Paciencia y estudio: deseo de Borges / (fragmento)

Adelanto del ensayo “El uso de la comunicación: humanismo e interpretación” que publicaremos en la 5ta edición de la Revista Espectros.

La quietud del propio cuerpo es lo exigido por la lectura, sea en pantallas, sea en libros, en “viejos dispositivos”. Es un hábito de auto-encierro necesario, una disciplina de sí. La concentración de la atención —posibilidad misma del aprendizaje— tanto para la lectura como para la escucha de un relato oral es una condición corporal de posibilidad de la experiencia: el quedarse quieto, la focalización en un elemento abstraído para hacer posible la imaginación de la totalidad y su idea. El desconectar los dispositivos tecnológicos, la temporal abstracción del entorno, no es una huida o falta de compromiso o aislamiento sino un detenimiento que nos abre a una mayor profundidad en nuestra sensibilidad y entendimiento del mundo como experiencia racional, discursiva, sintética. La dependencia al celular —y a todos los dispositivos que se derraman en mil pantallas— es una atención paradójica: un atender que no atiende, no fija, “no baja”, no aprehende, todo lo contrario al proceso de la lectura. ¿Qué es leer como retorno a la meditación contra la barbarie cibernética? Es leer profundamente, a pocos autores. Leer pocas obras pero en ellas saber seleccionar lo mejor, leer como ecléctico, escoger algunos pasajes, masticarlos, asimilarlos, comerlos, convertirse a través de ellos. Pero también reunión y conversación con los amigos sobre el sentido y el significado de los textos, los clásicos en la cerveza en un bar, el bar en el pensamiento como diálogo con el otro. Un culto de la amistad, como olvido del egoísmo humano, al decir de Scalabrini. El estudio del lector conoce la obra de un autor, fundamentalmente, quiere meditarla, ejercitarla, entrenarse en ella, ponerse en forma en el pensar. Pensar profundamente hasta hacerse con un sentido oculto, no “un abismo otro”, sino en su manifestación capilar: ¡lo tenía en frente de mis ojos y no lo veía, pero allí estaba! Es la exclamación de la interpretación que apresa un cacho de real, de la lectura que lee, del ver que transforma lo visto, de la razón que descubre la relación entre verdad y sujeto. Ejercicio de apropiación, por lo tanto, apropiación de un pensamiento, de un texto, reconstrucción de la ciudad y las ruinas de ése texto, diálogo con los muertos. No para repetirlos sino para establecer un lugar, el de ellos, el de nuestro presente y su diferencia. Ejercicio, y también experiencia: hacer con el texto una experiencia de identificación, como los tibetanos cuando meditan la muerte como un ponerse en la situación del morir, vivir esos últimos minutos, es el juego del pensamiento en el sujeto para producir en él una modificación de la conducta o profundización de un concepto o creación de una experiencia posible, la interpretación foucaultiana de las Meditaciones de Descartes: una modificación del sujeto por el propio movimiento del pensar, del discurso que lo contiene, exponiéndolo a riesgos, tentaciones, pruebas, produciendo estados, un punto de llegada del cual nada sabíamos en el inicio, una escritura. Un hacerse de proposiciones de orígenes diferentes para solidificarlas, fundirlas, en una trama sólida de prescripciones propias: la lectura entonces busca la escritura como la fundición donde los distintos metales se transmutan en práctica, aprendizaje y enseñanza. Así, la escritura corta la lectura, la condensa y la re-escribe, para que vuelva a fluir. El estudio del lector se constituye como máquina deseante: todos sus objetos (lápices, escritorio, libros, fichas) devienen escenario, montaje, espacio para la creatividad. Y fluye hacia el otro, hacia el uso del otro de los textos, comunicación auténtica, por lo tanto, perspectiva de un otro asimismo lector. “Secta” en el medio de la cibernética, los lectores se vuelven rara avis, ponen sus lecturas propias a disposición, como valor de uso, de otros lectores, las reactivan para sí mismos, se vuelven consejeros de sí y de los otros, producen una política de la amistad como cuidado de sí y cuidado de los otros. Escuchar, leer, escribir: prácticas de la sensibilidad que se recuperan de la devastación cibernética del humano y su subjetividad, el resultado es la reconquista de la conversación, del sentido de la enseñanza, la posibilidad de decir-verdad acerca de uno mismo, y de sí mismo. Una palabra que no se dirige al maestro de la conciencia, ni a su discurso, sino al amigo, con quien se comparte la vida y la posibilidad de la sabiduría, sin jerarquías. Tal, el suelo nutricio de la filosofía como resistencia de los amigos de los sabios, de los muertos que viven en los textos, contra la comunicación de los sistemas. ¿Tareas? ¿Hoja de ruta práctica en el norte de cuidar la crianza trascendental de lo humano? ¿Qué es un lector?

