Come democracia, traga libertad.

Se le impone a la sociedad argentina un sufrimiento sin sentido. El llamado “nuevo” acuerdo con el FMI no es otra cosa que dinero para pagar deuda y sometimiento político del estado al dictado del sistema internacional del dólar y su sostenimiento como geopolítica norteamericana contra China y Rusia. Asegurarse que estados pequeños sufran décadas de compromisos en dólares equivale a asegurar zonas de influencia, compras de empresas locales a precios muy bajos, negocios permanentes donde volcar los excedentes del Norte. La escasa, mínima, política monetaria acaba de ser absolutamente pulverizada por el puño de los dogmas monetaristas. Hemos vuelto a una tablita cambiaria típica del terrorismo de estado, esto es, de las medidas que se instrumentan desde el estado cuando las clases que se alían —esta vez mediante un partido político y no mediante las fuerzas armadas— son la burguesía financiera internacional y la burguesía terrateniente. El resultado político es un gobierno que congela la dinámica social, que la reprime bajo shocks, que deshace todo el tejido nacional mediante extranjerización, importación, aumento del desempleo: el azote de la oligarquía no solo empobrece al pueblo a niveles de indigencia (que aún no hemos visto) sino que arrasa a la clase media a la desesperación. La cabeza absolutamente colonizada de nuestro inmoral presidente será materia de estudios empíricos durante algún tiempo. No solo porque este hombre cree que sabe algo (¿economía? No ¿ingeniería? ¿política? No ¿derecho? Menos ¿inglés? y hasta ahí) sino por lo patético de la escena. El FMI puso los dólares suficientes para que la Argentina pague deuda pero no puede frenar la fuga del capital que retorna a la seguridad de las tasas de interés de la FED. Simplemente, cuidó, en el corto plazo, que el compromiso internacional y geo-político norteamericano no colapse ante la cena de fin de año del G-20 en términos estrictamente internacionales. A la política doméstica, le impone la cura de “la enfermedad” (inflación) con un cáncer fulminante (tasas de interés que no pararán de subir, con el 60% de piso) Si la inflación no avanza hacia la híper es porque la actividad económica está muerta, no porque haya dado resultado ningún programa económico. Aquí ya no hay política económica sino contabilidad. El único “negocio” es sacar la plata, del país o del banco, y esperar una diferencia que se diluye como ahorro pírrico. A su vez, tampoco los capitales fugados retornarán al país (en el cálculo de la diferencia con el peso devaluado) si el mercado dentro del espacio nacional no reconoce una moneda con la cual estabilizar la acumulación interna del capital. El gobierno ha deshecho el peso. A diferencia de una sociedad planificada, una sociedad capitalista requiere del mercado para organizar el lazo social. Es el mercado el que organiza a la sociedad en el marco del capital, y no al revés. La Alianza Cambiemos al no poder detener el alza del dólar concibe el precio del peso por colapso recesivo, la lucha de los capitales por no perder una moneda y remarcar tiene ése límite, que no tardará en producir cuasi-monedas a través de las provincias. Este (des)gobierno ha alterado la percepción colectiva de los hechos sociales (que en una economía capitalista se da principalmente a través del movimiento superficial de la moneda, y su circulación, los precios) de forma tal que cada cual cree ver valores que ya no existen, o existieron, porque ya no encuentran poder de compra: el dólar llegará adónde tenga que llegar (no hace falta “secar la plaza y no emitir” porque ya es gigante la bicicleta en deuda de pesos que en cuanto venzan se van a ir por los verdes) porque su única dirección es la depreciación absoluta de la fuerza de trabajo argentina. Solo la lucha del pueblo puede poner un límite a esta desvalorización sin freno.

