Ni uno igual.

11393022_10153297005313808_6851637567583054551_nTodo este modo de hablar de la violencia de género, que si él mira fútbol y ella prepara el café, y lo re mal que esto está, especialmente, si Racing va ganando y todavía no está servido, es tan superficial que anula toda posibilidad de diálogo. No es un asunto sencillo. Salvo en la ropa, en los centros de belleza y en George Clooney, las mujeres no coinciden en nada. Además, una mujer siempre tiene más tiempo que un varón para pelear. Las mujeres tienen infinitamente más tiempo libre que los hombres: ellas no están ocupadas todo el día persiguiendo mujeres. Es archi-conocido que Groucho se enamoraba de señoritas muy jóvenes, muchas de las cuales se volvían alcohólicas, con el paso del tiempo. Arthur Marx cuenta lo triste que se sentía su padre al respecto, ese amante sarnoso. Es que para Groucho, era muy agradable casarse y pensar en todas las insinuaciones que podía volver a hacer a mujeres desconocidas en cuanto se divorcie. Al final de su vida, cuando tenía setenta y pico conoció a Erin Fleming, una joven que controló su vida, lo maltrataba, verbal, físicamente; testigos cuentan sobre el llanto y los temblores del comediante. A Fleming no le quedó un mango de herencia, entró y salió varias veces de instituciones psiquiátricas; fue arrestada, se pegó un tiro en el 2003 con 61 años. Mientras se es joven y hermosa, pasa inadvertido, pero ser vieja y encima loca: eso si que no tiene gollete. Me pregunto: ¿Erin había “introyectado” la violencia patriarcal mediante la jeringa del machismo? ¿Una Simon de Beavoire enmascarada que lograba, finalmente, castigar al misógino? Ese hombre tierno (tras una ruptura sentimental solía declarar “es una desagradecida, no aprecia el dinero que gasté en ella. Para Navidad, por ejemplo, le compré seis pares de medias. Y en junio, para su cumpleaños, las hice zurcir todas”) era uno de los más grandes críticos de la sociedad, del orden establecido, de los roles asignados. Que Groucho haya culminado sus días bajo el maltrato de una mujer me hace reflexionar sobre el sentido del humor y la voluntad revolucionaria de las mujeres. Quizás, en ese mundo desterrado de machismos, los hombres nos dedicaríamos a zurcir calcetines, al cuidado del cutis y a elegir más cuidadosamente nuestras cremas antes de ir a dormir. Sería un mundo sin confrontación, donde las Groucha Marx harían chistes sobre las depilaciones de huevos de sus metrosexuales y sus inspirados alaridos… Un mundo completamente igual y correcto donde la mayoría de las mujeres se habrían vuelto lesbianas.

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La Argentina del Centenario contra la del Bicentenario

Hoy podés comprar todos los dólares que quieras, pero tu salario vale la mitad. Hoy están de fiesta los estancieros, los exportadores. Y preocupado el que tiene que comprar el pan y la carne al doble de precio. Hoy están ilusionados los que esperan comprarse la última baratija importada por dos pesos. Y en alerta los trabajadores de la industria nacional. Hoy quiere resucitar la Argentina del 76, la de los noventa. Y está resistiendo la del 45, la del 2003. Es la Argentina del Centenario contra la del Bicentenario. Esa es la grieta. Pero se olvidaron que ahora estamos nosotros, y no vamos a permitirlo.

