Economía política criminal: ensayo sobre el caso Luciano Arruga (2009)

1392438_10202353324857658_521277652_nBestiario bonaerense—. Lo que una sociedad mastica, lee, escucha, es decir, libidiniza, bajo la producción mercantil, son modos de relacionarse con lo que alguna vez se denominó trascendencias. Para una sociedad anómica, del sálvese quien pueda, vale todo, el clima de inseguridad se torna extremo, imperioso, necesario. Dicen los antropólogos que los sicarios le piden a María Auxiliadora que no les vaya a fallar, que les afine la puntería cuando disparen, que les salga bien el negocio. La literatura latinoamericana, bajo el signo neoliberal, se produjo como escritura de lo corpóreo, bordeando el límite de lo obsceno, del asco, de lo decible o, sin más, liquidándose en ese límite mismo. Escuetamente: letras de una modernidad excluyente. Somos arcaicos contemporáneos de una literatura, de un cine, de una televisión que hace del horror, de lo animal y bestial humano, un objeto de goce, de saber, de consumo: Sin humanidad y sin deseo, las escenas de nuestra mórbida mundaneidad definen su ley en una abolición, paradójica, de lo prohibido. Todo sucede, sin embargo, como si el retiro de un garante trascendente de la seguridad hubiera dejado subsistir, como su sombra, un absoluto deseo de estar amparado contra todas las incertidumbres de la existencia. En ese sentido, los cuentos de Sebastián Pandolfelli constituyen el testimonio de un Welfare State que ya no puede reconvertir la miseria en clase trabajadora pero alienta su consumo con Pizza, birra y faso:

Es tarde en la noche. Alegría y enigma de una hora extraña. La misteriosa Buenos Aires aparece lentamente. Escribo a estas horas mientras en la Chacarita desentierran a un recién llegado para robarle y revender el pijama de madera a alguna funeraria inescrupulosa. Mientras un travesti menea el culo frente al recolector de basura en el bosque de Palermo. A esta hora entre tanto duerme tu ciudad, la otra sigue la parranda, famélica, dura, desnuda. Dejando pasar el tiempo. Cuando el vecino de la planta baja no quiere seguir más, no puede soportarlo y abre las llaves del gas. El sabe que el amor es la respuesta, pero nadie se atrevió a formular una pregunta. Olor a gas y se va durmiendo tranquilo. Nunca tuvo un momento Kodak. Olor a gas y chau insomnio. Nunca tuvo un motivo real para brindar con sidra Real. Olor a gas. Nunca tuvo tanto blues…

[No hay tiempo de más; Sebastián Pandolfelli, inédito]

Bestiario humano, estado de naturaleza, no solo ficción, no solo bonaerense.

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Ilusión y keynesianismo

“Mientras estas debilidades, déficits, persistan: los enemigos del proyecto nacional y popular, partidarios de políticas que no privilegian ni el pleno empleo ni la transformación industrial, utilizarán los resultados sociales de la primarización y la dependencia tecnológica para fundamentar que la doctrina que predica el kirchnerismo es responsable directo de la continuidad de estos males.  Los trabajadores seremos los primeros perjudicados y también todos aquellos convencidos en el valor, la importancia, la necesidad y la eficacia social de políticas keynesianas de pleno empleo y transformación decidida de la estructura productiva de conjunto…  es la razón por la cual, en la Argentina de nuestros días, el diálogo no solo es subjetivamente difícil sino objetivamente imposible”

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Presa fácil

Si la vieja dama nos protege y rechaza la pretensión de los primeros advenedizos de transformarse en dueños, creo que permaneceremos como poder político, pero para que ello ocurra, tenemos que aceptar que nosotros también hemos violado la ilusión que ella tuvo con nosotros, que nosotros también asesinamos a sus hijos.

Fantasmas y aparecidos

Enrique Meler

chatoLa seguridad es una necesidad con la cual se manipula a los individuos con medios de comunicación manipulados, algunos, por el estado nacional; otros por grupos financiero-comunicacionales, a su vez, manipulados por multinacionales y bancos globales… Es el razonamiento que nos hunde en la comodidad contemplativa de un infinito abstracto de comandos: la (in) seguridad es producida poralgunos contra algunos otros, efectivamente, seleccionados bajo el disimulo de los muchos. En este último sentido, la hacemos entre todos.

