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Sobre La democracia en América de Alexis de Tocqueville

Por Leonardo Sai

ALEXIS DE TOCQUEVILLE

ALEXIS DE TOCQUEVILLE (Photo credit: drivebybiscuits1)

Hay una tranquilidad de diario de viaje en La democracia en América. Es un trabajo de campo. Pero también es el esplendor y la contemplación de una idea. Retrata el advenimiento de algo nuevo, una novedad, condenada a diseminarse y esparcirse por todos lados, como un virus, la muerte en masa: bien democrática. Alexis registra una buena democracia y una democracia jodida. La buena democracia desparrama el poder. Tiene sistema municipal, ciudadanía participativa, blanca, racional y consciente. Hay en él una moralidad de minorías contra una moralidad de masas. Hay una necesidad de trasmutar la nostalgia de una época perdida en una política reformista para el presente. Son estas ideas de viaje, estas anotaciones, estas experiencias, estas descripciones y reflexiones las que Tocqueville se lleva de regreso a Francia donde es diputado entre 1839 y 1848 y propugna la descentralización del gobierno y un poder judicial independiente; vicepresidente de la Asamblea en 1849, opositor al golpe de Napoleón III. Se retira de la vida política en 1859. Tocqueville se va, se silencia, este mundo ya no le importa. Y es que en la especie aristocrática del hombre el juicio reza así: “lo que es perjudicial para mí es también perjudicial en sí”.

La mayoría, las masas, son aquí un individuo contra otro individuo que se llama minoría: hay guerra. Alexis no cree en gobiernos mixtos. Dice que el poder no puede estar por su propia naturaleza dividido. En la democracia o predomina la mayoría o no hay democracia. La democracia es un poder de mayoría.

Tocqueville

Tocqueville se pregunta: “¿Hay un poder superior? ¿Cuál es este poder social superior? ¿Cuál es el control?” Muestra la tensión. Racionalidad vs. Pasión. Aristocracia vs. Democracia. Lo que Tocqueville llama democracia es la sospecha de una demagogia invencible. Tocqueville quiere pensar algo más que una realidad sociocultural, política y algo religiosa: quiere mirar el alcance de una forma surgida sin una revolución social subyacente. Es una crítica a un tipo de espíritu, una crítica a un clima, a un hábitat de desarrollo de humanos. Tocqueville critica el invernadero de la democracia, el repollo de los nuevos hombres, la placenta de una subjetividad naciente. Nuestro pensador francés sostiene que ya nadie podrá levantar demasiado la cabeza por encima de nadie, una igualdad se come el alma virtuosa, una inmundicia espiritual acecha la sociedad y sólo Dios sabe qué belleza pueda haber en eso. El remedio que salva a “los valores” de esta serie en expansión es infiltrar un espíritu aristocrático en la democracia, específicamente, intervenir en el aparato de justicia. Justicia descentralizada, voluntad popular dividida, municipios: minorías reconocidas. ¿Cuál es el trabajo que Alexis de Tocqueville está haciendo?

Tocqueville está trabajando teórica y políticamente lo existente sin necesidad de inventar otro mundo. Trabajar lo existente quiere decir, por ejemplo, que Tocqueville ve en el individualismo un relajamiento excesivo del lazo social que hace que el ciudadano deje de ser tal y se sumerja en un egoísmo infructífero para el bien común. En las aristocracias hay familias, en las democracias hay individuos. En las aristocracias hay tradición, en las democracias hay innovación. Tocqueville piensa que si esos hombres ya no le deben nada a nadie, ni esperan nada de nadie, y ven con gusto el destino en sus manos, las instituciones libres les recuerdan que necesitan de un otro para vivir, limitan egoísmos abismales, apartan la mirada de sí sobre sí y mediante la vida política nace una libertad. Una libertad política que combate los males de la igualdad y permite la formación legítima y legal de minorías disidentes, no de individuos aislados y disconformes. Minorías enraizadas en instituciones con peso de decisión en el aparato de gobierno.

Tocqueville dice que la democracia está, que es lo que se viene, que no se la va a frenar, que le desagrada y que no hay otra. ¿Qué hacer? Políticamente, interviene dentro del sistema de gobierno. Teóricamente: inventa lo que luego se llamará sociología. Tocqueville es uno de los primeros sociólogos. Hay un tipo de sociología que se compone con los Tocqueville, los De Maistre, etc. Es una sociología del desagrado manifiesto, del desprecio empírico, del asco a secas. Tocqueville practica la sociología como el arte de la intoxicación voluntaria, como una escucha para las detonaciones de la época. Salvo que Tocqueville a los temas que lo secuestran no les agrega buena voluntad, compasión, ni empatía sino desprecio, distancia, amplitud del ojo. La crítica de Tocqueville es la crítica a una forma: la forma democracia. Los hombres son delegaciones de formas que empiezan antes que ellos, actúan mediante y más allá. Oswald Spengler lo llamaba Cultura. El advenimiento de una forma es el advenimiento de un tipo de sociedad. Tocqueville sobre-reacciona. No se adapta, extrema su insulto. No es un empleado de la teoría del progreso. Es un pensador, esto es, el invento de la bestia que en sus excesos vitales produce ideas.

El libro culmina con frases como esta:

“Recorro con la mirada esa inmensa muchedumbre compuesta de seres iguales, en la que nada se eleva ni se rebaja. El espectáculo de semejante uniformidad universal hiela mi sangre y me entristece, y casi estoy por echar de menos la sociedad desaparecida.”