Es un docente de sí mismo, un autodidacta, lleva un tatuaje de Sarmiento, una remera de los Die Toten Hosen, discute la formación docente con los sindicatos: hace uso de los textos y comparte lecturas.  Detengámonos, la cuestión escolar. Una escuela es un emergente en el ovillo de la tela de las relaciones sociales. Como toda institución social es una condición condicionada condicionante. No puede, desde sí y por sí, resolverlo todo. Por ejemplo, la miseria económica, las internas con los otros docentes, las infinitas demandas y delegaciones de la familia irresponsable y cómoda, las exigencias hipócritas de las máquinas electorales de la política profesional y sus deditos en alto… toda ésa gomosa y militante ofensiva a escupitajos contra las aulas que tan bien analizaron Alejandro Grimson y Emilio Tenti Fanfani en su libro Mitomanías de la educación argentina. La lengua ocupa un lugar fundamental en esta época de “matemáticas de destrucción masiva”. La lengua como disfrute y juego, celebración traducida a trabajo áulico. Los pibes aman la carne de la lengua. Su juego, su rap, su trap, mueven el cuerpo combinando sonidos y descripción social: los pibes jamás han olvidado que ella es también actividad física, sensualidad, cuerpo, goce oral. Los docentes más lúcidos saben leer en la música un hilo conductor hacia los textos y la política: el Indio Solari como educador. Nada mejor que acceder a la gramática mediante el baile o a la filosofía a través de la danza. La segmentación que produce esta sociedad de control —a través de sus múltiples dispositivos y redes— tiene que hacerse autoconsciente, exponerse, no como actos y hechos consumados, sino como trabajo pedagógico: una batalla discursiva entre tribus urbanas como fricciones entre semiosferas. Escuchar en esas batallas el deseo de identidad y la necesidad del otro para que ésta sea posible. Que no hay otro modo de ser sino en la lucha por distintas miradas del mundo. Y esto no solo es bueno: es lo que hace posible ganarse a sí mismo. Volvamos a la cuestión educativa, los insoportables discursos acerca de “los desafíos de las políticas educativas”.

¿Qué es lo que hay que enseñar?

Justamente, lo imposible de transmitir: el estilo.

Leer, interpretar, cualquier cosa que circula y aparece ni es leer ni es pensar. Es, simplemente, ser en el mundo. Leer y estudiar imponen un segundo tiempo, un diálogo, esa doble hermenéutica de la que hablaba Anthony Giddens. La escuela es el lugar donde la ciencia social informa sus hallazgos, modifica comportamientos, la formación docente corre paralela a su deseo de estudio. Éste deseo solo puede circular si el campo de batalla (cansancio del docente y pereza del alumno) está bien preparado por la voluntad de guerra del educador: sus ganas de vivir. Estudiar es leer auténticamente. Es leer con un lápiz, hacer fichas, subrayar las ideas principales, revisar la bibliografía, fundamentalmente, es leer polémicamente: ¿contra quién se escribe? Una semiosfera pelea con otra, no se pueden nunca digerir absolutamente, siempre existe un goce no subsumible, no masticable, insoportable. Por eso, conversamos con los textos. Esta conversación es una conversación entre vivos y muertos, es una conversación solitaria. No se puede leer en grupo. No se puede pensar en grupo. En el grupo se comparte una lectura, se discute lo leído, se lleva lo ya elaborado, y nos llevamos argumentos y pensamientos para trabajarlo en soledad. Esto no es aislamiento sino voluntad de silencio y escucha. Leer, en este sentido, constituye una cura, un cuidado de sí, respecto de la sumersión en la no lectura de la conectividad cibernética.  En este contexto, donde el leer se produce como esfuerzo, resistencia y placer por la derrota de sucesivos obstáculos (físicos y mentales) el docente de sí mismo se produce como enseñante legítimo en las aulas: afirma su ignorancia como curiosidad, su deseo contagia porque está siempre insatisfecho, es una histérica que suscita el saber. En este marco, hacer uso del arsenal digital es no solo correcto sino que enriquece la curiosidad, no la mata, la aviva, la vuelve “no viral”, sino vital. Leer es, entonces, como dicen las feministas: “deconstruirse”. No se puede leer sin cuestionar la identidad y su aburrimiento. Tampoco se puede leer sin “deconstruir a los deconstruiccionistas”. Estudiar es una ética deseante que hace posible la experiencia, sus condiciones de emergencia, de disfrute, su voluntad de trascenderse a sí misma. Hacerla nos involucra tanto, es tan personal, que no puede sino resultar en el fundamento del estilo. No estamos de acuerdo con Enrique Dussel cuando afirma a Paulo Freire como pedagogo mayor.