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Publicado originalmente en NACIÒN APACHE

DEFENDER LA SOCIEDAD

El silencio es una forma de mentira. Los pueblos silenciosos enferman y mueren. Cuando nadie discute, el orden está mejor protegido. Pero mejor aún estaría sin seres vivos. Hay países donde desaparecieron las protestas, donde cada uno cumple ordenadamente su deber… En muchos casos, la explicación es que ya no corre sangre por las venas de los pueblos. ¿Será esta tranquilidad la que buscamos?

Mi testimonio

Alejandro Lanusse

 

Rechazo el desvarío del Gobierno acusando a esos trabajadores argentinos, a esos patriotas de golpistas. Es un error político, estratégico, histórico y doctrinario

Eduardo Duhalde

La Nación, 3/06/2008

 

La “yerra” es la acción de marcar el ganado con un hierro al rojo vivo, en cuyo extremo lleva el logotipo del propietario. Su finalidad es nada menos que establecer legalmente la propiedad sobre la hacienda. Hay un registro completo de las mismas en la Dirección de Marcas y Señales, una dependencia del Estado que se encarga de controlar todo lo referido a este tema… hay otros que prefieren hacer la yerra en público, organizada como un espectáculo… Entonces la yerra deja de ser una tarea y se convierte en la fiesta de la argentinidad, porque cada hombre de campo siente renacer al gaucho que lleva adentro y que no puede sacar a la luz en circunstancias en las que la tecnología, la moda urbana o la presión comercial se imponen a las antiguas tradiciones en el modo de vestir. Puede decirse que aquí la yerra es un congreso de gauchos… Una yerra pública, en cambio, es una forma de compartir su ganancia con aquellos que participan del espectáculo, es una forma de dar gracias a Dios por lo recibido como fruto del trabajo, su trabajo.  Nosotros simplemente debemos valorar la decisión del ganadero de realizar una yerra de tranqueras abiertas. Sin pretenderlo se trata de un acto en defensa de las tradiciones gauchas. En otras palabras, la yerra es la más pura y completa vigencia de argentinidad.

 

3ª Año, Escuela Nº 32; General Lucio V. Mansilla, Formosa;

Primer Premio del Concurso Rincón Gaucho en la Escuela

Publicación Rincón Gaucho; 2006

(Ministerio de Educación junto al diario La Nación y Fundación Cargill)

 

La yerra, un congreso de gauchos

Gabriel Ermácora

 Nos proponemos investigar a partir de una sucinta selección de segmentos noticiarios extraídos de los diarios La NaciónClarínLa Opinión entre Octubre de 1975 y Octubre de 1977, cómo, en la superficie informativa, se va desplazando un conflicto (paro ganadero de Sociedad Rural Argentina y Federación Agraria Argentina) de relaciones de fuerza de distintos actores sociales —superficie fragmentada en cuyo sustrato, sostenemos, se urdió la secuencia que el actor denominado oligarquía pampeana organizó en pos de un proyecto orgánico de poder— en cuya puja se discuten proyectos políticos diferenciados, sostenidos en valores y sentidos muy divergentes, para consolidarse hacia 1976-1977, como un problema de orden moral que involucrala salud de la institución familiar, en especial, la residente en la urbanidad, en tanto se pretende protegerla, informarla, de la ‘amenaza subversiva internacional’. En esa superficie, donde los imaginarios organizan, en su tensión especular, personajes pintorescos (el hombre de campo, la subversión, etc.) la lucha política organiza las alianzas de clases y los grupos que, una vez en el poder adornan la acumulación de capital con el representativo calidoscopio de las iconografías del mundo rural. El imaginario industrial-salarial-sindical, la apropiación simbólica que el peronismo hizo de la política industrial, será liquidado a partir de la muerte de Perón en 1974. “La Familia” a quien interpela los editoriales de La Nación, una abstracción cercada por laamenaza “subversiva”, aterrorizada, disciplinada por una pedagogía mediática que le proporcionó legitimidad a una sentencia exitosa que repitió con la fuerza del sentido común: “por algo será.