Publicado originalmente aquí

La mayoría amorfa de la globalización contra la modernidad obsoleta

Lo importante es saber dónde hay gran fuerza y dónde se debe gastar la fuerza…

Nietzsche

 

Un compañero de la redacción virtual del site Punto de Equilibrio[1], el señor Luis Colombatto, me solicitó, muy amablemente, una explicación del último párrafo de un artículo, recientemente, publicado[2]. Dado que el párrafo condensa unos conceptos no explicados en el texto referido, quisiera aprovechar esta oportunidad para abordarlos con cierto detenimiento.

 

El párrafo en cuestión afirma:

 

Tardamos casi 30 años en recuperar unas posiciones heterodoxas en política económica. Hechos recientes urgen a replantearnos la ortodoxia presidencialista con la cual, de conjunto, reproducimos el esquema de sustituir fusibles, sacrificar chivos e interpelar a la mayoría amorfa de la globalización con modernidad obsoleta. (Expiaciones; Punto de Equilibrio)

 

¿Qué son esos 30 años transcurridos de 1973 al 2003? El último gobierno, con capacidad de decisión, heterodoxo en política económica, fue el peronismo desarrollista de Gelbard en 1973. En los dieciocho años transcurridos entre el derrocamiento de Perón y su vuelta con Cámpora la Argentina retrasó su potencia industrial frente a Brasil. Brasil no fue intermitentemente desarrollista sino decididamente industrialista. La burguesía terrateniente argentina que había diferenciado su renta agraria en comercio, en industria sustitutiva y finanzas competía con la burguesía nacional, fuertemente mercado-internista y fortalecida por el peronismo histórico, por quien comandaba los resortes del poder del estado y así orientar la conducción de la acumulación de acuerdo a sus intereses (1955-1973) En ese marco de empate social, no solo se construyeron las alianzas con la clase trabajadora y sus sindicatos sino que, justamente, debido a esa brutal lucha de clases, desatada en 1955, los trabajadores llegaron, en los setentas, ya no solo a sufrir, frenar y resistir medidas ortodoxas en defensa del salario sino a cuestionar, íntegramente, el sistema capitalista.

 

Español: Solicitada publicada el 24 de marzo d...

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La destrucción de esa política no fue responsabilidad de “los militares” sino del propio Perón. La conflictividad social fue resuelta con el orden absoluto, es decir, con la masacre peronista sobre los peronistas y los trabajadores y la masacre dictatorial sobre todo cuerpo y alma sospechado de voluntad de subversión de los valores occidentales, cristianos y nacionales. Hasta 1973 el conjunto de la burguesía había logrado subsumir, económicamente, a los trabajadores con inflación crónica, stand by del FMI, picos de desocupación, industrialización moderada, devaluaciones varias, agro estancado y semi-estancado, unas finanzas que empezaban a sobredimensionarse en deuda creciente. Tales fueron las condiciones de posibilidad de las políticas de ajuste: la ortodoxia monetarista fue el arma de la burguesía para combatir al pujante movimiento obrero argentino con dependencia. Dicho de otro modo: la burguesía no podía ni domar los precios ni domar a su clase trabajadora. ¿Cómo lo logró? Con una dictadura siniestra que modificó el patrón productivo de la sociedad argentina. Los efectos objetivos de esa desindustrialización (1976-2001) estallaron con la convertibilidad sin anestesia. Y los efectos subjetivos no paramos de discutirlos porque el futuro todavía no nos interesa.

 

Se me contestará que “mientras el pasado no sea resuelto no hay ninguna posibilidad de futuro” o  “no se puede tener “presente” sino salen todas las sentencias”. ¿Me pueden explicar qué sociedad tiene por resuelto eso que se llama “el pasado”? Por más que todos los militares vayan presos siempre se puede ir y buscar más y más pasado. Podemos ir hasta la semana trágica, contabilizar todos los muertos de Irigoyen, seguir y seguir para atrás, hasta los nativos, alcanzar la conquista como la huella de nuestro destino impropio. El análisis del pasado no es un asunto jurídico sino existencial. Y, como enseña Freud, se trata siempre de un análisis interminable. Por eso nos sepulta sino miramos hacia delante. No estamos diciendo “liberen a los militares”. Afirmamos: el futuro apremia nuestro presente sin concepto.

 

Tardamos 30 años en recuperar unas posiciones heterodoxas, tibiamente, keynesianas, que buscan recuperar el tejido industrial diluido por la globalización financiera. Seamos realistas: la industria mercado-internista (calzados, textiles) forzosamente mano de obra intensiva es menos un asunto de “modelo industrialista” que la posibilidad misma de evitar un caos social por desocupación y pobreza. Esa industria que reclama, apoya y sostiene un obvio proteccionismo estatal y que alcanzó escala regional con el apoyo del Mercosur y la Unasur es un puro asunto de gobernabilidad. Basta ver las ganancias extraordinarias que tienen los bancos en nuestro país (mayores a la de los endemoniados noventas) y ni hablar las empresas trasnacionalizadas que dominan la economía argentina y la sacuden cuando re-envían sus jugosas utilidades a casas matrices. ¿Significa algo esa industria incipiente, protegida, poco competitiva, flacamente innovadora para la oposición al kircherismo? Absolutamente: Nada. Solo les preocupa lamer las bolas del toro y ser seleccionadas como Miss Candidata en la Sociedad Rural. Cabe recordar que, para el mercado mundial, la defensa de la industria nacional y regional será siempre “elefantiásica” “dirigista” “autoritaria” por una razón elemental: ellos ya se industrializaron. Dicho de otro modo: el autoritarismo del gobierno emerge de su modo de producción.  ¿Cuál es el presente del oficialismo?

