DEFENDER LA SOCIEDAD

El silencio es una forma de mentira. Los pueblos silenciosos enferman y mueren. Cuando nadie discute, el orden está mejor protegido. Pero mejor aún estaría sin seres vivos. Hay países donde desaparecieron las protestas, donde cada uno cumple ordenadamente su deber… En muchos casos, la explicación es que ya no corre sangre por las venas de los pueblos. ¿Será esta tranquilidad la que buscamos?

Mi testimonio

Alejandro Lanusse

 

Rechazo el desvarío del Gobierno acusando a esos trabajadores argentinos, a esos patriotas de golpistas. Es un error político, estratégico, histórico y doctrinario

Eduardo Duhalde

La Nación, 3/06/2008

 

La “yerra” es la acción de marcar el ganado con un hierro al rojo vivo, en cuyo extremo lleva el logotipo del propietario. Su finalidad es nada menos que establecer legalmente la propiedad sobre la hacienda. Hay un registro completo de las mismas en la Dirección de Marcas y Señales, una dependencia del Estado que se encarga de controlar todo lo referido a este tema… hay otros que prefieren hacer la yerra en público, organizada como un espectáculo… Entonces la yerra deja de ser una tarea y se convierte en la fiesta de la argentinidad, porque cada hombre de campo siente renacer al gaucho que lleva adentro y que no puede sacar a la luz en circunstancias en las que la tecnología, la moda urbana o la presión comercial se imponen a las antiguas tradiciones en el modo de vestir. Puede decirse que aquí la yerra es un congreso de gauchos… Una yerra pública, en cambio, es una forma de compartir su ganancia con aquellos que participan del espectáculo, es una forma de dar gracias a Dios por lo recibido como fruto del trabajo, su trabajo.  Nosotros simplemente debemos valorar la decisión del ganadero de realizar una yerra de tranqueras abiertas. Sin pretenderlo se trata de un acto en defensa de las tradiciones gauchas. En otras palabras, la yerra es la más pura y completa vigencia de argentinidad.

 

3ª Año, Escuela Nº 32; General Lucio V. Mansilla, Formosa;

Primer Premio del Concurso Rincón Gaucho en la Escuela

Publicación Rincón Gaucho; 2006

(Ministerio de Educación junto al diario La Nación y Fundación Cargill)

 

La yerra, un congreso de gauchos

Gabriel Ermácora

 Nos proponemos investigar a partir de una sucinta selección de segmentos noticiarios extraídos de los diarios La NaciónClarínLa Opinión entre Octubre de 1975 y Octubre de 1977, cómo, en la superficie informativa, se va desplazando un conflicto (paro ganadero de Sociedad Rural Argentina y Federación Agraria Argentina) de relaciones de fuerza de distintos actores sociales —superficie fragmentada en cuyo sustrato, sostenemos, se urdió la secuencia que el actor denominado oligarquía pampeana organizó en pos de un proyecto orgánico de poder— en cuya puja se discuten proyectos políticos diferenciados, sostenidos en valores y sentidos muy divergentes, para consolidarse hacia 1976-1977, como un problema de orden moral que involucrala salud de la institución familiar, en especial, la residente en la urbanidad, en tanto se pretende protegerla, informarla, de la ‘amenaza subversiva internacional’. En esa superficie, donde los imaginarios organizan, en su tensión especular, personajes pintorescos (el hombre de campo, la subversión, etc.) la lucha política organiza las alianzas de clases y los grupos que, una vez en el poder adornan la acumulación de capital con el representativo calidoscopio de las iconografías del mundo rural. El imaginario industrial-salarial-sindical, la apropiación simbólica que el peronismo hizo de la política industrial, será liquidado a partir de la muerte de Perón en 1974. “La Familia” a quien interpela los editoriales de La Nación, una abstracción cercada por laamenaza “subversiva”, aterrorizada, disciplinada por una pedagogía mediática que le proporcionó legitimidad a una sentencia exitosa que repitió con la fuerza del sentido común: “por algo será.

Para leer el artìculo completo en PDF, seguir el link: DEFENDER LA SOCIEDAD

Publicado originalmente en REVISTA AFUERA CULTURAL

 

 

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Crepúsculo

IMG_20121123_222842Al caer la tarde, la Capital se impregna de un espeso y nauseabundo olor a basura. Av. Córdoba. Los Mc Donalds revuelven el estómago. La miseria de las bolsas, los pedacitos de la hamburguesa, los pesos mendigados del vicio. No son seres famélicos los que tiran del carro. Hay hambre en Buenos Aires, los basurales de la carne podrida se llenan en el Conurbano profundo. Mastica el hombre y mastica la rata. Pero policía, droga, punteros, gobernadores y narcos no organizan la tierra que tragan los hijos del África sino nuestro modo particular de la degradación, de la miseria, la villa. El Centro ya no es un templo que nos presta su alma mientras recorremos una interioridad en la que nos reconocemos. Es una puteada. Su estado de ánimo es el colapso y el asco. El pensamiento no tiene tiempo, tiene miedo. Miedo del semáforo por el que vende la estampita, por el limpiavidrios mientras absorbe tinto con detergente, cerrá la ventanilla, apuráte hijo de puta, semáforo de mierda. No tiene el signo del ocio sino del tormento. Solo los turistas transitan radiantes. Buenos Aires es postal del Obelisco desde un sillón de Direct Tv. Ya no es más mujer amada, infiel o desdichada sino recuerdo; Una ocasión para darle imagen a la música de Piazzolla. La oscuridad penetra fantasmal toda la urbe, se vuelve voluntad de escupitajo. Buenos Aires ya no tiene épica, ni peligro subversivo subterráneo; Tiene un maldito CEAMSE que baña el asfalto con la compresión líquida del desperdicio, un borracho se masturba tirado en un colchón con la modelo de El ArGENtino, la chica transpirando sus calzas del gimnasio, cruza la Facultad de Económicas agotada, la plaza registra su culito, orgulloso de sí, mientras apura al novio por mensaje de texto. El Colectivo se llena con celulares ansiosos, el ritmo es el reggeaton que desplazó a la cumbia villera del 2002. Alguna lee “Crepúsculo”, último hit literario; Otro, abonado de unpack, habla gratis con su mujer a quien solicita helado para el postre, mientras inquiere en la reunión de padres respecto de su indisciplinada adolescente, a quien prohibió fotografiarse jugando al MSN. Sube la anciana, la embarazada, el inválido, alguno se levanta, otro es poseído por un súbito dormir, otro es amable, otro se queja aunque cede: la moralidad florece.

El Centro se desplaza, temeroso, al resguardo familiar. Huye de su verdad, como de la lepra.