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Publicado originalmente en REVISTA AFUERA CULTURAL

 

 

Más cabezas para tu pared

[Breve reflexión sobre el triunfo del Chavismo]

¿Qué medicina es la más eficaz? La victoria

Farmacia militar del alma; Aurora

Federico Nietzsche

Afirmaciones y promesas, nada más deja la victoria de Hugo Chavez en la Venezuela roja. Un imaginario de armonía, vía twitter, se acomoda entre candidatos que horas antes se mordían el cuero, como perros callejeros, por el hueso del votante. Normalidad política. ¿Se adentrarán nuestros hermanos latinoamericanos al reino de la razón para reconocerse como “sujetos” y así ver superada la división terrible que quiere “lucha a muerte” alcanzando la tolerancia, esto es, cierta distancia de “vía media” entre el antagonismo absoluto y la indiferenciación política? ¡Dialéctica de la autoconciencia! ¡Advenir, radiante, a la tierra del animal político!

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Publicado originalmente en Nación Apache

Sagrada militancia y posición atea en política

En lo poco que hube de negociar entre nuestros príncipes, en estas divisiones y subdivisiones que nos desgarran hoy, evité con esmero llamarles a engaño conmigo y que cayeran en la trampa de mi máscara… Señores, no tengáis en cuenta si hablo con gran libertad, sino si lo hago sin tomar nada a cambio y sin sacar provecho para mis asuntos.

 

Michel de Montaigne

Una intensidad católica renace en los corazones que recorren, indignados, el tema mediático del minuto a minuto: la voluntad evangélica lo trastorna e infecta todo con su “amor”. Teología para todos. Amor a los pobres, a los presos, a la Tupac, a los jardines de infantes: Cristo con el Che, Evita con María, Néstor milita la villa junto al Espíritu Santo. La clase media porteña no quiere perderse el convite del “país que queremos ser”. Aporta su “racionalidad” al “fanatismo” urticante. Ni con unos, ni con otros sino todo lo contrario. Debatamos, dialoguemos, defendamos al individuo: atrincheremos la cultura (importación) contra la peste (Guillermo Moreno). Gritan, vociferan, putean, twittean, saturados de tanta alianza entre Conurbano y Puerto Madero. ¡No acompañan por el pancho y la coca! ¡No protestan por los dólares! ¡Ay de la sucia y pecaminosa materialidad! ¡Respeto! ¡Respeto! ¡A Carrió se le ocurrió lo de la Asignación Universal primero! ¡Desenterremos a Frondizi: último presidente con 1 idea! Detengámonos aquí un segundo.

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¿Para qué sirve leer realmente a Francois Dubet?

… a los jóvenes daneses se los alienta a volverse autónomos y construir su propia experiencia. Se les da ayuda para procurarse vivienda, seguir sus estudios, trabajar; la mayoría trabaja y estudia a la vez, tiene derecho al error y así va entrando de a poco a la vida adulta. Los jóvenes ingleses comparten ese mismo modelo, pero dentro de un marco más inequitativo y menos sostenido por el Estado. Los jóvenes españoles permanecen mucho tiempo en su familia y acceden al empleo gracias a la fuerza de sus redes sociales tanto como a sus estudios. En Francia, todo sucede como si los jóvenes hubiesen interiorizado la idea de que no puede haber salvación por fuera del éxito escolar, y que los títulos educativos deben automáticamente dar acceso a un empleo determinado. Esperan demasiado de sus diplomas, suelen sentirse fracasados y mal orientados, perciben los trabajos menores como obligaciones injustas más que como oportunidades, esperan menos de sí mismos que de la instituciones que siempre los defraudan… Uno debe poder trabajar y estudiar al mismo tiempo, a condición de acomodar el trabajo y los estudios para que esto sea posible… Debería ser posible, a condición de no pensar que en ese trance todo consiste en organizar la precariedad, sino aportar recursos, enriquecer experiencias… Uno debe tener la posibilidad de circular por las formaciones, cambiar de orientación sin perder demasiado tiempo… Uno debe tener la posibilidad de viajar o trabajar a tiempo completo y retomar sus estudios. Uno debe regresar a sus estudios cuando lo necesite o lo desee… Aliento a los alumnos que querrían hacer sociología a comprometerse; el interés intelectual debe ser el principal motor de los estudios. Pero también los invito a desarrollar otras competencias, a buscar trabajos de temporada, a viajar, a hacer música y política si les antoja… Algunos de ellos serán sociólogos profesionales de la investigación, otros harán sociología en empresas, organizaciones, asociaciones o administraciones públicas. Otros acaso nunca hagan sociología, pero sus estudios los habrán formado y transformado. También por esa razón es útil la sociología.