 

Con toda la pasión por la fábrica, los auto-partistas y los ensambladores del sur, el kirchnerismo afirma: “somos industrialistas”. Bárbaro. Excelente. ¡Viva el neo-desarrollismo! ¿Y qué hacemos? Reproducimos, en el presente, todos los conflictos económicos del pasado. En lugar de pensar una nueva teoría económica: desenterramos a Keynes y hacemos exégesis de su teoría general. En lugar de diferenciar el agro bio-tecnológico de innovadores: los confundimos en una misma bolsa con los grandes terratenientes. En lugar de estar a la altura de la globalización: nos enorgullecemos de voluntad industrialista cuando nuestro norte debería ser la “tecnología-tecnologizante” del conjunto.

Si queremos re-industrializar debemos hacerlo sobre la base de la producción de nuevas tecnologías que sirvan de suelo a una industrialización que de ella emerja. No basta con revivir el eterno retorno de la sustitución de importaciones. Eso no alcanza. Menos en el siglo XXI. La re-industrialización debe mirar hacia el futuro: debe re-industrializar hacia delante porque hacia atrás solo existe corto plazo e inflación crónica. No digo que hay que poner todos los huevos en la canasta del software. Digo: la industria del software[3] indica un camino; su desarrollo, su éxito, su densidad y prolongación no favorecen ni al campo ni a la industria sino a todos los sectores económicos al mismo tiempo. Es el milagro del lenguaje binario.

 

La revolución tecnológica del software es, intrínsecamente, trasversal. Necesitamos menos de “burguesía nacional” que de innovadores tecnológicos como vanguardia del país. El software, el trabajo inmaterial, no debe ser tratado solo como una mercancía para exportar y traer divisas sino como el modo de conectar la industria con el mercado mundial a través de la producción de tecnología. Mercado Libre lo acaba de lograr con su acuerdo con la empresa de correo OCA y las PyMES de forma tal de unir los pedidos de PyMES con el vasto mundo de la compra online. Una muestra de botón de lo que implica esta industria pensada y aplicada cruzadamente. ¿Qué modo de producción traen los innovadores tecnológicos?

 

La sociedad en red, la democracia en la toma de decisiones. Nadie puede ser innovador por decreto de necesidad de urgencia. No se sustituye un innovador con otro. Es imposible. Es tan irremplazable y singular como la renta diferencial de la pampa húmeda. Exige horizontalidad; construye largo plazo y debate racional de ideas. El innovador tecnológico es parlamentarismo de empresa. Es el capitalista y el primer trabajador, como canta la marchita y como enseña Steve Jobs. Se conecta, fácilmente, con una sociedad mundial irreductible a dramas nacionales. Sube al escenario a la mayoría amorfa y la interpela con experiencias vitales, presentes, de su cotidianeidad generacional. Atrae a ese hiper-individualismo de masas globalizadas con liderazgos basados en revolucionar estilos y modos de vidas con mundos y subjetividades: mundo del Facebook, mundo del Skype, mundo del Cuevana, mundo de la música para descargar y escuchar mientras se trota en el gimnasio. La tecnología no es ni una idea ni un producto sino relaciones sociales de producción de relaciones sociales mediante conceptos y conocimientos aplicado a un horizonte que ya no es moderno sino, frenéticamente, post-moderno.

 

Nadie afirma que esto sea el “reino de la libertad” ni que el twitter utilizado para convocar una protesta social no pueda ser usado por la policía para reprimirla. La tecnología siempre nos ofrece un mundo despolitizado e imagina un mundo sin seres humanos que marcha solito, en piloto automático. Por eso, la soñamos como pesadilla de guerra final entre hombres y máquinas, en la ciencia-ficción. Pero ese es otro asunto e importa muy poco. Además, para que nuestra sociedad haga su “crítica de la tecnología” antes que nada: precisa desarrollarla. Mientras tanto, no cesa de desear su esencia.

 

¿Interpelación de una mayoría amorfa? La sociedad argentina es esa mayoría amorfa. Esa mayoría amorfa es constitutiva de toda la sociedad mundial. No es el efecto y resto pestilente de una derrota política con tres décadas. No es lo que queda de una generación desaparecida. La mayoría amorfa no tiene porqué ser la “nueva mayoría” que la derecha estudia con Rosendo Fraga y el marketing político del “hombre común”. La mayoría amorfa es una discontinuidad. No se constituyó solo por tragedias y dramas nacionales sino por las fuerzas afirmativas que expandieron y desarrollaron el mercado mundial del capital.

 

Allí donde existe, allí donde pierde forma nacional, sea Argentina con las cacerolas, en Europa y Estados Unidos con los indignados, en China con los disidentes, en las revueltas del Mundo Árabes, la mayoría amorfa de la globalización suscita esa arisca diferencia que interroga a los signos de lo porvenir.

