Escrituras de la decadencia (Comunicación y persona) / Ensayo Revista Espectros

 

¿Qué río éste que arrastra mitologías y espadas?

Es inútil que duerma

Corre en el sueño, en el desierto, en un sótano.

El río me arrebata y soy ese río.

De una materia deleznable fui hecho, de misterioso tiempo.

Acaso el manantial está en mí.

Acaso de mi sombra

Surgen, fatales e ilusorios, los días.

Heráclito

Jorge Luis Borges

12370905_10153698688428808_1535078004980417869_oNosotros, los bastardos—. Esta sombra es el yo. La modernidad para determinar la subjetividad del sujeto, esto es, su esencia, tuvo que concebirse a sí misma como tiempo: la conciencia cartesiana es el resultado de la conquista y funda la subjetividad moderna europea como conciencia solipsista. Soy nada más que tiempo, pero la sombra me informa la ilusión que organiza el orden de mis días: la sombra, en cada caso, propia. La modernidad piensa el presente como el orden trascendental de la razón, mediante la lógica, permite al sujeto no sucumbir frente a lo real. El hombre moderno no tiene otro fundamento que la pregunta por su actualidad. En esta falta de fundamento, la modernidad describe el aislamiento metafísico del hombre como ser efímero: el presente en tanto presente es el tiempo producido por la ciencia. El presente de un discurso científico. Este discurso científico no descubre el Hombre en el humano sino positividades: lenguaje, trabajo, inconsciente. La sombra no me informa sobre el ser sino sobre el orden de la representación. Pero no es ella, la sombra, la dimensión oscura del alma: la sombra es el cogito. El cogito me exige la organización de la totalidad para la certeza y seguridad de la razón: es la meditación objetiva de la esencia de la política como guerra. Un mundo donde la subjetividad se piensa bajo los límites del estado y se funda en los distintos modos seculares de la ley, necesariamente, expulsa, teme, denigra, la alteridad, condena la diferencia. ¿Qué pasa cuando sentimos que todos los órdenes de los cuales habíamos considerado como “fundantes” “eternos” y “universales” se disuelven ante los ojos de una cultura que no dejamos de percibir como inauténtica? Aparece la textura de nuestros días, los nervios de nuestra desesperación, el retorno de los brujos: la decadencia de Occidente. ¿Acaso esta decadencia no revela la disipación del cono de sombra que recaía sobre nosotros cuando Europa se pensaba a sí misma como luz? De una materia deleznable fuimos concebidos: desarraigados, implantados, mestizos.

Pero la decadencia nos revela la refutación de todos los orígenes, la duda y disolución de todos los fundamentos: la verdad trágica del bastardo es el carácter universal de toda la cultura.

Para leer el texto completo: Escrituras-de-la-decadencia_Leonardo-Sai

Publicado originalmente en el primer número de la Revista Cultural Espectros.

[La escultura es un trabajo del genial NOE SERRANO]

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