¿Para qué sirve realmente un sociólogo?

Francois Dubet

I

Antes que nada: la sociología debe recuperarse a sí misma, es decir, debe volver a conquistar un terruño, recreando la tradición que fundamenta su pensamiento: la intuición de la escritura renueva siempre las escamas del concepto. Destruir a las actuales “metodologías de la investigación” —dominantes en nuestras universidades— es el centro y la tarea urgente para el porvenir de nuestras instituciones educativas: condición sine qua non del avance de esta moderna disciplina del pensamiento. Entre muchas causas y condiciones debemos también a los metodólogos el ya no tener ni poder decir absolutamente nada de peso sobre el mundo. Permanente jibarización de la inteligencia. Epistemólogos de moda y metodólogos de la supuesta seriedad resultan en verdaderos realistas políticos de la acabada subsunción de la ciencia al capital: la notoriedad es el resultado de acoplarse a la demanda del patrón poderoso, el sponsor acaudalado, el capitalista in propria persona. El orgullo científico es pantomima del acatamiento del poder económico: no es la ciencia la financiada sino el financiamiento la regla, modelo y orden de la producción científica, correctamente, capturada.Economistas y sociólogos utilizan las “categorías”, “teorías”, “modelos” que sus clientes quieren que usen; presentan informes con gráficos y tortas y abstracciones matemáticas “como se presentan en todo el mundo”; hacen pronósticos al dictat del impacto mediático:lubrican la presión política del capital y del estado contra el saber.

Mientras tanto, los académicos se lanzan a publicar artículos a diestra y siniestra (teniendo o no algo sustancial que agregar a lo dicho y divulgado) porque las facultades confían cada vez mas en los “conteos de citas” (la cantidad de veces que un texto de su autoría es mencionado en los artículos o libros de otros autores) para tomar decisiones referidas a la contratación del personal; las publicaciones llamadas “prestigiosas” insisten cada vez más en presentaciones rígidamente “formulaicas”, plagadas de un sinnúmero de citas, bibliografía extensísima, opresivas reseñas de literatura: ese status de “lo que todo el mundo hace” —defendido a muerte por árbitros, comités de supervisión y tribunales que “bajan línea” con la patente intención de fortalecer sus propias reputaciones y mantener a rajatabla el orden de la cuantificación del discurso— no logró, sin embargo, aplastar la escritura, el estilo y el pensamiento. En todo caso, expulsó la innovación académica hacia el abundante rizoma anónimo de canales de publicación (tanto digitales como en forma de libro) de forma tal que el que tiene algo para decir ya no lo dice en la universidad sino en supágina web.

En ese sentido, Howard Becker se anota un poroto de razón:

Por último, todavía nos resta explorar seriamente las posibilidades de la publicación electrónica. (Véase el análisis de “impresión a demanda” en Epstein [2006]). Pero ya es posible escribir un libro o un artículo, colgarlo en nuestro sitio web, y de ese modo ofrecerlo al mundo. O utilizar un emprendimiento editorial on line para producir y distribuir nuestros libros. Publicarse a uno mismo no tiene la misma garantía de calidad que tiene ser publicado en una revista arbitrada por pares y colegas o por una editorial prestigiosa. Pero muchos lectores ya han llegado a la conclusión de que las revistas arbitradas por pares y colegas tampoco ofrecen la calidad y el interés que promete ese arbitraje. Creo, quizás con demasiada esperanza, que ya contamos con otras maneras diferentes de publicar y distribuir lo que pensamos, aunque todavía no hemos llegado a comprender su verdadero potencial y utilidad.