 

Publicado originalmente aquí:


[3] La industria del Software, en el 2011, aumentó sus exportaciones en un 13 % con respecto a 2010, generó casi 10.000 puestos de trabajo y tuvo una facturación de3.102 M de dóls lo que representa un incremento del 20 por ciento respecto de 2010. Según datos dela Cámara de Empresas de Software & Servicios informáticos dela República Argentina (CESSI), en el 2011, las exportaciones en el sector aumentaron un 12,6 por ciento con respecto al 2010, alcanzando un total de747 M de dóls de ventas al mundo. Asimismo, entre el 2003 y el 2011 las ventas al exterior crecieron un 340 por ciento. En 2011 también aumentó la facturación un 20 por ciento: pasó de2.582 M de dóls en2010 a3.102 M de dóls este año. En tanto, con respecto a 2003 el aumento fue de casi 300 por ciento. Se estima que para 2020 las ventas de la industria del software y servicios informáticos (SSI) enla Argentina se multiplicarán casi por tres, para alcanzar una facturación de7.400 M de dóls; casi se duplicarán los empleos del sector (se alcanzarán los 130.000 puestos de trabajo contra los 70.000 actuales) y se cuadruplicarán las exportaciones, para llegar a vender al mundo cerca de3.000 M de dóls (el 40% de las ventas totales del sector) Compañías globales líderes como IBM, SAP y TATA instalan centros de escala y clase mundial en Argentina para atender al mundo; la nacional Mercado Libre cotiza en Nasdaq y otras como SIA Interactive, Intersoft y Sistemas Bejerman lograron insertarse en la elite mundial del negocio: Sia Interactive está exportando el 70% de su producción a lugares tan diversos como Arabia Saudita, Marruecos, Tailandia y Vietnam y, empresas como Disney o Adobe, están interesadas hoy en adquirir sus programas; Intersoft casi duplicó su facturación de 2003; y Sistemas Bejerman duplicó su personal, presentó 30 nuevas versiones de sus programas y desarrolló 12 programas nuevos en solo unos años. (Los datos son del Ministerio de Industria dela Nación)

Prudencia


Cuando pasa el gran señor, el sabio campesino se inclina profundamente ante él, y en silencio se tira un pedo

Proverbio etíope

Lo que menos necesitamos, respecto del “conflicto Malvinas”, es un gol con la mano. Urge tener juicio y conciencia de nuestros límites. Dicho de otro modo: nuestra minería a cielo abierto, absolutamente fuera del control del estado, es una prueba grosera del poder soberano de nuestra nación. Las provocaciones de Cameron son, simplemente, gimnasia del poder; el reconocimiento chabacano de su ejercicio. Elcinismo vulgar inglés tapa con sentimiento patriótico el desempleo global. Sería digno no hacer lo mismo, no buscar la forma de ser vivos ni piolas; evitar tocarle el culo a la reina. Lo peor, en estos momentos, es redoblar la fuerza.

Logotype of the former Yacimientos Petrolífero...

Image via Wikipedia

Desde nuestra periferia, un gol diplomático a una potencia extranjera es un grave equívoco. Los recursos y consejos del resentimiento no traen gloria para nadie. La Argentina no tiene ni siquiera una Petrobras propia (u asociada) como para explotar el petróleo de Malvinas. Tenemos acciones en YPF. No alcanza. Hay argentinos y argentinas—y no pocos ni pocas— a lo largo y ancho de todo nuestro territorio que defienden la devastación minera con el argumento de que “genera empleo”. Sabio es empezar a revertir esta conciencia cipaya en los actuales límites de nuestro poder territorial. Esta escala de dichos y contra-dichos es, totalmente, innecesaria. Pero los argentinos insistimos en evitar pensar hacia delante. Y nuestro gobierno no para de alimentar el retorno de las huellas del dolor, revolver el pasado y traer sus fantasmas a un presente agobiado de problemáticas más urgentes. El periodismo pordiosero de Jorge Lanata tiene también razones.

Las mentes afiebradas de pos-modernismo consideran que este conflicto por el momento verbal es un asunto de entretenimiento veraniego que “ya pasará”. A los que vemos en estos entredichos algo mucho más tenebroso, peligroso y determinante se nos acusa de paranoicos: el psicoanálisis salvaje es un deporte de la lengua porteña. Sucede que la paranoia no es una enfermedad mental sino un uso: nos permite estar alerta a las señales terribles de lo real. El problema de la paranoia no es el aviso, la referencia, sino sus respuestas: la respuesta paranoica es lo que nos enferma. No su anticipación.

No tenemos ningún honor que salvar ni ningún potencial económico nacional que, a corto y mediano plazo, podamos desplegar en Malvinas. Nos falta mucho para eso. Exponer la vulgaridad británica es ya una conquista de nuestra debilidad. Es inútil avanzar cuando nuestros socios regionales, con un mero cambio de bandera, dejarán pasar los barcos ingleses, todos sometidos a un derecho internacionalextrínseco. Irritar a los ingleses con populismo y patrioterismo es desaprovechar la cólera del enemigo.

Demos el ejemplo cristiano de la compresión, la paciencia, y en silencio: emitamos nuestras flatulencias. Nuestro tiempo es el tiempo de la espera. Con tranquilidad y cordura, vislumbraremos mejores tácticas y una geopolítica respecto de la cual el mundo entero carece de concepto. La crisis monetaria del euro no solo lo evidencia. También lo hace la voluntad de venganza que nos impide imaginar productivamente un mediodía para nuestras posibilidades.