Éste no es sino Jorge Luis Borges.

En él encuentro, cuando en el secundario, a Lovecraft. Para mí, era lírica de Metallica. Una docente, más allá de todas las horas y años en las cuales convivimos, solo tuvo que señalarme, desde su amor por la literatura, el dónde seguir.

La escuela es eso: señalar lo que se ama, aprehenderlo, desplegarlo, compartirlo, recrearlo.

Ése amor lo es todo; lo demás: sindicalismo y burocracia.

Buenos Aires, 3 de febrero de 2019

Leonardo Fabián Sai

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La ilusión de ser El Potro / Reseña

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IMG_20181006_201835Gracias a Dios, la religiosidad popular de nuestro cristianismo futbolero no ha podido hacerse del todo de Rodrigo Bueno como Jesucristo cordobés. No hay duda que lo han intentado, repetir a Gilda, producir al ángel del interior que desplegó sus alas para religarnos a todos en festival cuartetero. Es que hay dualidad en el rostro del Potro: sus ojos inocentes lo son también de ambición y desmesura. La voluntad de misticismo queda desactivada frente a la afirmación del cuerpo y sus excesos. Los santuarios de Rodrigo se vacían, se ensucian, se vuelven a armar, se vandalizan, la televisión denuncia el abandono y olvido del ídolo. Sin embargo, no hay fiesta que no reclame su música, la presencia de su sonrisa entre alguno de sus numerosos hits. La película “El Potro: lo mejor del amor” vuelve a poner el cuerpo —miradas, movimientos, transpiración, rendimiento, romanticismo, adicciones, infidelidades, etc— en el…

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Come democracia, traga libertad.