(Howard Becker; Manual de escritura para científicos sociales; Pág.229; Siglo XXI; 2011)

Hemos suspendido la interpretación del hombre: solo amontonamos papers tras papers. Tal constituye el escuálido ingreso de los intelectuales a la posmodernidad en tanto pose desconfiada frente al desorden de lo real:

Puede suceder que esas reglas se presenten como una revelación “posmoderna” y en nuestros días reciban el impulso para abrirse un largo camino, cuando la sociología lleva ya tiempo deconstruyendo aquello que se da por descontado y se presenta como natural: uno no describe las relaciones sociales, sino que deconstruye las categorías —género, edad, cultura— que las rigen; uno no evalúa la eficacia de un modelo, sino las premisas arbitrarias de su construcción; tampoco critica un análisis: denuncia para qué sirve o podría servir… La sociología se vuelve así una constante faena de desnaturalización de lo social, de deconstrucción de los discursos que las sociedades sostienen acerca de sí mismas en una espiral que nada interrumpe, ya que la deconstrucción puede ser a su vez deconstruída. Más que decir algo que parezca verdad, lo importante es no pasar por tontos.

(Francois Dubet; ¿Para qué sirve realmente un sociólogo?; Pág.35; Editorial Siglo XXI; 2012)

Nada relevante se escribe, ni se dice, ni se produce, ni muchos menos se ejerce, entre “cualis” “cuatis” o “triangulados de cualis y cuantis” que valga la pena unas horas de saludable desvelo. Objetarán, tanto desde el marketing neoliberal de empresa o consultora como desde la izquierda foucaultina que trabaja en la “micro-política” de aparatos de estado, que los informes empíricos detallan maniobras, producen conocimientos y comportamientos, ejercen presión y denuncian sufrimientos, etc. Repito: lubrican un poder económico o político sin lectores propios. No hay independencia: se ha naturalizado completamente la relación salarial. Proletarización de la ciencia social. Ningún Baumann emergerá de las existentes academias para metaforizar la textura de nuestro tiempo con esta sistemática obediencia del pensar al más apestoso, simplón, insignificante y pobre empirismo aconceptual. La evasión de una interpretación sociológica de la zona gris[1] del humano entrega a un coro de derrotados, cansados del espíritu y desesperados con voluntad de profecía negra el infinito anuncio del retraimiento de la humanidad del hombre; mirada del Apocalipsis que tanto satisface el retorno de las huellas teológicas de lo inconsciente. Dicho de otro modo: ser el anunciante de algún “fin final” garpa. Así tenemos “fin finales” para todos: “el fin de la historia”; “el fin de la civilización”; “el fin del hombre”; “el fin del pensamiento”; “el fin de la política” “el fin de la sociedad”; “el fin de la economía ricardiana”; “el fin de la modernidad”; “el fin del capitalismo”; “el fin de la izquierda”; “el fin del individuo”; “el fin de lo simbólico”; etc.

¿Quién se atrevería a decir, después de estudiar la escuela o las barriadas populares, que nada queda por hacer, para volver menos equitativa la escuela y más vivible los barrios, sino esperar que arribe una revolución tan radical que anule los problemas mismos? ¿Y quién se atrevería a decir, al contrario, que todo sigue por el mejor de los rumbos en el mejor de los mundos? ¿Quién se animaría a decir que los actores no tienen capacidad alguna de actuar, en tanto no se parecen al que se supone todopoderoso movimiento obrero de la sociedad industrial?… Sostener debates razonables y mesurados no es el medio más seguro de procurarse la escucha de un público amplio. En cambio, denunciar sin matices el fin de la civilización, la mercantilización del mundo, el escándalo de las desigualdades, la cultura de masas, la era del vacío, el culto de la imagen y el marketing, la deshumanización del mundo ante el señorío de la técnica y de las finanzas internacionales, es el medio más seguro de ser reconocido por el mismo sistema que se denuncia. Los sociólogos y los intelectuales son a veces como los grupos de rap y de rock: son contestarios y quieren proclamar que el mundo es insoportable, pero tienen muy en claro que ese “mensaje” es un buen modo de ser reconocido, con el beneficio secundario de eludir el estilo show biz que invade los medios masivos y el mundo político.