Expiaciones; por Leonardo Sai

 

Por “sociedad”, en el sentido más importante, entendemos una especie de contextura inter-humana en la cual todos dependen de todos; en la cual el todo subsiste gracias a la unidad de las funciones asumidas por los copartícipes, a cada uno de los cuales, por principio, se le asigna una función; y donde todos los individuos, a su vez, son determinados en gran medida por la pertenencia al contexto en su totalidad. El concepto de sociedad, pues, designa más bien las relaciones entre los elementos y las leyes a las cuales esas relaciones subyacen, y no a los elementos y sus descripciones simples. Así entendido, es un concepto de función.

T.W. Adorno

¿Cómo se puede cruzar el sentirse bien, el clima distendido, lo liviano de un “resumen de medianoche” que repasa la masacre en la indiferencia que seduce tanto como ignora? ¿Qué se quiere “informar” cuando se une al dolor sin concepto la carita de pequeñín de un conductor que propone subir la música del Dj de fondo, prepararse para la noche, coquetear las redes sociales en esa buena onda que lo define revolviendo sangre con azúcar? Lúdico, canchero, informado, saludable, feliz… Quizás, preferimos la renovación generacional de la conducción de los noticieros. Intuimos, sentimos, percibimos, con esa crueldad típica del sentido común, que la cara de cemento de los viejos moralistas no tiene cabida en nuestra cultura light. En definitiva: ¿Cuál es el problema de presentar la violación, la adicción, la corrupción, la tragedia en un clima de joven after office deseante de fans, seguidores, twittertequila sunrise? ¿Cuál es el problema? ¿Acaso no se trata de dilemas, miserias, mala leche de unos individuos contra otros? ¿Qué drama hay? Si, después de todo, no hay ninguna sociedad detrás, adelante, al costado, en el rincón, de cada una de las imágenes tanáticas de nuestro municipio interconectado. A este periodismo de venganza, a veces de bajas calorías, otras veces de cirugía mayor sin anestesia, se lo compensa con una espiritualidad del “hacerte cargo” y, entre ambos, desfilan un sin número de comentaristas, locutores, opinólogos y críticos de la amargura ajena con el objetivo de apresar la intimidad del individuo y volverlo, infinitamente, responsable de un mundo en el cual apenas si incide y casi nunca decide curso mínimo alguno. Somos todos, individualmente, responsables de todo porque la guerra de todos contra todos nos impone la más absoluta igualdad irracional.

Esta cultura hiper-individualista invoca a “la sociedad” desde los medios de comunicación para repartir culpables y víctimas. Gracias a ella el progresismo ha podido, recientemente, identificar que redactores, columnistas, colaboradores de algunos diarios cuestionados por causas de derechos humanos son cómplices subjetivos de crímenes cometidos antes de su nacimiento. ¡Cuántas maravillas nos proporcionan el tribunal de los micrófonos y las iluminaciones de pantalla! En este hiper-individualismo tan crítico como cómodo, Claudio Márquez y Eduardo Feinmann no solo comparten C5N sino que metaforizan el anverso y el reverso de nuestra cultura del yo. Uno, espiritualmente, nos responsabiliza por ser creadores de nuestro propio fracaso. El Otro, sádicamente, goza exponiéndolo. Y la Trinidad se cierra con progresistas y nacionalistas que tienen revisada la cosa y contra el neo-liberalismo individualizante oponen la militancia organizada que denuncia a los poderosos que mueven los hilos del “poder económico” digitando, en el anonimato, la capitulación del pueblo. Alejandro Dolina sublima esta tercera posición que considera que ya no coinciden “poder político” y “poder económico” porque algunos apellidos históricos del segundo se resisten a entregar divisas para que se los acuse, desde el aparato ideológico estatal, de traidores a la patria y auténticos responsables de la dependencia nacional. Solo el molde cambia porque lo que se desplaza —la mirada reduccionista de la sociedad a sus partículas elementales— permanece disimulado.

Es interesante que la sociedad argentina haya ido al fondo, a pesar suyo, con su convertibilidad hasta hacerla estallar en mil pedazos. Los optimistas del presente sueñan con la continuación del hiper-personalismo por otros medios y los pesimistas sueñan con otro personalismo que los favorezca. Esto está tocando fondo y expone la debilidad biológica presidencialista, sus potenciales desenlaces críticos. Hay voces que hoy nos llaman la atención y se pronuncian contra la repetición fláccida a favor de la diferencia. La cinta del 2015 no le calza a nadie y hay tiempo todavía para pensar. No está escrito en ningún lado que debamos resignarnos a la inestabilidad de los compromisos personales. Alcanzar un mayor grado de racionalidad en el ejercicio político es una solución que la propia sociedad plantea, conjuntamente, a sus tendencias absolutistas. Sucede que no va a existir “parlamento” sin una mentalidad parlamentaria que, desde abajo, absorba tanto a opositores como a oficialistas. ¿Otro largo plazo? El algo para existir necesita un horizonte. Quien actúa en el corto plazo no crea nada nuevo. Simplemente, posterga las fuerzas de disolución con diques (discursos) El corto plazo es un falso hacer. Una política parlamentaria, una mentalidad parlamentaria seria, constituye una verdadera revolución cultural para nuestra sociabilidad “atada con alambre”. Hace falta un ejemplo.

