Sobre “La chica del tren”.

20170325_174634Vemos, a través de una ventana, el espejo de nuestros ideales. Proyectamos una felicidad en los otros hecha de nuestras miserias, resentimientos, envidias, fracasos. El tiempo corre, al igual que un tren que se desplaza, hacia la repetición de la rutina —esa que tanto detestamos pero a la cual nos aferramos, por lo menos, con una forma— y la biología nos urge con el peso y la coerción que la sociedad ha puesto ahí… como destino del amor: una casa, una familia, el besarse de la pareja en la terraza, la foto de la cena, el hermoso bebe; sano, con su padre que llega del trabajo, la niñera que ayuda. Pero, debajo del ideal, arden los infiernos. Y, lo que se presentaba como delirio psicótico de una mujer, testimonia el rostro inenarrable del agresor verdadero; la eficaz identificación con el abusador. Un film pensado desde el género, dibuja esos lugares comunes que acechan, prejuiciosamente, el desamor de solos y solas. Es cuando llega la venganza real, una inesperada alianza, que romperá, definitivamente, el falso marco de las sonrisas y selfies matrimoniales.

25/03/2017

L.S.

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