(Francois Dubet; ¿Para qué sirve realmente un sociólogo?; Páginas 48-49; Editorial Siglo XXI; 2012)

II

El individuo, ciertamente, no existe.

Eso no quiere decir que la sociedad no pueda construir la experiencia de lo que llamamos, reconocemos, defendemos, vituperamos comoindividuo. Y al denominado “individuo” mismo, bajo la posmodernidad, habrá también que ir a buscarlo con lupa puesto que, atravesado por un sinnúmero de identificaciones (reales, simbólicas, imaginarias) el individuo sin límites disciplinarios se desplaza como flujo.¡Hay que encontrar la subjetividad en tales flujos! Lo que llamamos actualmente individuo coincide con lo que Schumpeter llamabainnovador. El individuo es el innovador; el resto, los no innovadores, resultan una especie de fluidos, de masas amorfas, como diría Perón. La sociedad se (re) presenta, es decir, regularmente actúa, bajo el neo-liberalismo, como un sin número de micro-empresas que se prolongan hasta hacer del yo una empresa de sí: en la medida en que no soy un innovador, no soy una empresa; ergo: no me pongo como sujeto de la economía, soy arrastrado, innovado, diseñado, exteriormente, en tanto flujo.No puedo “ser mi propia creación”. No puedo alcanzar la condición de “self made man”. El que no innova se ata a la media, se lo sospecha de “mediocre”: queda afuera de la lucha por la distinción; no califica, no nomina, no brilla por sí mismo: no es lo suficientemente responsable. El no innovador será observado sea como un industrial parasitario que vive del subsidio en tanto rentista remarcador de precios; sea como un trabajador-masa… un tipo apegado a su rutina, cada vez hace menos y peor; un tipo que inspira aburrimiento, burocracia, falta de vitalidad, planicie, chatura, no me importa otra cosa que jubilarme. Las oficinas de recursos humanos y las secretarías de competitividad ya están ahí, rápidamente, dispuestas para identificar a quien ya no innova y decidió hacerse una identidad: ése no sirve. La identidad “fija” es, simplemente, intolerable para la época.

Si la llave maestra de las ganancias permanentes es el cambio tecnológico: se trata de parirlo con una mentalidad, un comportamiento, un modo de conducirse y de pensarse a sí mismo acorde. ¡Innovar! ¡Innovar! ¡Innovar! Es el grito de los coachers cual Martas Minujines de la economía del capital. Así nace el “trabajador ideal” que más que un trabajador es delirado como “empresario”: el que no se queda quieto, el que seguirá estudiando, formándose, haciendo cursos, buscando nuevas fronteras, empleos, sin otra identidad que la disposición, la idoneidad, el capital humano ya no para el empleo sino para la “empleabilidad”: ser muchas cosas, interdisciplinario, esquizofrénico, multicultural. Por eso, el innovador es el empresario que, desde su espacio nacional, salta al universal mercantil globalizado como diseñador de nuevas y frescas experiencias del yo. Hay que detenerse un momento en el zapping y verla a la Vanucci haciendo sus entrevistas a los millonarios innovadores y managers del “cuidado de sí”: los símbolos del éxito que desde el vértice organizan el imaginario. El diseñador es el tiempo completo del innovador de la subjetividad[2]: estetiza los términos del triunfo inmenso, rotundo y profundo del liberalismo norteamericano: haberse hecho carne en tanto “filosofía de vida”, forma y modo de ser. El liberalismo como “ser en el mundo” construye la experiencia social como una especie de formación de uno mismo, la experiencia social como completamente indiferenciada, social e individual a la vez… sea en la legalidad como en la ilegalidad. No existen “sujetos contra la sociedad”… Las bio-grafías de la empresa de sí no solo hay que buscarlas en los exitosos legales como Steve Jobs. También los psicópatas y chorros encerrados tienen sus biografías best seller de algún periodista que vampiriza el dolor y el goce ajeno.