Las minorías gays no construyeron la conquista jurídica del matrimonio igualitario del mismo modo que los piqueteros, y el conjunto de los movimientos sociales, la asignación universal por hijo. El triunfo positivo de gays y lesbianas está mucho más despegado de los vaivenes personalistas que la construcción política de algunos sectores piqueteros. Hay diferencias de clase, diferencias de economía política de esos derechos conquistados, sin duda alguna. Pero, también, hay diferencias de construcción política. Los piqueteros y movimientos sociales, salvo excepciones, están ligados al Ejecutivo y desde el aparato de estado se fueron armando las mediaciones, circuitos, conductos. Se lo llama gobernabilidad. La política en pos del matrimonio igualitario conquistó al Parlamento, uno por uno, y luego vino la foto con K. Fue la estrategia micro-física de una mentalidad distinta. Un triunfo parlamentario. No una ley oficialista con apoyo y modificaciones técnicas (a veces importantes como la que el Proyecto Sur estableció, en su momento, a la Ley de Medios) de fuerzas políticas menores. Los gays ejercieron una política con un horizonte de incidencia (regional e internacional) desconocido en la política nacional-centrada. Presionaron sobre el Parlamento; negociaron, discutieron, pulieron argumentos, escucharon a los energúmenos, combatieron las lenguas resecas del cristianismo. El reconocimiento de sus derechos subió un escalón más el piso de la discusión cultural de la sociedad argentina. Quienes no estuvieron a su altura: nos causan vergüenza ajena y humillan nuestra inteligencia. Volvamos ahora a la imagen del periodista cool antes del cierre porque se trata de ver cómo se comunica esta cultura del individualismo pobre que culmina en la verticalidad del todo o nada.¿Signo de qué es el comunicador piola?

No solo los llamados “trabajadores manuales” han perdido su identificación con el oficio. No se trata solamente de la destrucción de las identidades industriales y los modos líquidos de la economía de servicios donde el único punto de identificación con respecto al trabajo es si tengo empleo o no lo tengo. La ética del oficio “con las manos” se disolvió tanto como la ética de la profesión “de la palabra”.  La honestidad intelectual brilla por su ausencia. En la mediática del vivir tampoco tengo un producto que ofrecer sino un “aire que saturar”. El periodista cool tiene tanto largo plazo como los wachiturros. La diferencia es el mercado de fans. El periodista cool puede ser deportivo, de espectáculos, conductor de noticieros o radial. No importa: la forma es la misma. La empresa de medios vende publicidad y el relleno es un canchero desinformado que cree “saber lo que pasa” o se siente exponente-referente de la “universidad de la calle”. No hace falta que “se ponga la remera” de la mega-empresa que lo contrata (sea nacional o trasnacional) Le basta afirmar que “se siente libre” para “decir lo que piensa”. Es el símbolo de un funcionamiento de especialización mediocre; menos versión masculina de vedette que versión televisiva de repositor de supermercado. Basta ponerse a tono con “lo que se dice” y cuestionar la media lo justo y necesario para que pueda, apenas emerger, alguna dimensión de cualidad personal. No existe un reclamo de libertad para transgredir lo establecido. El periodista cool no es un trasgresor. Es un obediente que pugna con otros por destacarse en el circuito de la competencia de empresa. Si actúa de un modo no presupuesto, no es por trasgresor sino para diferenciarse, para innovar. El periodista cool no tiene pasiones: ejecuta un trabajo de presentación pública del mismo modo que una sonrisa de Mc Donalds. La única destreza que desarrolla es elser chismoso y una identificación con una cultura de la empresa de síque lo lleva a producir, constantemente, minuto a minuto, una extensa red de contactos, cenas, comunicaciones, para lograr posicionar su “yo mediático”. La prolongación instrumental, exterior, de sus ansiedades, miedos e inseguridades es el Blackberry y las virtualidades donde descarga la necesidad permanente, imperiosa y mercantil de los otros. El periodista cool dice que es su propia empresa pero jamás gasta un centavo en una inversión real que no sea su propia imagen. Si contrata a alguien: lo hace para sentirse mejor y cubrir una falta subjetiva. No importa si es un profesor de filosofía o un personal trainer. No le interesa ni la filosofía ni el deporte sino aparecer inteligente o saludable. Un gasto para sí. No “lo que soy” sino “cómo me muestro”. El riesgo empresarial real le es por completo desconocido. Necesita mucho ocio para consumir el cheque de fin de mes. Es, sencillamente, un empleado con imaginario empresarial y según su rating: un precio determinado. El periodista cool es un creyente. Un individuo que cree en lo que hace; cree en los valores de la época: sonríe y sufre sus consecuencias. Estas creencias lo llevaran al burn-out, al ataque de pánico, a la cocaína o al Reiki. Importa y no importa. Importa porque es la demostración clínica de una sociedad que masacra los nervios y las resistencias de aquellos explota encumbrando. No importa porque los periodistas cool no existen. Son, esencialmente, exponentes variopintos de nuestro deseo neo-liberal. Háganse las modificaciones pertinentes: sáquese al periodista cool y póngase al militante-funcionario con departamento en Puerto Madero y tendrá la correspondiente versión “nacional y popular” de ese mismo deseo en un marco de cristalización estatal. Cambiará la representación pero el goce permanece idéntico a sí mismo. Cerramos, ahora sí, nuestra crónica de asfalto re-caliente.

Tardamos casi 30 años en recuperar unas posiciones heterodoxas en política económica. Hechos recientes urgen a replantearnos la ortodoxia presidencialista con la cual, de conjunto, reproducimos el esquema de sustituir fusibles, sacrificar chivos e interpelar a la mayoría amorfa de la globalización con modernidad obsoleta.


