Rusia 2018

Otra vez la falsa felicidad deportiva,

y la esperanza del éxito robado,

Obelisco sangriento,

Mugriento, miserable,

las masas esperan a Papa Noel bajando del micro,

la selección del fútbol mundialista agitada por faso, alcohol y locura barrabrava,

otra vez con el juego de la pelota nos coartan libertades,

la pelota no puede permanecer inocente:

siempre está manchada,

embarrada, sucia, infecta de nuestro fracaso civil;

Todos los lobos son ovejas,

todos los traidores salen a gritar:

¡Viva Argentina carajo!

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Gracias a Dios por Diego Armando Maradona

30/06/2018

L.S.

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Naturaleza muerta.

La máquina está adentro nuestro, nos actúa emancipada de los restos industriales de ayer: ella ahora nos conduce, despóticamente, a la cinta transportadora de la carne que suda, corriendo frenéticamente, como si nos persiguiera la parca.

Lo fundamental, para el suplicio del cuerpo indisciplinado, es la sencillez del gimnasio. Planos simples, clavijas, palancas, espejos por doquier, poleas, máquinas de aerobics, furioso reggaetón, barras, caras asociadas al dolor, a la presión sanguínea, al esfuerzo, se multiplican entre las paredes; gritos, resoplos, éxito y entrega del cuerpo propio vuelto experimento.

Los gimnasios son “unidades básicas de la salud”, un espacio donde se sociabiliza el ideal de belleza trabajada, forzada, endurecida; pero nadie se mira de cerca, ni conversa; su sociabilidad es como la de los baños de estaciones: mirar hacia arriba, mirar hacia el frente, comentar lo que se comenta, hacé la tuya.

Todo en el gimnasio es cuantitativo, prescriptivo, indicativo: electrocardiograma, proporción de grasa corporal, estatura, peso, colesterol, cantidad de glóbulos, hierro, análisis de orina; el ejercicio es una filigrana donde la medicina mide la calidad de vida, la expectativa de vida, la propia resignación para con el dejarse estar y morir.

El ejercicio es un combate contra el tiempo, un estar 24hs en guardia contra la enfermedad, un deseo de auto-conservarse para siempre. ¡No somos suicidas: estamos en forma! El sano, el fervoroso, el enérgico… El distinto. Más ligero, más fuerte, más eficiente, menos tóxico.

Sin embargo, las horas que pasamos para mantener el cuerpo como vida bella tienen el precio del auto-empobrecimiento de la persona. La que ahora se vuelve un proselitista del bienestar, un testigo de Jehová de su experiencia desintoxicante, plena, vos también podés salvarte, vos también podés hacer ejercicio, vos también podés ser feliz.

El gimnasio es un espectáculo biológico presentado como amor propio y superación de sí mismo. Quien milita sus músculos, se vuelve un soldado de la medicina, de la salud, el paciente más perfecto y obediente de un cuerpo controlado, numerado, sin intimidad

Expuesto todo el tiempo, se desliza, se maquina, registra la inquietud de una mirada mezcla de vergüenza, inferioridad, sugestión competitiva; y sobre el rendimiento surgirá el nuevo yo. Producto aumentado de la cirugía, de la química, el cuerpo se reconocerá en la propaganda de sus suplementos —un nuevo Hulk, una nueva anoréxica— como copia eficiente de la cinta transportadora; un cuerpo que se deshizo de su personalidad, de su historia, un cuerpo cualquiera, para un ego uniforme, un cuerpo corregido.

Victoria de la salud contra el estilo.

 

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Foto de “Naturaleza muerta”, exposición en el Centro Cultural Recoleta, del Colectivo Artístico DOMA

 

Provincia de Buenos Aires, Junio de 2018.

L.S.

Nota breve sobre la llamada “modernización del estado”.

La globalización es una poderosa ideología —que condiciona las acciones de los estado nación construyendo una opinión pública moldeada por la concentración de la comunicación social a través de empresas monopólicas u oligopólicas— basada en una mirada individualista de la acción social. Promocionada y financiada por empresas transnacionales, produjo un fuerte debilitamiento del poder político del trabajo y de la negociación colectiva como instrumento de la distribución del ingreso.

