El pensamiento anti-totalitario de Luhmann como polémica contra el humanismo en cibernética.

¿Es la cibernética una “ciencia-útil” del cual se sirve “el hombre” para paliar o resolver agudos problemas sociales y económicos o contiene, en tanto ciencia, las claves teóricas mediante las cuales se expresa la automatización creciente del lazo social como “pura comunicación” redefiniendo, al propio tiempo, a la sociología misma como “ciencia de la comunicación”? ¿Qué quiere decir que “descentramiento del hombre respecto de la sociedad como “sistema auto-producido”? ¿Qué implicaciones políticas tiene situar al hombre en el centro del sistema de la comunicación y qué consecuencias tiene situarlo en su entorno? Esta ponencia busca responder estos interrogantes produciendo una polémica entre la cibernética de Norbert Wiener y el pensamiento anti-humanista de Niklas Luhmann.

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Leer texto completo: SAI. Ponencia Jornada Sociologia UBA.2017

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La fiesta de la globalización: Lollapallooza en el Hipódromo de San Isidro.

Por definición, el nomadismo urbano es recuperable e irrecuperable al mismo tiempo: es completamente recuperable por el sistema de vigilancia e irrecuperable porque, de cualquier manera, siempre consigue escapar y recomponer otros itinerarios.

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La alegría de los rizomas—.  La idea que el capitalismo no puede mostrar un rostro cuidado, en su propia fase reproductiva, que todo en él es metáfora totalitaria, asfixiante, es un notable equívoco. Ya sea a través del deber ser del derecho —esos grandes postulados humanitarios del liberalismo, imposibles de cumplir mediante una economía liberal— ya sea a través de su diferenciación intrínseca: el capital divide a la sociedad entre civilización y barbarie. Un adentro y un afuera, un sistema y un entorno, todo aquello que el mercado de trabajo nos enseña, a disciplina y control, y que aprendemos por fuerza, dolor y angustia: el precio de la pertenencia es cada vez más alto. En otros espacios nos hemos dedicado a la crítica de la globalización y su relación con la cibernética y la pobreza[1]. En esta review nos centraremos en su fiesta, en sus modos de socializar el disfrute, al nivel de las mayorías amorfas, la felicidad de los seres sin raíces —el evento es una franquicia, adquiere algún mínimo color local, es el mismo en cualquier parte del mundo, constituye la instalación desmontable de lo que en antropología urbana llamamos un no lugar— en contraposición con el goce de las misas nacionales de la decadencia.

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[1] Cibernética y pobreza: tres ensayos sobre la sociedad de control, Leonardo Sai, Editorial Académica Española, 2017; el libro está colgado en el blog del autor [leonardosai.wordpress.com]

Para leer el texto completo: La fiesta de la globalización

Cibernética y pobreza: Tres ensayos sobre la sociedad de control / Libro.

Prólogo a Cibernética y Pobreza

Por Gabriel Muro

A lo largo de estos vertiginosos ensayos, Leonardo Sai muestra que es posible hacer la sismografía de la sociedad de control desde su periferia, desde un país y una cultura tecnológicamente dependiente. Sai va desde lo local a lo global, y viceversa, mostrando que la comprensión de las últimas vicisitudes de la Argentina (así como cualquier ejercicio capaz de imaginar un futuro alternativo) resultan imposibles si no se considera el modo en que el país se integra, o desintegra, a un orden global que muta y que arrasa.

En estos escritos, pobreza no denota solamente una situación de carencia y despojo material, sino, más aún, la situación del humano cuando todas sus propiedades existenciales han sido desapropiadas por el avance de la técnica. En las sociedades de control, toda pertenencia es virtualmente desterritorializada, licuidificada y vaciada. El resultado, más que a la liberación de unos supuestos flujos deseantes revolucionarios, se asemeja a una pesadilla apocalíptica en donde el lazo social se esmerila y la política se vuelve amorfa. Sai llama a este extraño paisaje: el ser sin raíces de la globalización, y nos invita a permanecer, tensos, en el recogimiento de la noche.

Pero Sai no se regodea, solamente, con la contemplación teórica de la decadencia, concepto que rescata, adaptándolo a un uso muy propio, de viejos escritores reaccionarios. Su mayor mérito, en cambio, es hacer una precisa anatomía de las sociedades de control, en el sentido de Marx, cuando afirmaba que la economía política es la anatomía de la sociedad civil.