Publicado originalmente en weblog Nación Apache y en la web de noticias Punto de Equilibrio

LA GUERRA PRIMITIVA; por Leonardo Sai

Por el imaginario del siglo XIX, por el panfleto ecológico y la “new age”, se cree, muy cómodamente, que los primitivos eran unos seres armónicos, unidos al fermento, como humus contemplativo del retorno idéntico de lo eternamente igual. Es una imagen tierna que considera la vida del primitivo como vida feliz. Nada que ver. Hay violencia en la sociedad primitiva; su ser social está determinado para la guerra. ¿Cómo se cristianiza a estas “gentes sin fe, sin ley, sin rey”? ¿Cómo se hace con estos tipos que desconocen el estado, los derechos humanos, la sociedad de los imperativos universales? ¿Cómo se hace cuando todo poder es directamente común y no se concentra en nadie sino que permanece indiviso? La guerra primitiva es una sociedad para la guerra. Sociedad primitiva quiere decir sociedad de multiplicidades esquivas que rechazan la unificación de una trascendencia. Primitiva es la sociedad absolutamente libre. Sin gobierno, sin estado, sin jerarquía. Estos “sin” no equivalen a la negación de la sociedad sino a una forma social que desconocemos porque solo reconocemos la organización victoriosa de la conquista. Lo universal, entre los primitivos, no es el baile alrededor de la divinidad sino el conflicto armado.

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Los primitivos no hacen la guerra porque cazan: la misma flecha —el mismo objeto– mata a la presa y al hombre y no por ello la guerra es asunto zoológico sino, esencialmente, sociológico. El primitivo es guerrero por independiente; no por miserable. Hace la guerra agresivamente como afirmación de una diferencia comunitaria y no porque responda, económicamente, a las penurias de la subsistencia. Hay que ser superficialmente marxista y profundamente imbécil para creer que los primitivos se matan por “un bajo rendimiento de la tecnología productiva”. La guerra primitiva no es el atraso ni se debate en los términos de la invasión. La economía primitiva es una economía de satisfacción. No hay agotamiento de fuerzas productivas porque las necesidades no son infinitas (como en la sociedad del capital) sino que se trata de una selección de lo suficiente. La sociedad primitiva es una comuna del ocio. Los bienes no son escasos: son lo justo y lo preciso. La esencia de la guerra primitiva no está en otro lado que en su propio ser social. ¿Cómo es esta guerra primitiva? ¿Cómo pensarla?

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Fuera de la diferencia de sexos, no hay otra división en la sociedad primitiva: todos los hombres saben todo aquello que los hombres deben saber hacer. Otro tanto respecto de las mujeres. Se produce para la satisfacción, no para el excedente. El excedente resulta inútil; el deseo de acumulación ni asoma. La explotación, la división del trabajo, la desigualdad no existen en lo social primitivo. Es una totalidad-una que no se representa porque nadie puede diferenciarse, políticamente, de su inmanente indivisión. La sociedad primitiva no permite que ningún poder se separe del resto. Un ejemplo. Supongamos que alguien decide acumular. ¿Qué hace la comunidad al ver que digamos “un rico” acumuló recursos que no usa? Bueno, la comunidad primitiva ayudará, con sus estómagos, a consumir tales recursos gratuitos. Dicho de otro modo: el deseo de acumulación en la sociedad primitiva equivale a la explotación del rico por la comunidad.

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La sociedad primitiva hace la guerra porque lo que quiere es mantenerse indivisa. Lo más lejos posible el extraño, el otro, el enemigo; celosa de su territorio, si va al intercambio lo hace contra su deseo de independencia absoluta. La presencia del enemigo procura convertir a los aliados en cuñados. Intercambiando mujeres no solo se funda la cultura sino que se forjan alianzas para una guerra que no busca extender el dominio en el espacio sino mantener a rajatabla la autonomía política del ser social primitivo. Con el intercambio, los primitivos no suprimen la guerra: la hacen posible. La voluntad de afirmar la diferencia comunitaria, la fuerza de un Nosotros, es lo suficientemente tensa como para que el menor incidente —violación de territorio, agresión del brujo vecino— transforme el frágil equilibrio de una vecindad desconfiada en violencia inmediata. Pero la guerra primitiva no busca el poder, el dominio del enemigo: los primitivos rechazan la formación cultural, es decir, la relación amo-súbdito. El ser social primitivo es muy conservador: persevera indiviso. Si buscara la dominación, ésta le impondría la división política, una ley externa, la unificación y, por lo tanto, perdería todo carácter disperso, autónomo, centrífugo, separado… primitivo. La guerra permanente le garantiza la existencia no como victoria sino como una continua atomización, dispersión, fraccionamiento. Es que la sociedad primitiva tiene por esencial un único enemigo que la organiza: la guerra contra la lógica de la unificación, la guerra contra una instancia que se separe de su cuerpo social, la guerra contra el surgimiento de la historia.

La guerra primitiva es el mayor obstáculo sociológico imaginable a la civilización. El ser social primitivo no puede subsistir sin la guerra: vive para la guerra. A más guerra, menos unificación. Por eso, el maestro Pierre Clastres definía a la sociedad primitiva como una máquina de dispersión que se afirma, que funciona, que se resiste a la máquina de unificar. Nos enseñó que la guerra primitiva es, en rigor: una guerra contra el Estado.

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Texto escrito para el programa de Radio El Circo Miserable, basado en el trabajo de Pierre Clastres “Arqueología de la violencia“, para Fm Nacional Rock 93.7. Conducción del programa: Norberto “Ruso” Verea. 