La personalidad así inflada e inflamada no puede sino hacer reventar por todos lados los techos simbólicos de la sociedad del estado benefactor y erigir un estado de naturaleza hobbesiano: get rich or die trying.

Mi hipótesis general es que el sistema simbólico que sostenía las instituciones encargadas de actuar sobre los otros, que enmarcaba las relaciones y cimentaba la autoridad, ya no da abasto (Dubet, 2002). Por ende, la experiencia profesional zozobra: la personalidad le gana a la función, hay que motivarse a uno mismo para motivar a los demás, se crea una obligación de compromiso, una heroización del sujeto que a veces lo revela, a veces lo agota, como queda demostrado en os estudios acerca de fatiga, estrés o burn out.

(Francois Dubet; ¿Para qué sirve realmente un sociólogo?; Pág.73; Editorial Siglo XXI; 2012)

III

Hacer una despiadada crítica de la moral es el objeto de la sociología. No hay otro asunto auténtico para un sociólogo: la moral es el fósil que oculta el poder y la comprensión de la materia humana. La utilidad de la sociología es despegar la bruma moral que 24hs del día no paramos de (re) producir para sostener heredados criterios de “bien” y de “mal”: los bichos metafísicamente metafísicos no hacemos otra cosa porque tal división (bien y mal, amigo y enemigo) es la fuerza más poderosa de la subjetividad. Comprender la moral, disecarla sociológicamente, es una tarea de confrontación permanente con el lector y la política: la polémica es esencial a nuestra empresa. La moral, sea donde se la practique, es un desahogo para el individuo, el cual debe satisfacer tanto las exigencias legales de la represión cultural como los imperativos sociales del goce individualizado: ¡liberáte! ¡descontrólate! ¡goza! ¡el que no afana es un gil! La moral se presenta como espectadora desvinculada de todos estos procesos y se pregunta por la causa cuando es ella misma el efecto de un material psíquico previo.

Toda experiencia y parloteo sobre la sociedad tiene, en su origen, un sentimiento de injusticia que la moral resuelve inmediatamente con víctimas y responsables, con buenos y malos. El sentido común, en tanto moralista colectivo, es una verdadera máquina paranoica; un negrero del pensamiento… puesto que la moral misma es, en el discurso, ése a quien odia bajo la demanda de justicia (muerte) porque se ignora.

La pregunta por la utilidad de la sociología se responde como rodeo mediante el cual prolongamos la crítica materialista de la cultura.

Notas


[1] Zona gris es un concepto filosófico inventado y pensado por Primo Levi para dar cuenta de la frágil humanidad del hombre; se trata de unespacio para la meditación donde las ideas morales y la voluntad de emitir juicios sobre los demás guardan silencio frente escenas, situaciones, existencias de amos y esclavos que se separan y convergen de forma tal que lo que irrumpe es la incapacidad del pensamiento para erigir binomios: suscita una ambigüedad en la cual reconocemos la propia. Se trata de una posición ética capaz de conducir, en este caso al sociólogo, a una metafísica de la subjetividad en la cual ésta no es ni el resultado de estructuras omnipotentes ni tampoco la decisión plenamente consciente del individuo sino una íntima y compleja complicidad que le indica al ojo: “ése es tu propio ser en el mundo”. “Objetivistas” y “subjetivistas” se desploman ante las evidencias humanas, demasiado humanas, de la zona gris del alma. Un trabajo sociológico, contra el sentido óntico-ontológico aquí defendido, es “La Zona Gris: violencia colectiva y política partidaria en la Argentina contemporánea” de Javier Auyero, publicado por Siglo XXI, en el 2007.

El mencionado trabajo re-interpreta la posición ética, surgida de una pregunta sobre el ser del hombre, como “producción de conocimiento y teoría del actor” y transforma una interrogación esencial en un objeto teórico susceptible de indagación empírica: Auyero encuentra la zona gris en el espacio más fácil, visible, respecto del cual pueda presentarse, desnuda, ante los ojos: la economía del favor, zonas de exclusión y margen, economías precarias, interior, conurbano bonaerense, clientelismo.