Gabriela Cerruti

12362776_10153712312978808_5380078608104404778_oQue nadie se confunda. Que no queden dudas. Se acaba de llevar adelante una bestial devaluación, un acto de terrorismo económico sobre el pueblo argentino, con el siguiente arreglo cosmético: no se anuncia ningún valor para el dólar, se deja hacer. Apenas una referencia. Con posterioridad, se argumentará que, en definitiva, son los propios argentinos, en su contenida pero por fin liberada, sed de dólares quienes se causaron a sí mismos esta devaluación. Es decir: será por culpa nuestra y no por una decisión política, tan consciente como cínica, del actual gobierno. Por culpa del kirchnerismo que ha contenido esta sed de dólares que, finalmente, ahora se destapa. ¡Liberación de las fuerzas productivas! Pero no había ninguna necesidad de hacer semejante shock. Prat Gay, de este modo, no se inmola ante la televisión y la televisión puede titular “es el fin de la tortura (cepo)”. Ahora el precio de dólar puede dispararse, libremente, porque no hay nada que garantice que quienes se suponen (ejemplo: las cerealeras) que deben liquidar sus dólares lo harán si antes pueden, incluso, especular por más. Por una dosis aún mayor. La tentación es gigante, la tentación es legal. Han pulverizado el salario, la inflación sabrá Dios a donde podrá irse. Solo sabemos que podrá ocultarse inflando, a su vez, la cuestión del INDEC. Por el mismo acto devaluatorio miles de familias ya son pobres y quienes eran pobres: ya indigentes. Toda esta modificación del tipo de cambio debió hacerse con suma prolijidad, con sumo cuidado. Pero esta fuerza política representa los intereses del capital concentrado, trasnacional, agro-financiero, compacto. Sin fisuras. En poco tiempo los PyMES rezaran a Bergoglio para que interceda, por ellos, ante el presidente de su propio país. Por Techo, Tierra y Trabajo. El macricaputismo quiere hacer las cosas de forma urgente, veloz, antes que se acabe la gracia mediática, antes que pase el tiempo y el odio a la yegua ceda para ver, con alguna mediana claridad, lo que legitimaron en las urnas. Macri lo certificó en el debate: “el precio del dólar será el que fije el mercado, como en un país normal”. Scioli no paró de preguntarle: ¿quién pagará la mega-devaluación que están tramando? ¿Cosas horribles que jamás harían? Acaba de suceder, con chistes y buenos tratos a los periodistas. El tiempo también consume al arco de alianzas políticas, la Unión Democrática 2015, que llevó al PRO a la posibilidad de ejecutar este brutal ajuste sobre los trabajadores. Como decíamos antes de las elecciones: estaba en juego la magnitud de la agresión. Y el tiempo para reaccionar. La gente quiere dólares y vacaciones. El ajuste ha sido contundente. Sin anestesia. Se han recompuesto enormes ganancias a favor del capital y no está escrito en ninguna parte que ellos decidirán invertir (con posterioridad a levantarla con pala luego de esta transferencia de ingresos) con un mercado interno devaluado, un Brasil recesivo, un mundo económicamente semi-estancado, un horizonte donde Estados Unidos comienza a absorber capitales líquidos mediante la suba de su tasa de interés: toda la plata que entrará por endeudamiento tiene vía libre para seguir saliendo y mientras tanto condicionar toda la política económica, préstamo tras préstamo, absorbiendo los activos del estado. Tener CEOs en cada sector de mando de la administración pública, sin experiencia en el estado, solo prepara formalmente el terreno para las privatizaciones, que por supuesto se llevarán adelante con su debida cosmética. El flujo líquido del capital, liberado a su penetración sin controles, permitirá volver a endeudar tanto a la clase media norteamericana, como a los países dependientes de América Latina. Dicho de otro modo: no nos estamos dirigiendo hacia “el desarrollismo” sino hacia la puesta de rodillas del estado nación de la economía latinoamericana de los ochentas. ¿Desarrollo productivo con Prat Gay? Cuando la deuda externa se reprogramó con una quita de 93% a los acreedores, los fondos buitre se opusieron, el FMI presionó para conseguir mayores pagos, lo mismo hizo Don Gay que por entonces presidía el Banco Central. Tuvo que renunciar. El rencor del FMI con la Argentina sintoniza con los fondos buitre, con el juez Thomas Griesa, han conseguido mediante el voto popular sentarse en nuestro Banco Central mediante una propaganda sobre el avasallamiento de las instituciones que no tardó ni un mes de gobierno para revelarse como tal. Demuestra la perspicacia e inteligencia política de los militantes de la UCR. El mundo del capital aparece como invertido para el asalariado. Todo esto se presenta como liberación de trabas para que venga el maná del cielo, el dinero fresco, y se reinicie la inversión. Sin embargo, el único desarrollo que se acaba de anunciar es el de una recesión económica que a la brevedad subirá a la superficie. Algún grupo asociado al poder ejecutivo hará sus infraestructuras, dado que se especializa en la construcción. Quizás, innove e invierta en el mercado del sistema penal y la seguridad para contener el desmadre. Al fin y al cabo, también las prisiones son obra pública y crean empleos.

Sai no more.

16/12/2015

 

El enemigo en el límite de la política.

