DE LA AFONÍA DEL TRIUNVIRATO A LA VOZ DE LAS BASES SINDICALES Y LOS MOVIMIENTOS SOCIALES.

FB_IMG_1488958165414Una crisis de representación no se “actualiza”, ni se “sube a escena”, como se reemplazan los titulares de los diarios; no se “pone” delante de los ojos por obra de ningún “infiltrado”; ni como efecto o resultado de una “mala organización”. Más allá de la carga histórica de cierto repudio que no pertenece a las generaciones más jóvenes pero que, reproduciendo ideas viejas, en cuerpos llenos de pasión, traen al presente el odio de La Tendencia a la llamada “burocracia sindical”: una crisis de representación persiste en toda la capilaridad de la sociedad como gangrena que amenaza con insensibilizar y liquidar, definitivamente, la vida de las instituciones en la anarquía de un descontrolado mercado global. Una crisis de representación que es, asimismo, una crisis de interpretación de los mínimos consensos que hacen posible el contrato civil. Una crisis que la mayoría de los dirigentes no termina de percibir (también se manifiesta en otros campos sociales, como la educación, la familia, la universidad, el campo del arte o del trabajo como crisis de autoridad) hasta que no le revienta en sus narices, escandalosamente. Como no la experimentamos en lo cotidiano, creemos que no sucederá. Pero está ahí, como el 2001, entre las cacerolas en las cuales hervimos nuestro descontento. Una crisis de representación es lo que vivismos como sociedad, y no puede abstraerse de ningún análisis político. Una crisis de representación que ya situamos en el preámbulo de la Constitución. Pero ¿quién es ése nosotros?

El nosotros que gobierna, a través del Partido del Ballotage, es una vieja alianza entre la Sociedad Rural (que siempre se oculta a través de partidos agrarios, como el radicalismo) y el capital financiero internacional. Y va quedando cada vez más en claro que nadie más tiene lugar en esa alianza. Ni las PyMES, ni los trabajadores, ni los movimientos sociales, ni los sindicatos, ni siquiera los políticos profesionales que pasan a ser tercerizados de unas tecnologías de la opinión que les dice cuando sonreír, que libreto actuar en la televisión, sin olvidar jamás la militancia del teclado y la selfie. Basta endeudarse brutalmente, para financiar importados y la posterior fuga del capital, una vez concluido el ciclo de la plata fácil y el estrangulamiento al cual se somete al mercado interno, vía recesión, ajuste fiscal, desocupación, total sequía de inversión reproductiva del capital. La propia administración pública se vuelve una sucursal para hacer negocios con las empresas de los gerentes ahora desembarcados como funcionarios, sin saber administrativo, ni trayectoria en el campo de la función pública. El resultado es un estado nacional semi-paralizado que debe, necesariamente, incluir a millones de personas a una política meramente asistencial, apenas paliativo, de millones de nuevos pobres e indigentes que la política económica de ese mismo estado no deja de producir, para bajar los “costos salariales”, “volver al mundo” y “generar confianza”. El presidente Macri dice gobernar en pos de la “unidad de los argentinos”. La unidad de su “nosotros”, en la cual el pueblo trabajador no existe.

El acto reivindicó el derecho de las organizaciones de los trabajadores a participar en el diseño de las políticas públicas y no sólo a participar sectorialmente de las discusiones salariales y de las condiciones de trabajo. Es que es la concepción y la ejecución de la política, tanto la de coyuntura como la de largo plazo, la que determina el nivel de empleo y el valor real de los salarios. Es allí, en el diálogo social, donde la CGT y los movimientos sociales claman, legítimamente, intervenir para discutir la estrategia, el largo plazo, con el fin de evitar el desmadre cortoplacista de un gobierno insustancial. No lo han logrado. Por eso, la marcha a Producción. Estos argumentos han sido explicitados, una y otra vez, públicamente, en medios de comunicación y documentos oficiales, por los dirigentes de la CGT. No es una concepción nueva.

Sostener y garantizar esa visión, participar y comprometerse en la definición del rumbo de la Nación, le costó la vida a José Ignacio Rucci, que fue asesinado por “los imberbes” que entendían que esa concepción del movimiento obrero, la concepción nacional, era en realidad una “claudicación”, por parte de una “burocracia sindical”. Ayer, como hoy, no faltan los que militan la doctrina “cuando peor, mejor”. El Edipo funciona, y los herederos de las dos consignas, “burocracia sindical” y “cuánto mejor, peor”, se hicieron presentes, alrededor de un reclamo, que políticamente no comparten. La prueba es que trataron de impedir el desarrollo del mensaje por parte del Triunvirato. Pero quien aquí escribe, no esquivará la necesaria crítica que, como sabemos, es siempre y ante todo, auto-crítica.

El trabajo cotidiano de las bases sindicales se expuso, como nunca, en la marcha del 7M. Fuimos los y las delegados/as de base los que militamos la llegada al laburante con la necesidad de que nos acompañen en la marcha, llamando a todos los trabajadores y trabajadoras, recorriendo los espacios de trabajo, explicando nuestros argumentos, al tiempo que la propia marcha de la CGT no paró de agigantarse, cada vez más actores sociales. La CGT venía manejando los tiempos, a lo largo del todo el 2016, logró plantarse en el centro de la escena de la política profesional. Desde massistas, kirchneristas, izquierdistas, socialistas, todos estaban presentes. La CGT debió hablarle, contundentemente, al conjunto de la sociedad, salir de la afonía a la cual la política profesional la tenía y tiene sujetada; plantarse definitivamente en el centro de la escena política. Titubeó, postergó una fecha en la cual todos y todas tenían expectativas, no representó con la fuerza del discurso al descontento colectivo, se recluyó en una oratoria nerviosa, fallida, sin afirmar, ni producir, la potencia política de la convocatoria social. Ni comenzó a diagramar un plan de lucha para una sociedad fragmentada que se lo reclama, ni tampoco, filas adentro, señaló el programa para un peronismo dividido. Afirmar que “de eso no se trataba la marcha” es igualar una manifestación política a una lista de asuntos a tocar por parte de un consorcio. La CGT perdió una oportunidad política, la mediática hizo el resto: re-interpretó una movilización histórica, haciendo el trabajo sucio del gobierno, como “reprimenda” y “desprestigio” de la dirigencia sindical. Y entonces de la noche a la mañana, el ansioso y siempre desconfiado medio pelo argentino, salió a pedir por las redes sociales “la cabeza de los dirigentes” sin otro norte que volver a la asamblea barrial (a las cual tampoco van), al que se vayan todos, al dictado emocional del partido de la mayoría políticamente anti-política.

Las bases del movimiento obrero organizado y los movimientos sociales de la economía popular sellaron un límite a la dirigencia sindical, el paro tiene fecha, pero el trabajo de lo porvenir no…  Por eso, urge que superemos esa afonía que también es nuestra, que nos constituye y atraviesa, con organización y responsabilidad, definiremos la identidad del preámbulo, no será otra que la voz auténtica del pueblo trabajador.

Provincia de Buenos Aires, 12 de marzo de 2017

 

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