Una “modernización” sin actores sociales organizados y establecida en visiones reduccionistas de la sociedad (“la sociedad no existe, solo existen los individuos”, afirma Alejandro Rozitchner, escritor de los discursos presidenciales, siguiendo las enseñanzas de Margaret Thatcher) es lisa y llanamente una colonización de la administración pública contra su posibilidad misma de ser moderna, desarrollada, nacional.

Cabe destacar que la “modernización” del Partido del Ballotage se encuentra básicamente estructurada en cinco ejes que establece el Decreto 434/16 “Plan Modernización del Estado”, a saber: 1) Plan de tecnología y gobierno digital, 2) gestión integral de los recursos humanos, 3) gestión por resultados y compromisos públicos, 4) gobierno abierto e innovación pública y 5) estrategia país digital.

Esa “modernización” del estado hace de ésta una sucursal de experimentos doctrinarios producidos en el exterior y con una finalidad inocultable: sustraer la función pública del control del pueblo y ponerla a disposición de la denominada “seguridad jurídica” para flujos de inversión extrínsecos, contingentes, de corto plazo y sin interés en el desarrollo productivo del espacio nacional. Una vidriera para el powerpoint ocasional de otro Davosito para el olvido.

El campo del trabajo afronta no solo el difícil desafió de trascender sus fronteras nacionales para abrazar coaliciones internacionales de resistencia y liberación respecto de empresas y organismos supra e internacionales. No solo debemos, desde las organizaciones sindicales, mejorar la representación de los trabajadores. También debemos y necesitamos incorporar a los movimientos sociales y sus redes cooperativas, a la organización política de las minorías, para la construcción de un poder gremial más organizado, democrático, con mayor densidad política, aumentando y enlazando la actividad gremial y revitalizándola desde los márgenes de su estructura tradicional haciendo protagonistas a los nuevos trabajadores, a las nuevas generaciones de dirigentes, recreando el peronismo.

web18_0¿Qué duda cabe que si esa famosa “mesa de diálogo” donde Mauricio Macri afirma sus “consensos básicos” para la televisión  fuera verdaderamente producida por organizaciones gremiales y movimientos sociales para la planificación de unidades administrativas de emergencia social sería la propia función pública la que daría un salto cualitativo, participativo, profundamente ciudadano? Solo una informatización o reforma tecnológica sobre tales fundamentos solidarios moderniza la función pública o al propio aparato de justicia.

La falta de los mismos solo visibiliza un estado virtual vuelto pantalla digital contra la cual se estrella la furia del ciudadano estafado y reducido a usuario y consumidor de globitos pinchados.

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 Buenos Aires, marzo de 2018

 

 

Otoño

miles davis photoLa humedad del Otoño transpira habitaciones;

recorre, con su niebla, telarañas de memoria,

hace visible al insecto que nos habita el alma;

El verano —con su existencia superficial, banal, meramente exterior— se declara, oficialmente, muerto;

Ahora es el reino de las hojas que marchitan, del silencio de la luna, del viento que susurra contra el ser que se repliega a sí mismo,

hojas en el aire, hojas en el suelo, bellotas, interioridad, voluntad de hundirse sobre sí;

Aún nos queda algo de Otoño en la devastación de la tierra,

la que ante nuestros ojos abre sus entrañas con tormentas…

destruyéndolo todo;

El Otoño avanza, con su romanticismo de eremita,

nos invita a aprender del dolor,

a superar al viejo que ya somos….

para señalar la madurez del hombre que seremos,

que brotará…

En la serenidad del que deja caer lo no necesario,

y abraza, meditativo, la humildad de lo verdadero.

10/05/2018

L.S.