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La juventud del 2001 “a la Vaticana” afirma que hay que esperar el momento de las urnas porque quiere paz social a toda costa y denuncia como “duhaldista” al golpe de estado o a las elecciones anticipadas. Como si la democracia liberal fuese un hecho sagrado con el cual solo los liberales pueden limpiarse el orto. Los curas no podrán acompañarnos a la hora de hacer historia, pondrán la otra mejilla, y tendrán compasión con el enemigo de clase. Dirán “lo que es de Macri dénselo a Macri, lo que es del pueblo, etc”. Pero, justamente, lo que es del César no es del César sino del pueblo. Es cuerpo, materialidad, cuyo destino es reconocimiento y ser propio. Administrar la crisis para que el pueblo se evite ver con sus propios ojos al enemigo es contenerlo en el temor a Dios como temor al Estado: es presentar al Crucificado para neutralizar el levantamiento popular. Pero D’s tiene maestros que se inspiran en lo absoluto, pero carece de representantes terrenales. La violencia del pueblo es divina porque conduce a su lucha una idea de liberación en la cual es lo humano lo que brilla ante las ruinas de ídolos y becerros.

La destitución popular de Macri no será “un hecho lamentable de nuestra democracia” sino una forma de perdonarnos a nosotros mismos; un modo apenas justo de comenzar a reparar el daño y la pobreza que le hemos generado a nuestros hijxs.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 27 de septiembre de 2018

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Sobre unas fotos recientemente publicadas del señor John Lydon

¿Cuál es la reflexión? ¿Qué finalmente nuestro amigo de la vida ha engordado demasiado y que en lugar de un punk rocker se parece, físicamente, a un sucio gordo de la CGT? ¿Muy lejos de SID, demasiado cerca de nuestras impresentables tías? El destino de la rebeldía sin política (sin construcción colectiva) de los artistas es la digestión por parte del capitalismo. Exponerlo, pasearlo, como trofeo de una íntima traición. De una agresividad vuelta sobre sí mismo. Victoria de la mercancía sobre un pobre humano, demasiado humano. ¿Cuánto más podría resistirse a la cómoda vida que neutraliza el pensamiento, la crítica, el nervio cuya energía está ahí, aún conservada, en el streaming de la red? Los mediocres se hacen un festín con las fotos, lo señalan con el dedito, “ahí lo tenés al anarquista”, “mirá cómo terminó”, etc. Insensibles a la tristeza de la pérdida de la juventud, que es la máquina, el fuego mismo del rock and roll. El rock es el intento de ser joven siempre, de rebelarse contra la esencia, de mutar de una forma a otra sin llegar a consolidarla, de no llegar jamás a ser aquello que nos hace ser lo que somos. De resistirse a la identidad. La digestión de Lyndon por el mercado es quizás muy vieja, sucedió hace tanto tiempo que ni vale la pena puntualizarla en su trayectoria. La prensa amarilla nos vomita esa digestión, absolutamente realizada, e incapaz de soportarlo, estéticamente. Lo ridiculiza para ridiculizar su legado. Presenta su antítesis exacta. Obeso, comprando en shoppings, arrastrando una valija con el escudo del Arsenal FC y una bolsa de compras del free shop… La contracara de aquél flaco histérico, que usaba clips de aritos, y quería anarquía para su descompuesta, podrida, ciudad liberal. Sin embargo, todo esto no es cierto.

Nuestro amigo sigue siendo el amigo- payaso, puteador incansable de la sociedad con la misma voluntad de denunciar la falta de responsabilidad por los otros, su convicción de que la opción correcta es una voluntad de verdad y no de negación, siempre lleno de sentido del humor, provocación, nos invita a otra ronda de birra. En alguna entrevista en la CNN, Rotten afirma que apoya a Obama, x Obamacare, que no puede conectarse con una sociedad que no cuide a su gente. Por ahí también afirma que “no votar es demandar que te ignoren… leé todo lo que puedas y descubrí quién te está usando…”.

No sé muy bien qué esperan “los fans” cuando un artista ya hace tiempo ha dado lo mejor que tenía para dar.

Yo sigo esperando lo mismo: sinceridad, honestidad, sentido del humor. Una relación con la identidad en el juego irrefrenable de la diferencia.

Todo lo demás es ya política, contentar al otro, estar en forma.

 

Rusia 2018

Otra vez la falsa felicidad deportiva,

y la esperanza del éxito robado,

Obelisco sangriento,

Mugriento, miserable,

las masas esperan a Papa Noel bajando del micro,

la selección del fútbol mundialista agitada por faso, alcohol y locura barrabrava,

otra vez con el juego de la pelota nos coartan libertades,

la pelota no puede permanecer inocente:

siempre está manchada,

embarrada, sucia, infecta de nuestro fracaso civil;

Todos los lobos son ovejas,

todos los traidores salen a gritar:

¡Viva Argentina carajo!