Se le impone a la sociedad argentina un sufrimiento sin sentido. El llamado “nuevo” acuerdo con el FMI no es otra cosa que dinero para pagar deuda y sometimiento político del estado al dictado del sistema internacional del dólar y su sostenimiento como geopolítica norteamericana contra China y Rusia. Asegurarse que estados pequeños sufran décadas de compromisos en dólares equivale a asegurar zonas de influencia, compras de empresas locales a precios muy bajos, negocios permanentes donde volcar los excedentes del Norte. La escasa, mínima, política monetaria acaba de ser absolutamente pulverizada por el puño de los dogmas monetaristas. Hemos vuelto a una tablita cambiaria típica del terrorismo de estado, esto es, de las medidas que se instrumentan desde el estado cuando las clases que se alían —esta vez mediante un partido político y no mediante las fuerzas armadas— son la burguesía financiera internacional y la burguesía terrateniente. El resultado político es un gobierno que congela la dinámica social, que la reprime bajo shocks, que deshace todo el tejido nacional mediante extranjerización, importación, aumento del desempleo: el azote de la oligarquía no solo empobrece al pueblo a niveles de indigencia (que aún no hemos visto) sino que arrasa a la clase media a la desesperación. La cabeza absolutamente colonizada de nuestro inmoral presidente será materia de estudios empíricos durante algún tiempo. No solo porque este hombre cree que sabe algo (¿economía? No ¿ingeniería? ¿política? No ¿derecho? Menos ¿inglés? y hasta ahí) sino por lo patético de la escena. El FMI puso los dólares suficientes para que la Argentina pague deuda pero no puede frenar la fuga del capital que retorna a la seguridad de las tasas de interés de la FED. Simplemente, cuidó, en el corto plazo, que el compromiso internacional y geo-político norteamericano no colapse ante la cena de fin de año del G-20 en términos estrictamente internacionales. A la política doméstica, le impone la cura de “la enfermedad” (inflación) con un cáncer fulminante (tasas de interés que no pararán de subir, con el 60% de piso) Si la inflación no avanza hacia la híper es porque la actividad económica está muerta, no porque haya dado resultado ningún programa económico. Aquí ya no hay política económica sino contabilidad. El único “negocio” es sacar la plata, del país o del banco, y esperar una diferencia que se diluye como ahorro pírrico. A su vez, tampoco los capitales fugados retornarán al país (en el cálculo de la diferencia con el peso devaluado) si el mercado dentro del espacio nacional no reconoce una moneda con la cual estabilizar la acumulación interna del capital. El gobierno ha deshecho el peso. A diferencia de una sociedad planificada, una sociedad capitalista requiere del mercado para organizar el lazo social. Es el mercado el que organiza a la sociedad en el marco del capital, y no al revés. La Alianza Cambiemos al no poder detener el alza del dólar concibe el precio del peso por colapso recesivo, la lucha de los capitales por no perder una moneda y remarcar tiene ése límite, que no tardará en producir cuasi-monedas a través de las provincias. Este (des)gobierno ha alterado la percepción colectiva de los hechos sociales (que en una economía capitalista se da principalmente a través del movimiento superficial de la moneda, y su circulación, los precios) de forma tal que cada cual cree ver valores que ya no existen, o existieron, porque ya no encuentran poder de compra: el dólar llegará adónde tenga que llegar (no hace falta “secar la plaza y no emitir” porque ya es gigante la bicicleta en deuda de pesos que en cuanto venzan se van a ir por los verdes) porque su única dirección es la depreciación absoluta de la fuerza de trabajo argentina. Solo la lucha del pueblo puede poner un límite a esta desvalorización sin freno.

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La juventud del 2001 “a la Vaticana” afirma que hay que esperar el momento de las urnas porque quiere paz social a toda costa y denuncia como “duhaldista” al golpe de estado o a las elecciones anticipadas. Como si la democracia liberal fuese un hecho sagrado con el cual solo los liberales pueden limpiarse el orto. Los curas no podrán acompañarnos a la hora de hacer historia, pondrán la otra mejilla, y tendrán compasión con el enemigo de clase. Dirán “lo que es de Macri dénselo a Macri, lo que es del pueblo, etc”. Pero, justamente, lo que es del César no es del César sino del pueblo. Es cuerpo, materialidad, cuyo destino es reconocimiento y ser propio. Administrar la crisis para que el pueblo se evite ver con sus propios ojos al enemigo es contenerlo en el temor a Dios como temor al Estado: es presentar al Crucificado para neutralizar el levantamiento popular. Pero D’s tiene maestros que se inspiran en lo absoluto, pero carece de representantes terrenales. La violencia del pueblo es divina porque conduce a su lucha una idea de liberación en la cual es lo humano lo que brilla ante las ruinas de ídolos y becerros.

La destitución popular de Macri no será “un hecho lamentable de nuestra democracia” sino una forma de perdonarnos a nosotros mismos; un modo apenas justo de comenzar a reparar el daño y la pobreza que le hemos generado a nuestros hijxs.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 27 de septiembre de 2018