013-antonin-artaud-theredlistLa política del enemigo no es otra cosa que una reflexión acerca del temor. Es la proximidad a un volcán envuelto en seda. El enemigo en la política (y no “de la política”) es la dimensión esencial del concepto como dolor y muerte. La idea de que la guerra no tiene nada que ver con la política, que una empieza cuando termina la otra, es miedo del temor: un punto de vista liberal; epidermis del derecho. La política en su registro existencial, “en el fondo de los fondos”, es una cinta de Moebius en la cual se posibilitan guerra y economía. Es el espacio-juego total donde, en cualquier momento, podemos pasar de un lado (en el derecho mediante el estado de excepción) al otro (en la economía mediante la crisis capitalista) de la superficie propia del capital. Y jamás volver iguales al inicio: la política es la cinta. Enemigo es diferencia existencial.  No es un mero extrañamiento del espíritu[1]. Así lo niego como enemigo y lo vuelvo un opositor, un mero contendiente, alguien con quien, finalmente, me voy a poder entender. Es la negación del temor. Pero el enemigo es lo irreconciliable. Tal, constituye la notable fuerza del concepto teológico-político para la madurez del pensamiento en el sentido de su determinación. La derrota sobre el enemigo solo puede significar una victoria de la consciencia histórica, un crecimiento en la realización de lo universal concreto; autoconciencia del pueblo. De lo contrario, simplemente, no hemos vencido a nadie. Y solo contemplaremos apariencias: sangre del puño, en la pared, de las sombras.

¿En qué sentido es (im) posible una política de la amistad?

Una política de amistad es, en definitiva, un animarse a lo temido, un arrimarse a la bestia: descender al sótano del amor: “¿Has visto ya dormir a tu amigo— para conocer cuál es su aspecto? ¿Pues qué es, por lo demás, el rostro de tu amigo? Es tu propio rostro, en un espejo grosero e imperfecto”[2] Quien ve el mundo divido por amigos y enemigos es tirano y esclavo al mismo tiempo, no puede tener amigos, no puede ser protector de nadie: “¿Eres tu aire puro, y soledad, y pan, y medicina para tu amigo? Más de uno no puede librarse a sí mismo de sus propias cadenas y es, sin embargo, un redentor para el amigo”[3] ¿Cuál es el problema subjetivo que el enemigo le impone a la política como autoconciencia? Que su presencia resulta una invitación a reconocerme en lo monstruoso, siniestro, en todo lo que arrojo fuera de mí. Y también una invitación a superar esa mirada imaginaria que nos hacemos de él. De lo contrario, la permanencia en el registro imaginario del enemigo siempre desemboca en una voluntad de destrucción. Incluye, obviamente, una irrefrenable psicosis paranoide. Destrucción, por lo tanto, de toda posibilidad de trascenderlo. Esa destrucción no pone fin a la política, ni a lo político; equivale, al contrario, a su repetición. Repetición del enemigo. Bajo nuevas máscaras. Que la sociedad y la cultura, debidamente, proporcionarán: “Toda va, todo vuelve; eternamente rueda la rueda del ser. Todo muere, todo vuelve a florecer, eternamente, corre el año del ser. Todo se rompe, todo se recompone; eternamente la casa del ser se construye a sí misma. Todo se despide, todo vuelve a saludarse; eternamente permanece fiel a sí el anillo del ser”[4] Una política de coraje con el enemigo no busca su destrucción sino su sacralización. El enemigo, este enemigo, debe ser para nosotros: sagrado.

Sacralización del enemigo quiere decir que hemos vuelto al enemigo un maestro de la existencia. Y de la política. De ahí la advertencia nietzscheana: cuídate de elegir bien a tus enemigos. De su figura infantil (la sombra, el oscuro, etc) a su uso simbólico: “¡Sé al menos mi enemigo! — así habla el verdadero respeto, que no se atreve a solicitar amistad. Si se quiere tener un amigo hay que querer también hacer la guerra por él: y para hacer la guerra hay que poder ser enemigo. En el propio amigo debemos honrar incluso al enemigo. ¿Puedes tú acercarte mucho a tu amigo sin pasarte a su bando? En el propio amigo debemos tener nuestro mejor enemigo. Con tu corazón debes estarle máximamente cercano cuando le opones resistencia. ¿No quieres llevar vestido alguno delante de tu amigo? ¿Debe ser un honor para tu amigo el que te ofrezcas a él tal como eres? ¡Pero él te mandará al diablo por esto!”[5] ¿Por qué el enemigo es sagrado?

