alza del 36% respecto al nivel de 2010. Algunos datos “históricos”: en los años `80 Brasil llegó a adquirir cerca del 30% de toda la carne argentina, en la actualidad un poco más del 5% del total. Brasil era un importador tradicional de maíz con sello argentino. Hoy logró autoabastecerse y es el segundo mayor proveedor a escala mundial, desplazando a la Argentina. Argentina perdió su autoabastecimiento energético mientras Brasil se erige como potencia petrolera[2]. Esta diferencia no hace fácil la presión del estado nación sobre el capital extranjero. Veamos porqué.

El año pasado el sector automotor alcanzó una nueva marca histórica y pasó a explicar la mitad del crecimiento del “Made in Argentina”. Brasil fue una de las “llaves” de este boom dado que adquirió el 70% de los autos producidos con sello nacional. El gobierno interpreta que la clave para que la Argentina se inserte en la globalización es la re-industrialización sustitutiva y presiona al capital extranjero para que redujeran sus importaciones —al tiempo que les exige que salieran a exportar desde autopartes hasta agua mineral y alimento para animales— con el fin de posibilitar a las industrias PyMES domésticas la oportunidad de revivir. Sucede que las automotrices no tienen el mismo interés que el estado y sus decisiones se basan en la ganancia; no en una “idea industrialista”. La consecuencia de las medidas del kirchnerismo sobre el sector automotor es el anuncio en Brasil de una catarata de inversión sin precedentes en el sentido siguiente: las automotrices y las empresas autopartistas tienen confirmadas inversiones por unos 2.700 M de dóls en la Argentina. No obstante, según proyecciones de Anfavea —la cámara que nuclea a terminales— en el sector se planea desembolsar una cifra superior a los 22.000 M de dóls en los próximos años en Brasil.

Ejemplos:

Chery: en el marco de las exigencias por equilibrar su balanzade divisas, los representantes de la compañía en la Argentina -grupo SOCMA- se vieron obligados a exportar desde tubos de GNC hasta frutas exóticas -como granadas- para poder ingresar vehículos. En Brasil, están levantando una planta con el objetivo de llegar a producir en 2013 cerca de 150.000 unidades previo desembolso de380 M de dóls.

Nissan: desde la Argentina está vendiendo al mundo harina de soja y biodiesel, al tiempo que se comprometió a realizar un aporte de capital de 30 M de dóls para continuar importando. En Brasil, desembolsará una cifra casi 50 veces superior: 1.400 M de dóls para construir una nueva planta, contratar a 2.000 empleados, fabricar unos 200.000 vehículos en los próximos años.

Mitsubishi: en el mercado doméstico se comprometió a exportar alimento balanceado, maní y agua mineral. Los planes para Brasil son invertir cerca de 550 M de dóls para ampliar la terminal que posee y elevar así la producción de 180 autos a 300 por día.

Volkswagen: La casa alemana anunció que desembolsará la friolera de 4.350 M de dóls hasta 2016para ampliar su capacidad y lanzar nuevos modelos.

Fiat: se comprometió a invertir 2.500 M de dóls para levantar una planta en Pernambuco. La misma comenzará a funcionar en 2014 y producirá hasta un cuarto de millón de vehículos.

Estos casos demuestran que los capitales de origen asiático y europeo ya optaron por Brasilpara hacer pie y abastecer a toda la región, incluida la Argentina. Dicho de otro modo: el boom automotor[3] de la Argentina se verá afectado en los próximos años. Un elemento clave que ayudó a acelerar la radicación de nuevas empresas fue la decisión del gobierno de Dilma Rousseff de subir los impuestos a los vehículos importadoscon una tasa del 30% forzando así a las empresas a invertir y fabricar en territorio brasileño. El plan del “1 a 1″ (todas las empresas del sector tuvieron que comprometerse a compensar cada dólar destinado a la importación de repuestos y vehículos terminados con exportaciones por el mismo valor) impulsado por el Gobierno no redundó en el desembarco de nuevas terminales y marcas en territorio local así como tampoco derivó en grandes anuncios de inversión. Fue una decisión que jugó a favor de la balanza comercial, en el corto plazo.

Mientras tanto, los grandes números queden para el país vecino y las diferencias se seguirán ampliando.

Agradecemos a la fotógrafa Andrea Rumi por la selección de las fotos. https://www.facebook.com/andreasrumi

Notas:


[1] Ante la preocupación por el aumento de las importaciones, el Gobierno de Brasil impuso a finales del año pasado restricciones para los fabricantes que no tienen plantas en el país.La medida, que limita las importaciones, afecta principalmente a los fabricantes chinos y coreanos. Igualmente anunció la renegociación del acuerdo automotor con México para limitar la creciente importación de vehículos y partes procedentes de ese país.

[2] Brasil registró una cifra récord de 768 millones de barriles de petróleo y 24 mil millones de metros cúbicos de gas natural, la cual se convierte en la mayor registrada en al historia del país carioca. En los últimos diez años, en el período que va de 2002 a 2011, la producción de petróleo en Brasil creció 45 por ciento y la de gas natural un 55 por ciento. La producción de petróleo y gas en diciembre 2011 también fue récord, con 2,663 millones de barriles de petróleo diarios, récords mensuales de producción de petróleo y gas natural superando las producciones de noviembre de 2011 y diciembre de 2010.En diciembre 25 empresas petroleras operaron en 306 concesiones en Brasil, de las que 78 eran marítimas y 228 terrestres.

[3] En agosto de 2011, según la consultora abeceb.com, el boom de la venta de automóviles en Argentina implicaba que se venden cinco autos por minuto. En México, se vende 4 vehículos por minuto; en Chile dos por minuto; en Brasil se venden 18 por minuto; en China la cifra llega a 88; en Estados Unidos se venden 64 autos por minutos. El director de la consultora referida, Dante Sica, ya advertía y señalaba, que más del 75% de la producción de autopartes en el país proviene de empresas que tienen una antigüedad de entre 20 y 30 años de lo que resulta una productividad que es la mitad de lo que muestra ese sector en Brasil.

Modificado : Agosto 30th, 2012

Este artículo fue publicado en la web de noticias Punto de Equilibrio y en el weblog Nación Apache.

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