A la totalidad cerrada y autopoiética de la cibernética, Sai le opone la totalidad abierta de la crítica y la interpretación. También tres son los ejes que recorren estos ensayos, en donde la pesquisa se repite obsesivamente, cavando cada vez más hondo, en contra de la dispersión de la época. Del economista argentino Pablo Levín, Sai toma el concepto de Capital Tecnológico, para dar cuenta de una nueva figura del capital, que subsume y transforma todos los modos anteriores de extraer plusvalor. Del sociólogo alemán Niklas Luhman recoge valiosas categorías para analizar el modo en que la comunicación se expande, sin barreras, por todos los resquicios de la vida psico-social. De Pablo de Tarso recupera la categoría teológico-política de Pueblo, pero siguiendo las lecturas mesiánicas de Walter Benjamin y Giorgio Agamben, en el sentido del pueblo como aquello que resta, que sobra, que excede hasta al mismísimo exceso del Capital.

Comunicación, Capital Diferenciado y Pueblo son las contraseñas que permiten reconstruir nuestros maltrechos sistemas de orientación. Sai es claro al respecto: si en las sociedades disciplinarias o industriales el desorden era algo que se mostraba solo esporádicamente, a través de los estados de excepción, para reforzar un orden duradero y visible, en las sociedades de control, en cambio, lo aparente y visible es el desorden, las turbulencias, las crisis, la inestabilidad. Existe, no obstante, un orden por debajo, un orden vasto, modular, que, hasta hoy, pocos han osado llamar por su nombre. La contribución de Leonardo Sai, en el sentido de este desentrañamiento, resulta invalorable.

Por si este desocultamiento no fuera suficiente, Sai hace delirar al teclado y dignifica, alborozadamente, la escritura de ensayo sociológico, expulsando, mientras tanto, todo resabio de tediosa escritura burocrática.

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Para leer la copia digital del libro: cibernética-y-pobreza-tres-ensayos-sobre-la-sociedad-de-control

Para adquirir el libro, a partir del 16 de febrero de 2017, aproximadamente, a través de la tienda virtual MoreBooks.

Humildad y Nervio: Notas sobre actualidad argentina (2005-2012)

La humildad en el pensamiento es la virtud en la deshumanización de los tiempos. Sobre el tópico de un presente, más que rápido, instantáneo ya mucho se ha escrito y se seguirá escribiendo: forma parte del afán realista de nuestra desesperación cotidiana. La época con sus catástrofes ecológicas evidencia la desmesura del poderío científico y señala la condición de la criatura mientras repasa las citas del Apocalipsis. La limitación del ejercicio del poder es la verdadera causa de la humildad: la intuición que más allá del límite lo que agoniza es nuestra frágil condición humana.

No es la muerte del cuerpo sino la petrificación del alma la exigencia última de la dominación. El hombre se vuelve humilde cuando el signo del goce le presenta la muerte en el silencio del insomne. En esos momentos, el humano no solo observa que morirá sino que debe hacerlo: el peso de cualquier pecado, engaño, manipulación contiene el manojo de piedras que los probos arrojan contra la prostituta. El abismo avisa en detalles, fragmentos. No es una reflexión sobre la finitud sino el desprecio del propio rostro: el humano se vuelve humilde cuando comprende que el corazón de un gesto justo le impone la superación de sí.

La política argentina redobló el cinismo de los incorregibles noventas. Sobre el vicio del enriquecimiento ilícito que el menemismo presentaba como deseo, el aparato de propaganda kirchnerista agregó un continuo discurso moral sobre la memoria, una constante evocación de “los 30 mil”, bien dispuesta para el combate de la coyuntura en pos del disimulo de la mugre y en defensa de “la causa”. Por eso, los momentos de brillo de Néstor Kirchner coexistían con la continuación del menemismo por otros medios. Es por esta razón que fue el político más importante de nuestra democracia: concentró todo el poder sin vencer la culpa; la necesidad de morir como precio.

