Una metáfora del dinero

Madonna_Steven_Meisel_Cultura_Inquieta9La enana se disfraza, se produce, se inventa. Actúa. Fabrica, con nuestra negación, un poder que tiene que ver con la forma, con el embrujo de la forma, esa forma. Distinguirse, ser singular, poder con todos y mucho más. La enana es performativa, perversa, se transforma como serpiente en escamas que parecieran desconocer el tiempo. Es artista porque es irrealidad potenciada; domina la forma porque ha padecido su ser degradado, bajo, prostituido, deformado, italiano. Una Hobbes del mundo pop. Nos mira, ríe, como el diablo: saben sus ojos de la traición de los hombres. Conoce nuestra vergüenza, nuestro precio, exponiendo el suyo.

Nos derrota, siempre, con su propio amor.

10/9/2015
L.S.

Foto Steven Meisel (1954); libro SEX.

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Nota sobre el pueblo quinielero

Dedicado a los lectores y lectoras de Rodolfo Kusch

Los números son para el pueblo una hermenéutica donde leer el destino, la prosa del futuro es una escritura de la vida cotidiana a cuyos signos debemos apostar. No se trata de un cálculo probabilístico, contra-intuitivo, racional. Al campo popular le importa la lectura del adivino, contra la trama del ser urbano, como develamiento del texto divino de Dios. El pueblo cristiano siente que Dios puede suspender las leyes de la lógica, de los hombres, intervenir en el cálculo mismo, mediante el significado oculto del número: reconocer el carácter divino del hombre no sin tentarlo a perderlo todo, en una nueva ronda de apuestas. 

El pueblo piensa la Quiniela como vicio o como el secreto mensaje de lo sobrenatural. Al leerlo, saber descifrarlo, como el hechicero, el pueblo hermeneuta siente tres veces orgullo: 1) Orgullo por lo ganado, robado al Otro, como goce del jugador: el dinero puede ser sustraído del sacrificio del cuerpo y correr libremente en el manantial del Casino; 2) Orgullo por develar que la trama del trabajo y su legalidad es una farsa donde se pierde la gioia de la existencia: docilidad del pueblo para desear la acumulación financiera; envidia y mal de ojo a banqueros; 3) Orgullo de su propio saber, de su propia lectura anti-científica, anti-intelectual, popular,de lo real que “los estudiosos”, “los hombres cultos”, rechazan. 

Al pueblo que fatiga Quiniela no le importa que “la casa se quede con todo” sino la posibilidad del salvarse. 

Miseria y caída del estar, en la noche, sin ya posibilidad de ser.

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Buenos Aires, 9/9/2015

Leonardo Sai