Sobre “Juego de Tronos”

Los nerds del mundo no pararán de escribir papers y más papers sobre “Juego de Tronos”. La serie me resulta absolutamente atractiva, poderosa, “adictiva”. Una excusa para la humanidad invernal. De la cama al living. “Juego de tronos” es una especie de ópera de la voluntad de apetito hobbesiana. Nos traslada a un mundo falsamente pasado y que constituye la descripción disimulada de la pre-modernidad actual de las instituciones y de la política. La Ilustración soñó borrar con el puño de la ciencia todos estos entretelones de la existencia cortesana para erigir la vida humana moldeada por las fuerzas de la razón, el rigor del método y la conducción de la lógica. Un mundo donde normas impersonales limitan la política bajo la forma abstracta de la ciencia jurídica. Un mundo donde la fuerza del trabajo se desvincula del productor, formalmente libre, para erigir al capital, cuyo destino siempre fue destruir a las naciones, subsumiéndolas, en riqueza abstracta. Un mundo donde la fuerza trágica del pensar era confrontada por el ímpetu romántico del concepto y de la Revolución. La revolución productiva de la Ilustración —el tan denostado liberalismo— trajo la mercancía y pasó a la sombra a toda la historia anterior bajo la forma de la economía del favor y la nigromancia. Una ciudadanía del mundo. Todo aquello que alguna vez fue valor y sentido se había vuelto polvo y ruinas y, no obstante, ha podido ser reconstruido con la imaginación sociológica de las ciencias humanas y de la técnica. Asombrados, hipócritamente atónitos, observamos como los fantasmas del Leviatán penetran la superficie digital de las redes. Revelan, desesperan, ese drama político (cuya inspiración nos proviene de las obras de Shakespeare y Maquiavelo) con el cual la contra-revolución y el fascismo hundieron al hombre, ya demasiado dócil, a la contemplación del estado nación como rostro propio.

Fragmento re-escrito; 27/05/2016

Daenerys-Targaryen

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Crimen y Cautela: Eugenio Zaffaroni sobre Friedrich Spee.

¿Acaso la poesía nos pueda revelar, por fin, la verdad del derecho penal? ¿Y si no fueran los juristas, los estudiosos de las ciencias sociales, sino los poetas quienes mejor han comprendido el hacer sufrir de un discurso, racionalmente, injustificable? ¿No son los poetas, pensadores esenciales, quienes más allá del pensamiento formal se enfrentan a la perplejidad, el sin sentido, y nos señalan, en absoluta humildad, la urgencia por la humanidad del hombre? El maestro congeló, por instantes, la velocidad de la coyuntura. Un 5 de mayo, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, Eugenio Raúl Zaffaroni se detuvo a dictar una conferencia sobre el poeta y teólogo jesuita, Friedrich Von Spee; ese criminólogo crítico que se opuso a los juicios por brujería, esa presencia inactual, autor de Cautio Criminalis… ese espectro que tanto regala al pensar. 

2016-05-25 (1)

Link al micro-documental: aquí
Realización: Gabriel Muro / Producción: Leonardo Sai

La pasión de los pardos: el metal pesado como sinfonía del sentimiento

            Reseña del documental “Sucio y desprolijo” de Paula Álvarez y Lucas Lot Calabró.

sucioydespro-1140x500Pensar las pasiones, ésa es la fuerza de “Sucio y desprolijo: el heavy metal en Argentina”. Contrario al trabajo del sociólogo Claudio E. Benzecry [“El fanático de la ópera: etnografía de una obsesión”; Siglo XXI; 2012] este documental de Paula Álvarez y Lucas Lot Calabró no se resiste a historizar al amor sino que se hunde en ello. Presenta el afecto al metal pesado, la génesis de ese fanatismo pergeñado en aulas de secundario, como un producto histórico cultural, social, con precisas determinaciones de clase. No se avergüenza del azote de la pasión: la expone. El campo popular siente orgullo cuando el fluir de la pasión lo arrebata como una naturaleza capaz de demolerlo todo salvo al tiempo. Un realismo de líricas que se traduce en identificación y pertenencia obrera. Iorio se siente feliz en la CGT. El documental me pone la piel de gallina. La nostalgia tiene lugar, como también lo porvenir de la escena. Me veo etiquetando los TDK, comprando la Madhouse, buscando información en Parque Rivadavia, pateando el Cemento a las cinco de la mañana, un recreo con los auriculares escuchando lo último de Megadeth, la cerveza con los primos, otra madrugada con la oreja pegada a las editoriales del maestro, del Ruso Verea. La suciedad y la desprolijidad construye su propio honor; ése honor guerrero de quien le pone el pecho al destino, ayer deseo y hoy realidad: sé vos. Es el mensaje. No se trata del honor íntimo, débil, de los mesurados, de los correctos, que buscan esa tan melancólica como insoportable protección respecto de un mundo que los vulgariza. Nada de eso. Honor de combatiente; orgullo de lucha, pasión guerrera de los caudillos de negro. La pasión aquí no es por la distancia sino por el compromiso, la representación, la fusión de la masa con el artista en el furioso pentagrama de las verdades del trabajo. El documental es preciso, tan justo como sensible. Expone las genealogías, organiza el libro de las pertenencias tribales. Discute las estúpidas dicotomías en la cuales algunas vez caímos. Una de las cuestiones centrales del documental es haber podido narrar la maduración de una experiencia colectiva alrededor de las identidades. Dejar de lado diferencias para centrarse en lo común que aglomera y fortalece: un mañana para nuestras obsesiones musicales. El metal pesado revisó su propia violencia, desde la democracia de la derrota, hasta la actualidad trasnacional de la disponibilidad de los bienes inmateriales del capital. Hemos perdido la influencia en las villas. Conjeturo, por experiencia vivida, que el metal pesado era mucho más “de abajo” antes de la crisis del Tequila que con posterioridad. Se podría decir que su violencia marginal aminoró en la medida que se volvió “más de clase media”, y que la clase media baja necesitaba construir una narrativa que la diferencie recapitulando sus impresentables orígenes menemistas. Los metaleros reconvertidos en universitarios curan las heridas de un déficit de capital cultural elevando al heavy metal a música clásica del futuro. Por estas mismas razones, hemos sanado al metal pesado, sin volverlo dócil, lo hemos trasmutado como familia hostil, esteparia, demasiado aristocrática para ser mayoría; demasiado rebelde para el mercado; demasiado popular para la victoria.

Buenos aires, 16 de Mayo de 2016

Leonardo Sai.