Este libro —mi primer libro— contiene una serie de artículos y ensayos que tratan sobre el presente reciente de la política argentina: economía, sociedad, periodismo, pusilanimidad opositora. Condensa unas colaboraciones en la revista cultural El Interpretador, el weblog colectivo Nación Apache, el sitio de noticias Punto de Equilibrio. Me interesó muchísimo la cuestión económica, los desafíos de la industrialización en el actual contexto del mercado mundial, cómo el kirchnerismo ha podido, en la marcha de la acumulación de poder político, sentar políticas que no deberían desmerecerse sino todo lo contrario: haberse atrevido a hacerse cargo, desde un discurso progresista, de la cuestión de la seguridad; el trabajo de profundización desarrollista del tejido industrial; el peso de las denuncias de los organismos de Derechos Humanos en las instituciones penitenciarias… Algunos ejemplos que elevaron el pavimento de la sociedad argentina. Las críticas fueron siempre contra el conformismo de la victoria: la lengua profesional de los buchones.

No faltan los amigos del pensamiento: León, Enrique, Gabriel, el Ruso. Hay un ensayo sobre Rozitchner en donde presento la unidad de una obsesión: de Perón a San Agustín, el alegato es un pensar único que denuncia el engaño de las máscaras. Los trabajos de Meler me calaron hondo por la soledad de esa pluma, la sinceridad de una escritura que dice en íntimo anonimato: sabiduría de un hombre que supo despedirse de todo menos de la compañía de la filosofía. Con Gabriel, miro al futuro y veo al estudiante de sociología que valoro: documentalista, dibujante, ensayista, pintor, músico fracasado, ermitaño, frecuentador de filosofía, coleccionista de histéricas. Con Muro, el texto hunde el bisturí en lo imaginario y ríe, sarcástico, mientras enardecen los chivos. ¿Qué puede decir de Verea? Lo admiro desde que, a los trece años, decidí cambiarme al turno tarde en la secundaria para escuchar la ya mítica “Heavy Rock and Pop”…. El Ruso leyendo una traducción de la letra de la canción “Cemenery Gates” de Pantera: primera escucha, dos de la mañana, 1993: ese adolescente todavía no puede creer que dieciocho años más tarde ladraría, junto a su ídolo, contra los fantasmas que merodean la luna.

No faltan polémicas en este trabajo como tampoco dejé de lado algunos textos que, aunque escritos siete años atrás, tienen el presente de las torturas de la sociedad excluyente.

El libro no podía sino cerrar con fragmentos de un “guionista miserable”, apodado “arlequín” por el director del Circo, Norberto “Ruso” Verea, con quien durante finales de 2010 y a lo largo de todo el 2011, escudriñamos un “Circo Miserable” para FM Nacional Rock, en el cual la canción de medianoche musicalizaba la escritura en cuyo teclear late, nervioso, el machaque del metal pesado.

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Buenos Aires, 16 de Abril de 2012

Para bajar el libro completo: aquí

La pasión de los pardos: el metal pesado como sinfonía del sentimiento

            Reseña del documental “Sucio y desprolijo” de Paula Álvarez y Lucas Lot Calabró.