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Gracias a Dios por Diego Armando Maradona

30/06/2018

L.S.

Naturaleza muerta.

La máquina está adentro nuestro, nos actúa emancipada de los restos industriales de ayer: ella ahora nos conduce, despóticamente, a la cinta transportadora de la carne que suda, corriendo frenéticamente, como si nos persiguiera la parca.

Lo fundamental, para el suplicio del cuerpo indisciplinado, es la sencillez del gimnasio. Planos simples, clavijas, palancas, espejos por doquier, poleas, máquinas de aerobics, furioso reggaetón, barras, caras asociadas al dolor, a la presión sanguínea, al esfuerzo, se multiplican entre las paredes; gritos, resoplos, éxito y entrega del cuerpo propio vuelto experimento.

Los gimnasios son “unidades básicas de la salud”, un espacio donde se sociabiliza el ideal de belleza trabajada, forzada, endurecida; pero nadie se mira de cerca, ni conversa; su sociabilidad es como la de los baños de estaciones: mirar hacia arriba, mirar hacia el frente, comentar lo que se comenta, hacé la tuya.

Todo en el gimnasio es cuantitativo, prescriptivo, indicativo: electrocardiograma, proporción de grasa corporal, estatura, peso, colesterol, cantidad de glóbulos, hierro, análisis de orina; el ejercicio es una filigrana donde la medicina mide la calidad de vida, la expectativa de vida, la propia resignación para con el dejarse estar y morir.

El ejercicio es un combate contra el tiempo, un estar 24hs en guardia contra la enfermedad, un deseo de auto-conservarse para siempre. ¡No somos suicidas: estamos en forma! El sano, el fervoroso, el enérgico… El distinto. Más ligero, más fuerte, más eficiente, menos tóxico.

Sin embargo, las horas que pasamos para mantener el cuerpo como vida bella tienen el precio del auto-empobrecimiento de la persona. La que ahora se vuelve un proselitista del bienestar, un testigo de Jehová de su experiencia desintoxicante, plena, vos también podés salvarte, vos también podés hacer ejercicio, vos también podés ser feliz.

El gimnasio es un espectáculo biológico presentado como amor propio y superación de sí mismo. Quien milita sus músculos, se vuelve un soldado de la medicina, de la salud, el paciente más perfecto y obediente de un cuerpo controlado, numerado, sin intimidad

Expuesto todo el tiempo, se desliza, se maquina, registra la inquietud de una mirada mezcla de vergüenza, inferioridad, sugestión competitiva; y sobre el rendimiento surgirá el nuevo yo. Producto aumentado de la cirugía, de la química, el cuerpo se reconocerá en la propaganda de sus suplementos —un nuevo Hulk, una nueva anoréxica— como copia eficiente de la cinta transportadora; un cuerpo que se deshizo de su personalidad, de su historia, un cuerpo cualquiera, para un ego uniforme, un cuerpo corregido.

Victoria de la salud contra el estilo.

 

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Foto de “Naturaleza muerta”, exposición en el Centro Cultural Recoleta, del Colectivo Artístico DOMA

 

Provincia de Buenos Aires, Junio de 2018.

L.S.

Nota breve sobre la llamada “modernización del estado”.

La globalización es una poderosa ideología —que condiciona las acciones de los estado nación construyendo una opinión pública moldeada por la concentración de la comunicación social a través de empresas monopólicas u oligopólicas— basada en una mirada individualista de la acción social. Promocionada y financiada por empresas transnacionales, produjo un fuerte debilitamiento del poder político del trabajo y de la negociación colectiva como instrumento de la distribución del ingreso.

Una “modernización” sin actores sociales organizados y establecida en visiones reduccionistas de la sociedad (“la sociedad no existe, solo existen los individuos”, afirma Alejandro Rozitchner, escritor de los discursos presidenciales, siguiendo las enseñanzas de Margaret Thatcher) es lisa y llanamente una colonización de la administración pública contra su posibilidad misma de ser moderna, desarrollada, nacional.