Los ojos son de la noche

Una ceguera inicial determina la existencia,

los ojos han tenido que abrirse, el ver es un disponerse a ver,

el que mira es, ante todo, un ciego que no puede verse a sí mismo;

El hombre quiere ver y, a la par, se siente visto:

No existe en nosotros una soledad total:

la huida hacia la soledad es el testimonio de una indescifrable compañía…

Una ceguera inicial determina nuestra vida interior;

En esas tinieblas, los ojos no se dan a ver;

El respiro y la visión se dan al mismo tiempo,

en un mismo acto, apuntan al cielo, la vida que nace, hacia arriba;

Irresistiblemente brota la vida, desde la noche, desde el infierno, hacia arriba,

llamada por la oscuridad, que se derramará en luz, una vez herida por la aurora:

Una aurora que será, a su vez, entraña de la sombra:

Una visión, en la luz, que centellea,

en los ojos de la noche.

18/01/2018

L.S.

Antes de hablar de Pueblo este diciembre (fragmento)

Emancipate yourselves from mental slavery
None but ourselves can free our minds
Have no fear for atomic energy
‘Cause none of them can stop the time
How long shall they kill our prophets
While we stand aside and look? Ooh
Some say it’s just a part of it
We’ve got to fulfill the Book

B.Marley

 

No podemos hablar del pueblo sin haber logrado antes silencio interior. 

Los oprimidos del mundo no son materia prima para ejercicios literarios: son nosotros mismos en nuestro dolor, la posibilidad del sentido, religación entre pensamiento y vida. Sin el silencio de la tribuna, de la opinión, del foro, sin ningún interés pragmático, “realista”, ni expectativas, ni resentimientos, no podemos elaborar ningún discurso acerca del campo popular. Sin tales condiciones, no se puede hablar de pueblo. Y solamente proyectaremos nuestra ideología que, como sabemos, ya tiene respuestas para todo.

El campo popular no es un uso para alguna utilidad, para fabricar algún ídolo, para inventar alguna meta-energía. Tampoco es una especialidad elitista de ninguna clase. El campo popular no está monopolizado por ninguna tradición política, nación, partido, gremio, institución, ideología, carece de “sectarismos”. Es imposible hablar sin lenguaje. Por eso, no debe confundirse el campo popular del cual hablamos con el cúmulo de interpretaciones que le dan expresión. El pueblo es, por necesidad, un discurso polisémico. Tampoco es un objeto del conocimiento o creencia. Pueblo no es información. Tiene afinidad con el símbolo. Es, él mismo, hermenéutico. ¡Si esto no es el pueblo, el pueblo ¿dónde está?! Pero nadie ha visto nunca al pueblo. Permanece oculto, y cuando emerge: une a los oprimidos; y los expresa: simbólicamente. Al hacerlo, se producen muchas nociones sobre el campo popular, pero ninguna lo “concibe”. Esto quiere decir que intentar limitar, concebir, definir al pueblo es una creación de nuestro pensamiento. Pero el pueblo es más grande que nuestro corazón.

Nadie entiende al pueblo; el campo popular no es un asunto del entendimiento: es nuestra propia sensibilidad en el mundo. Es un ideal de redención, una sustracción del concepto, del orden de la opresión, cualquiera sea ésta. Una promesa de justicia. Solo en este sentido místico: el pueblo jamás se equivoca. Y, nunca sabremos, a ciencia cierta, lo que un pueblo es.

No obstante, la repetición de las derrotas históricas no cesa de indicarnos, más bien, lo que no es.

Pareciera que hemos producido un razonamiento circular. Intentamos, sin embargo, afirmar algo muy concreto: que la más simple experiencia en el campo popular rompe nuestro aislamiento y soledad.

El campo popular es lo extraño, lo ajeno irreconocible, rechazado, extirpado por el peso de la conquista, todo lo que ella nos falseó para que sintamos ése orgullo nacional, patéticamente, limitado, deportivo; el pueblo clama un devenir consciente de esas raíces sangrientas raíces que quebrantan nuestra identidad, respetándola.

La Patria no es; será siempre, más allá del bien y del mal: lo que falsea la tierra del pueblo para que éste decida morir por el estado.

Quizás, así, interiormente exiliados, de esos viejos ídolos (vueltos más fuertes que nunca; parlamentarios de la nación última, la màs grande, global)…. Interiormente exiliados, dejaremos de apoyarnos en aquél que nos golpea.

Y concebiremos un mañana… Desbordante de justicia.

16/12/2017

L.S.