sucioydespro-1140x500Pensar las pasiones, ésa es la fuerza de “Sucio y desprolijo: el heavy metal en Argentina”. Contrario al trabajo del sociólogo Claudio E. Benzecry [“El fanático de la ópera: etnografía de una obsesión”; Siglo XXI; 2012] este documental de Paula Álvarez y Lucas Lot Calabró no se resiste a historizar al amor sino que se hunde en ello. Presenta el afecto al metal pesado, la génesis de ese fanatismo pergeñado en aulas de secundario, como un producto histórico cultural, social, con precisas determinaciones de clase. No se avergüenza del azote de la pasión: la expone. El campo popular siente orgullo cuando el fluir de la pasión lo arrebata como una naturaleza capaz de demolerlo todo salvo al tiempo. Un realismo de líricas que se traduce en identificación y pertenencia obrera. Iorio se siente feliz en la CGT. El documental me pone la piel de gallina. La nostalgia tiene lugar, como también lo porvenir de la escena. Me veo etiquetando los TDK, comprando la Madhouse, buscando información en Parque Rivadavia, pateando el Cemento a las cinco de la mañana, un recreo con los auriculares escuchando lo último de Megadeth, la cerveza con los primos, otra madrugada con la oreja pegada a las editoriales del maestro, del Ruso Verea. La suciedad y la desprolijidad construye su propio honor; ése honor guerrero de quien le pone el pecho al destino, ayer deseo y hoy realidad: sé vos. Es el mensaje. No se trata del honor íntimo, débil, de los mesurados, de los correctos, que buscan esa tan melancólica como insoportable protección respecto de un mundo que los vulgariza. Nada de eso. Honor de combatiente; orgullo de lucha, pasión guerrera de los caudillos de negro. La pasión aquí no es por la distancia sino por el compromiso, la representación, la fusión de la masa con el artista en el furioso pentagrama de las verdades del trabajo. El documental es preciso, tan justo como sensible. Expone las genealogías, organiza el libro de las pertenencias tribales. Discute las estúpidas dicotomías en la cuales algunas vez caímos. Una de las cuestiones centrales del documental es haber podido narrar la maduración de una experiencia colectiva alrededor de las identidades. Dejar de lado diferencias para centrarse en lo común que aglomera y fortalece: un mañana para nuestras obsesiones musicales. El metal pesado revisó su propia violencia, desde la democracia de la derrota, hasta la actualidad trasnacional de la disponibilidad de los bienes inmateriales del capital. Hemos perdido la influencia en las villas. Conjeturo, por experiencia vivida, que el metal pesado era mucho más “de abajo” antes de la crisis del Tequila que con posterioridad. Se podría decir que su violencia marginal aminoró en la medida que se volvió “más de clase media”, y que la clase media baja necesitaba construir una narrativa que la diferencie recapitulando sus impresentables orígenes menemistas. Los metaleros reconvertidos en universitarios curan las heridas de un déficit de capital cultural elevando al heavy metal a música clásica del futuro. Por estas mismas razones, hemos sanado al metal pesado, sin volverlo dócil, lo hemos trasmutado como familia hostil, esteparia, demasiado aristocrática para ser mayoría; demasiado rebelde para el mercado; demasiado popular para la victoria.

Buenos aires, 16 de Mayo de 2016

Leonardo Sai.

Criminología mediática y Reforma del Código Penal

4ta Mesa de Coyuntura que llevamos adelante en el Ministerio de Educación de la Nación junto a la Secretaría de Profesionales y la Secretaria de Juventud de UPCN-Educación. Contó con las exposiciones del Dr. Mariano Gutierrez y la Dr. Claudia Cesaroni. El asunto del encuentro fue Criminología mediática y reforma del código penal. La presentación estuvo a cargo de Omar Alfredo Auton de la Upcn Seccional Capital y quien escribe. Esperamos sirva para pensar el presente y desarmar el cínico marketing político que hace de la institución penitenciaria una máquina electoral.

¿Sarmiento en Sierra Chica?

601533_10151930516208808_2093446263_nPara el sentido común —ese negrero del pensamiento— la práctica penal se reduce a una cuestión de uso cuya finalidad consistiría en alguna forma de reparación social mediante alguna forma de trabajo no del todo bien remunerada. Es que, bajo el populismo punitivo , las formas sociales del castigo ya ni siquiera ocultan la voluntad de venganza gracias al terco y persistente trabajo de la criminología mediática (y su ejército de “abogados prime time”) que exhibe todos los días, 24hs del día, al enemigo público número uno devenido estrella del sistema de cámaras y vigilancia municipal: el famoso “pibe chorro”.

“Para el chorro, nada mejor que la disciplina del trabajo” es la frase-bandera de una mirada reduccionista de la acción social cuya historicidad no sólo nos remonta a las raíces del pensamiento nacional sino que pasa por justificación inmediata de una serie de abusos penitenciarios, enmascarados de jerga psiquiátrica, en tanto “tratamientos de re-socialización mediante laborterapia” . Sin duda, se trata de un imaginario de fábrica de siglo veinte, inexistente incluso en la época de Alberdi, y que sirve de “fundamento” a unos variopintos modos pre-capitalistas de organización del trabajo social. Es que, nuevamente: ese sentido común considera, desde el vamos, que existe un precio que pagar para que la sociedad vuelva a considerar la humanidad del preso como sujeto de derechos. No es un asunto menor. Es la mayor conquista histórica del sistema penal como regulación de la convivencia mediante el derecho interpretado como técnica legal de represión social. ¿Qué decimos?

Para leer el artículo completo: Sarmiento en Sierra Chica