Cabe destacar que la “modernización” del Partido del Ballotage se encuentra básicamente estructurada en cinco ejes que establece el Decreto 434/16 “Plan Modernización del Estado”, a saber: 1) Plan de tecnología y gobierno digital, 2) gestión integral de los recursos humanos, 3) gestión por resultados y compromisos públicos, 4) gobierno abierto e innovación pública y 5) estrategia país digital.

Esa “modernización” del estado hace de ésta una sucursal de experimentos doctrinarios producidos en el exterior y con una finalidad inocultable: sustraer la función pública del control del pueblo y ponerla a disposición de la denominada “seguridad jurídica” para flujos de inversión extrínsecos, contingentes, de corto plazo y sin interés en el desarrollo productivo del espacio nacional. Una vidriera para el powerpoint ocasional de otro Davosito para el olvido.

El campo del trabajo afronta no solo el difícil desafió de trascender sus fronteras nacionales para abrazar coaliciones internacionales de resistencia y liberación respecto de empresas y organismos supra e internacionales. No solo debemos, desde las organizaciones sindicales, mejorar la representación de los trabajadores. También debemos y necesitamos incorporar a los movimientos sociales y sus redes cooperativas, a la organización política de las minorías, para la construcción de un poder gremial más organizado, democrático, con mayor densidad política, aumentando y enlazando la actividad gremial y revitalizándola desde los márgenes de su estructura tradicional haciendo protagonistas a los nuevos trabajadores, a las nuevas generaciones de dirigentes, recreando el peronismo.

web18_0¿Qué duda cabe que si esa famosa “mesa de diálogo” donde Mauricio Macri afirma sus “consensos básicos” para la televisión  fuera verdaderamente producida por organizaciones gremiales y movimientos sociales para la planificación de unidades administrativas de emergencia social sería la propia función pública la que daría un salto cualitativo, participativo, profundamente ciudadano? Solo una informatización o reforma tecnológica sobre tales fundamentos solidarios moderniza la función pública o al propio aparato de justicia.

La falta de los mismos solo visibiliza un estado virtual vuelto pantalla digital contra la cual se estrella la furia del ciudadano estafado y reducido a usuario y consumidor de globitos pinchados.

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 Buenos Aires, marzo de 2018

 

 

Otoño

miles davis photoLa humedad del Otoño transpira habitaciones;

recorre, con su niebla, telarañas de memoria,

hace visible al insecto que nos habita el alma;

El verano —con su existencia superficial, banal, meramente exterior— se declara, oficialmente, muerto;

Ahora es el reino de las hojas que marchitan, del silencio de la luna, del viento que susurra contra el ser que se repliega a sí mismo,

hojas en el aire, hojas en el suelo, bellotas, interioridad, voluntad de hundirse sobre sí;

Aún nos queda algo de Otoño en la devastación de la tierra,

la que ante nuestros ojos abre sus entrañas con tormentas…

destruyéndolo todo;

El Otoño avanza, con su romanticismo de eremita,

nos invita a aprender del dolor,

a superar al viejo que ya somos….

para señalar la madurez del hombre que seremos,

que brotará…

En la serenidad del que deja caer lo no necesario,

y abraza, meditativo, la humildad de lo verdadero.

10/05/2018

L.S.

Los ojos son de la noche

Una ceguera inicial determina la existencia,

los ojos han tenido que abrirse, el ver es un disponerse a ver,

el que mira es, ante todo, un ciego que no puede verse a sí mismo;

El hombre quiere ver y, a la par, se siente visto:

No existe en nosotros una soledad total:

la huida hacia la soledad es el testimonio de una indescifrable compañía…

Una ceguera inicial determina nuestra vida interior;

En esas tinieblas, los ojos no se dan a ver;

El respiro y la visión se dan al mismo tiempo,

en un mismo acto, apuntan al cielo, la vida que nace, hacia arriba;

Irresistiblemente brota la vida, desde la noche, desde el infierno, hacia arriba,

llamada por la oscuridad, que se derramará en luz, una vez herida por la aurora:

Una aurora que será, a su vez, entraña de la sombra:

Una visión, en la luz, que centellea,

en los ojos de la noche.

18/01/2018

L.S.