Texto leído en RADIORUIDO x el Ruso Verea, acá el podcast para escuchar el programa

La disciplina del puño (2014)

A Dos Minutos, por tanta música, por tanta alegría

La disciplina de la calle encuentra al boxeo, es un trabajo de iniciación: El boxeador, el pugilista, esgrime un saber del cuerpo. Los clubes de boxeo de los barrios negros de Chicago no fueron solamente el refugio de los tiros y de la sustancia en ciudades fantasmas, con decorado gansta, ventanas atrancadas con tablones, carteles de comercios antes prósperos cubiertos de hollín, industrias que son galpones harapientos: La muerte reparte la sortija del desempleo pandémico. De este entorno hostil, nace, como flor de loto de la violencia, la sociabilidad protegida del Gimnasio, los clubes de boxeo. Espacio relativamente cerrado, pletórico de códigos, donde las presiones de la calle encuentran el oxígeno de un límite y una catarsis productiva, allí el guetto se piensa virtuoso. Las cuatro paredes que gobiernan el puño son todo el asunto… Y el honor masculino le canta al orgullo de una tradición y de una pertenencia.

En los clubes de boxeo, la conversación es un ritual. El orden de quienes tomen la palabra es una jerarquía con la cual hay que hacerse, el respeto tiene el peso de lo merecido. Los entrenadores tiene preferencia, algunos viejos que frecuentan los gimnasios buscan la joya que brota de cualquier lado del humano. Un leve tufillo de empleados municipales se levanta como de fondo, puede ser mate de la mañana tempranera, “mi madre se siente orgullosa de mí”, lo profano, lo degradado por la sociedad desocupado es ahora motivo del sacrificio: El mundo sagrado de quien sabe evitar los golpes de la vida, del puño.

El arte masculino de la piña es una ética. La tele solo nos presenta las putas y las causas penales del pugilista, pero estos hombres suelen alcanzar otras alturas más allá de las tentaciones del poder. Nadie logra hacerse con el saber del pegar si la energía física, mental, emocional no se encamina, metódicamente, y consigue en el cuadrilátero la revancha que la psiquis desea en lo inconsciente. Todo pugilista, boxeador de sí, moldea su relación con el acto del comer como una actividad fisico-simbólica, incorporada, analizada con medicina, un momento del oficio. En este catecismo, la energía no puede disiparse. La vida personal no aumenta, sino decrece, se concentra toda en el cuadrilátero. La ascesis recorta en lo sexual y en la joda de los amigos. El interés pugilístico debe acapararlo todo, el músculo debe escribir la ley de esta ascesis como una escritura del cuerpo: levantarse al alba para correr, fichar en el gimnasio cada tarde, son 15 o 20 rondas de boxeo con la sombra, bolsas, sparring, saltar la soga, volver derecho a casa, baño, descanso, retiro temprano para las 8 horas de sueño. Austera, aburrida: el boxeador es un solo… Un eremita de barrio bajo.

Algo de toda esta sabiduría todavía se destila en los variopintos gimnasios de nuestro localismo; Paisaje de barrio donde los muchachos y muchachas, preocupados porlos rollos, las celulitis, el culo que se inclina y ve el infame desvanecerse de su forma firme, el transpirarse como pollo que revienta en microondas, los espejos que se comparan, el ritmo idiota de lo electrónico, las calzas, el henchido del Ego, bajo dosis, con esa creatina que promete un poco de brillo para la Disco del Sábado Frenético. Aunque, también, es posible encontra, en esas cuatro paredes que llaman al trabajo del amor propio, una forma de conciencia sobre la conducta: la posibilidad de la salud.

También podríamos hablar del Negocio mundial. El que se implica en las grandes cadenas del deporte espectáculo, los relatos del estrellato, el cúmulo de verdes que rodean al boxeador… la sonrisa de los excesos que se siguen, uno a uno, al ocaso de aquella virtud trabajada con paciencia de orfebre… Anuncian el desparramarse de toda clase de vicios.

Pero esa es la historia, la que ya conocemos, la del éxito y la caída: el juego de vampiro de la masa y del periodista.

dos potencias se saludan