Sobre unas fotos recientemente publicadas del señor John Lydon

¿Cuál es la reflexión? ¿Qué finalmente nuestro amigo de la vida ha engordado demasiado y que en lugar de un punk rocker se parece, físicamente, a un sucio gordo de la CGT? ¿Muy lejos de SID, demasiado cerca de nuestras impresentables tías? El destino de la rebeldía sin política (sin construcción colectiva) de los artistas es la digestión por parte del capitalismo. Exponerlo, pasearlo, como trofeo de una íntima traición. De una agresividad vuelta sobre sí mismo. Victoria de la mercancía sobre un pobre humano, demasiado humano. ¿Cuánto más podría resistirse a la cómoda vida que neutraliza el pensamiento, la crítica, el nervio cuya energía está ahí, aún conservada, en el streaming de la red? Los mediocres se hacen un festín con las fotos, lo señalan con el dedito, “ahí lo tenés al anarquista”, “mirá cómo terminó”, etc. Insensibles a la tristeza de la pérdida de la juventud, que es la máquina, el fuego mismo del rock and roll. El rock es el intento de ser joven siempre, de rebelarse contra la esencia, de mutar de una forma a otra sin llegar a consolidarla, de no llegar jamás a ser aquello que nos hace ser lo que somos. De resistirse a la identidad. La digestión de Lyndon por el mercado es quizás muy vieja, sucedió hace tanto tiempo que ni vale la pena puntualizarla en su trayectoria. La prensa amarilla nos vomita esa digestión, absolutamente realizada, e incapaz de soportarlo, estéticamente. Lo ridiculiza para ridiculizar su legado. Presenta su antítesis exacta. Obeso, comprando en shoppings, arrastrando una valija con el escudo del Arsenal FC y una bolsa de compras del free shop… La contracara de aquél flaco histérico, que usaba clips de aritos, y quería anarquía para su descompuesta, podrida, ciudad liberal. Sin embargo, todo esto no es cierto.

Nuestro amigo sigue siendo el amigo- payaso, puteador incansable de la sociedad con la misma voluntad de denunciar la falta de responsabilidad por los otros, su convicción de que la opción correcta es una voluntad de verdad y no de negación, siempre lleno de sentido del humor, provocación, nos invita a otra ronda de birra. En alguna entrevista en la CNN, Rotten afirma que apoya a Obama, x Obamacare, que no puede conectarse con una sociedad que no cuide a su gente. Por ahí también afirma que “no votar es demandar que te ignoren… leé todo lo que puedas y descubrí quién te está usando…”.

No sé muy bien qué esperan “los fans” cuando un artista ya hace tiempo ha dado lo mejor que tenía para dar.

Yo sigo esperando lo mismo: sinceridad, honestidad, sentido del humor. Una relación con la identidad en el juego irrefrenable de la diferencia.

Todo lo demás es ya política, contentar al otro, estar en forma.

 

Sobre “Soy tu seguidora”, de Daniela Regert / Reseña

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Reseñas espectrales

Por Leonardo Fabián Sai

¿Pueden las tablas pensar los delirios de las pantallas? ¿Podemos subir a escena el narcisismo de las redes y someterlo a la más ácida crítica mientras nos identificamos y reímos con amigos? Desde luego, Soy tu seguidora es prueba de ello.

¿De qué se trata esta obra que va los sábados a las 21hs, por Teatro El Estepario, Medrano 484, Almagro?

soy tu seguidora

Una mujer se enamora, se obsesiona, vive para un otro construido por las redes, al que ama y odia por no permitirle ser parte de su vida real. Lo documenta todo. Lo archiva todo. Una desesperada. Intenta narrarse en un diario íntimo. Pero éste también se le diluye en las redes, no puede escribir sobre eso inenarrable, infinito, que se actualiza sin nosotros, sin nuestro cuerpo, el que no cesamos de perder como imagen.

Si las redes sociales entronan a la comunicación redundante…

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Rusia 2018

Otra vez la falsa felicidad deportiva,

y la esperanza del éxito robado,

Obelisco sangriento,

Mugriento, miserable,

las masas esperan a Papa Noel bajando del micro,

la selección del fútbol mundialista agitada por faso, alcohol y locura barrabrava,

otra vez con el juego de la pelota nos coartan libertades,

la pelota no puede permanecer inocente:

siempre está manchada,

embarrada, sucia, infecta de nuestro fracaso civil;

Todos los lobos son ovejas,

todos los traidores salen a gritar:

¡Viva Argentina carajo!

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Gracias a Dios por Diego Armando Maradona

30/06/2018

L.S.