Nota breve sobre la llamada “modernización del estado”.

La globalización es una poderosa ideología —que condiciona las acciones de los estado nación construyendo una opinión pública moldeada por la concentración de la comunicación social a través de empresas monopólicas u oligopólicas— basada en una mirada individualista de la acción social. Promocionada y financiada por empresas transnacionales, produjo un fuerte debilitamiento del poder político del trabajo y de la negociación colectiva como instrumento de la distribución del ingreso.

Una “modernización” sin actores sociales organizados y establecida en visiones reduccionistas de la sociedad (“la sociedad no existe, solo existen los individuos”, afirma Alejandro Rozitchner, escritor de los discursos presidenciales, siguiendo las enseñanzas de Margaret Thatcher) es lisa y llanamente una colonización de la administración pública contra su posibilidad misma de ser moderna, desarrollada, nacional.

Cabe destacar que la “modernización” del Partido del Ballotage se encuentra básicamente estructurada en cinco ejes que establece el Decreto 434/16 “Plan Modernización del Estado”, a saber: 1) Plan de tecnología y gobierno digital, 2) gestión integral de los recursos humanos, 3) gestión por resultados y compromisos públicos, 4) gobierno abierto e innovación pública y 5) estrategia país digital.

Esa “modernización” del estado hace de ésta una sucursal de experimentos doctrinarios producidos en el exterior y con una finalidad inocultable: sustraer la función pública del control del pueblo y ponerla a disposición de la denominada “seguridad jurídica” para flujos de inversión extrínsecos, contingentes, de corto plazo y sin interés en el desarrollo productivo del espacio nacional. Una vidriera para el powerpoint ocasional de otro Davosito para el olvido.

El campo del trabajo afronta no solo el difícil desafió de trascender sus fronteras nacionales para abrazar coaliciones internacionales de resistencia y liberación respecto de empresas y organismos supra e internacionales. No solo debemos, desde las organizaciones sindicales, mejorar la representación de los trabajadores. También debemos y necesitamos incorporar a los movimientos sociales y sus redes cooperativas, a la organización política de las minorías, para la construcción de un poder gremial más organizado, democrático, con mayor densidad política, aumentando y enlazando la actividad gremial y revitalizándola desde los márgenes de su estructura tradicional haciendo protagonistas a los nuevos trabajadores, a las nuevas generaciones de dirigentes, recreando el peronismo.

web18_0¿Qué duda cabe que si esa famosa “mesa de diálogo” donde Mauricio Macri afirma sus “consensos básicos” para la televisión  fuera verdaderamente producida por organizaciones gremiales y movimientos sociales para la planificación de unidades administrativas de emergencia social sería la propia función pública la que daría un salto cualitativo, participativo, profundamente ciudadano? Solo una informatización o reforma tecnológica sobre tales fundamentos solidarios moderniza la función pública o al propio aparato de justicia.

La falta de los mismos solo visibiliza un estado virtual vuelto pantalla digital contra la cual se estrella la furia del ciudadano estafado y reducido a usuario y consumidor de globitos pinchados.

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 Buenos Aires, marzo de 2018

 

 

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