Lo más destacable, sin duda, del mencionado trabajo de Javier Auyero es cuando, en uno de sus trabajos de campo, hace hablar a “Jack, el saqueador” o, en términos marxistas, a la “conciencia de clase”: Que, por una vez, la gente tuvo oportunidad de comer un trozo de queso gourmet, que fue la del 2001 la mejor navidad en años porque estaban todos felices con los buenos vinos, champán, carne, ropa nueva y juguetes acaparados durante los saqueos de diciembre de ese simbólico año. Históricamente equivale a afirmar: lo que en el 45’ el peronismo era capaz de producir, oficialmente, en los sectores populares, mediante la política benefactora del estado; en el 2001 lo hacía, en forma clandestina, utilizando el aparato de estado y del partido contra la legalidad de las instituciones democráticas mediante una red de favores que incluyen el tejido mafioso para-estatal (droga, aprietes, delincuencia). La alegría de la “fiesta del trabajo” trastocada por el liberalismo se denomina: “fiesta del saqueo”. Cerremos esta nota al pie.

En las situaciones límite la zona gris aparece palmaria; desenvuelve, completamente, su verdad: la vergüenza, el disfrute, el goce, la venganza y humillación se muestran exteriormente en toda su desesperación. Primo Levi nos llama a meditarla: “recuerda que no sos distinto: vos también actuarías del mismo modo”.

La zona gris no está aquí o allí sino en el centro de la política toda en tanto a ella convergen, bajo el dominio del capital, las fuerzas de la economía política y la guerra; cara y seca de su unidad decisional.

[2] El Diseñador se presenta al mundo. Ejerce un trabajo de estilo sobre sí, una publicidad del alma: es el hacedor posmo. ¿Es o no Director Creativo? ¿Referente de que corriente? ¿Diseñador preferido de que famoso/a? ¿Contrato de exclusividad con un artista? ¿Un deportista o una modelo?¿En donde se graduó? ¿Cómo auto-define “estilo” “clase”? ¿De quién heredó su pasión por el diseño? ¿Cuándo ingresó al fashion style? El diseñador trabaja formas, fetiches, fantasías. En el mundo del diseño ser revolucionario es un imperativo: frenesí de creatividad desenfrenada. El Diseñador es firma revolucionaria que inicia un terremoto cultural desde los cimientos de su propia sensibilidad. Creatividad desparramada, pasión que se rebasa, productor de deseo. Es el descubridor de sensibilidades que uno tenía y que no sabía: brujo, hechicero, es quien jamás elude responsabilidades sino que las explota. Es el hombre que usa y abusa de su mestizaje interno. Provoca Ruido Visual. Recorre como antropólogo las basuras de las pulgas. Es el genio que toma lo cotidiano, lo transforma, lo embellece, lo realza y nos devuelve lo inservible bajo el velo del confort y de lo exótico. Lujo vía técnica, un cambio súbito de perspectiva. El Diseñador es aquél que vislumbrará el surgimiento de un nuevo tipo de belleza, un nuevo color, la novedad de un matiz. Su fama no es vanidad sino clientela fiel. No es ególatra sino budista. No se trata de ostentar sino de expresarse. Seductor inteligente, innovador, distanciado de los excesos. Su única droga es el desafío mismo. Una sabiduría de Graffiti le invade el corazón abierto a todo. Un adicto a la vida. El diseñador crea su propio imperio, un señorío personal donde el proceso creativo debe fluir. No hay fábricas de bolivianos carbonizados sino un dulce proceso que le devuelve a sorbos ese gran amor, ese gran espacio abierto, de cuando de niño tejía con la abuela. Vida que vibra con cada producto. Producto que vibra al unísono de una vida, esencia del ser que se hace mercancía… Mercancía sexy, mercancía que expande su concepto; huella en la existencia impermanente y vacía: costilla de sí.

MODIFICADO :Agosto 6th, 2012

Para leer el texto en pdf: Para que sirve realmente leer a Dubet