Fundamentalmente, porque el enemigo no es una sombra de mí mismo. Ni tampoco la propia fuerza en su extrañamiento: “Pero el peor enemigo con que puedes encontrarte serás siempre tú mismo; a ti mismo te acechas tú en las cavernas y en los bosques”[6]. Porque el enemigo es otro. Le temo, lo desconozco. De allí que lo que el enemigo me enseña no tiene que ver tanto conmigo sino con el mundo. El enemigo no ataca, particularmente, mi narcisismo. Ataca todo mi mundo: “A cada alma le pertenece un mundo distinto; para cada alma es toda otra alma un trasmundo”[7]. Le hace la guerra a la totalidad en la cual significo e identifico mi vida. No es alguien a quien le caigo mal y quiere verme sufrir, por envidia, resentimiento, placer. Además: quiere mi alma. Él también puede resultar débil frente a mí, querer borrar su diferencia. Volverme un simple opositor en una vasija común. El enemigo quiere verse vencedor desde adentro mío, solo así puede percibir la huella de la victoria y el orden de la dominación. En este sentido, la política profesional de la victoriosa liberal-democracia es a la política lo que la masturbación al sexo: un juego con uno mismo. No solo temo al enemigo como enemigo. También temo volverme como él. Por eso, solo el enemigo puede producir, respecto de la política, su fundamento como autenticidad.

Solo el enemigo me hace auténticamente político. Así sucede porque el contacto con el enemigo es doloroso, desgarrador, profundo. Una picadura del escorpión. De ese estar frente a frente, se sale transformado. O no se sale: “Sólo os es lícito tener enemigos que haya que odiar, pero no enemigos para despreciar. Es necesario que estéis orgullosos de vuestro enemigo: entonces los éxitos de él son también vuestros éxitos”[8] El enemigo es el límite de la política porque en su propio concepto está en juego la repetición del teatro y su doble —lo político se confirma, una y otra vez, como resultado de una memoria histórica que ha visto morir y ha de revivir y reconstruir la unidad y carne del pueblo, esto es, su existencia: la política nos conduce a la muerte para producir la inmortalidad real del estado y de sus extraños— o la integración del dolor a un nuevo concepto de amistad respecto de la vida.

 

Provincia de Buenos Aires, 9 de diciembre de 2015

L.S.

Notas:

[1] Quizás, se haya confundido, muy a menudo, la objetividad de la enemistad con un extrañamiento de sí. Se ha visto en la objetividad una alienación de sí en el enemigo. Desde el punto de vista psicoanalítico, una forclusión que retorna dividiendo el mundo entre amigos y enemigos. Una posición paranoica del deseo. Pero la objetividad de la enemistad, cuya metáfora se personifica en el enemigo, no es lo Otro de una consciencia enajenada. La objetividad de la enemistad, al menos bajo el capital, se encuentra en la existencia. La encuentro en el mundo y no en mi cabeza. El traslado de la enemistad a la enajenación de una idea produce una filosofía especulativa alrededor de la identidad y desconoce el ser mismo de la enemistad, viendo en ella un término relativo. No una posición auténtica, originaria. De este modo, suprime como elemento central de la política la cuestión de la lucha dado que bastaría con suprimir la alienación para revelar el carácter aparente del enemigo. De hecho, por ejemplo, “una consciencia sana” podría superar “su alienación en el enemigo” y encontrarse, una y otra vez, con la enemistad en la política. En ese terreno, queremos pensar ya no el concepto de lo político, como si fuera su centro y distinción fundamental, sino su límite. La objetividad de la enemistad no es un modo para la consciencia política de enajenarse sino de suprimirse naturalmente. Se encuentra allí como naturaleza del hombre, lobo del hombre. En este sentido, la tarea del pensamiento es acceder a esta diferencia no dialéctica (en el borde la dialéctica) que atraviesa y trabaja toda enemistad.

[2] Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, España, Ediciones Altaya, trad. Andrés Sánchez Pascual, pág. 93; 2000.

 

[3] Op. cit., pág. 93.

 

[4] Op. cit., pág. 300.

 

[5] Op. cit., págs. 92-94.

 

[6] Op. cit. pág. 103.

 

[7] Op. cit., pág. 299.

 

[8] Op. cit., pág. 80.