Para bajarse el audio del programa donde se leyó el presente fragmento:

http://www.mediafire.com/?3b0b3th6psjgy11

El Circo Miserable

 

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El programa también tiene un eclecticismo muy grande dentro del blues, el rock y el heavy. Hay personajes que van apareciendo sin presentación. Por ejemplo Claudio, amigo, pensador de cosas cotidianas, que para nosotros es como un clown del pensamiento. Luego está Leonardo Say, que escribe muchas de las cosas que se leen en el contexto del circo. Es un chico joven que trabaja en el Ministerio de Cultura y en los planes para los servicios penitenciarios entregando cultura a los penales. Está ligado a pensamientos filosóficos que van desde las tribus urbanas hasta enanismos de todo tipo, no sólo mentales…

La marcha lenta de los estados débiles

Por Leonardo Sai

De fiesta fue el banquete de la mañana. Lo que estaba en la mesa, además de poco, repugnaría a cualquier apetito normal, la fuerza de los sentimientos, como en momentos de exaltación siempre ocurre, había ocupado el lugar del hambre, pero la alegría le servía de manjar, nadie se quejó, hasta que los ojos que ya veían fuesen los suyos.

Ensayo sobre la ceguera

José Saramago

Diógenes no duda que Alejandro construirá su inmortalidad. Lo que pretende enseñarle es que aun él no estará presente en ella.

Lumpenproletariat, una antigua compañía

Enrique Meler

Si por estos días se observa la tapa de los diarios nacionales —opositores y oficialistas— una certeza de papel ensucia los dedos con fuerza demostrativa: “la oposición”hace de exiliado político. Que nadie piense que es por las vacaciones. El apetito no tiene descanso. Sucede que la pusilanimidad de la voluntad no alumbra lo venidero ni siquiera el camino corto de una presencia honesta. Sin mucho esfuerzo, recordamos que no dudaron en armar el Redradogate, en pleno veranito, con los pies en la arena y posando para las revistas de labeautiful people como ejemplares del Animal Planet. La piña de Octubre los expulsó del juego político a la espera de que la crisis internacional los sitúe, por lo negativo, en algún espacio de la revancha anímica. Mientras tanto, hacen pose de víctimas, escupen arcaísmos, unos tras otros, y cual afeminados de telenovela gritan ¡fascismo! ¡fascismo! mientras del otro lado alimentan el entretenimiento de mesa redonda con revisionismo histórico. La denominada “oposición”, simplemente, carece de una compresión mínima del presente mundial. No convencen a nadie porque no conducen los negocios de nadie a ningún otro lugar que al spot cedido por la política oficialista. Dicho de otro: la oposición es un gasto de representación del oligopolio mediático.

Quién puede dudar que el kirchnerismo esta cerrando acuerdos con elconjunto de la burguesía (incluidos los agrarios) y que la representación de la lucha salarial emerge, lógicamente, como oposición única: la amenaza, en el caso de Moyano, se deshace en la daga judicial que pende sobre su cabeza. Hay que cerrar aumentos menores a la inflación que mantengan la rueda del consumo y clavar las expectativas en un dólar, relativamente, quieto. El poder compacto del kircherismo se re-organiza como una sintonía fina porque se intenta evitar liquidar la legitimidad conquistada en las urnas eludiendo un ajuste en bloque: se segmenta, se hace por declaración jurada. El kirchnerismo tomó nota de la 125 y arremete diferenciando, personalizando la relación, como las redes sociales enseñan a burócratas, funcionarios y vendedores de cosméticos. La sintonía fina quiere decir: hay que asegurar la tasa de ganancia a costa de los trabajadores y poner en fila al conjunto del empresariado. Dígame: ¿Bajo que dirección? La región. ¿Explique por qué no la Unión Europea? Porque el futuro del peronismo, para hacerse del estado, es una política a escala regional que asegure la intervención nacional. ¿Cuál es ese futuro “nacional”? Un desarrollo regional asociado que profundice la interrelación de los capitales latinoamericanos en un ciclo económico mundial centrado en los emergentes con China llamada a decidir cada vez más sus intereses en la geo-política global. ¿Y esto qué significa?Significa que como China no modifica la estructura productiva de los países del MERCOSUR el desarrollo debe ser regional, asociado y, fuertemente, impulsado por el concurso y el financiamiento de los estados partes, es decir: entrelazando, políticamente, los negocios estatales-privados. ¡Deme un ejemplo! La semana que pasó hizo evidente el anuncio de que Brasil adjudicó a un capitalista amigo ¿testaferro? la construcción de un aeropuerto en la ciudad de Natal en vistas a los Olímpicos 2016. Las mandatarias festejaban la integración, la prensa progresista agasaja la creación de empleos. Pero: ¿No le parece progresista el desarrollo productivo contra la dictadura de los banqueros? Vociferar contra el “anarco-capitalismo financiero” y declamar, con petulancia, “hagamos un capitalismo en serio” no es otra cosa que afirmar: en la cancha de los “hedge funds” juegan los Soros y nosotros nos quedamos afuera; hagamos desarrollismo con nuestras infra-estructuras y solo así acumularemos poder, moneda y decisión financiera. Entonces, confiésese: ¡¿De qué lado está?! ¡De que lado está!

Del lado de los perros.

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El gasto público consolidado (Nación, provincias, municipios, fondos fiduciarios y cupón del PBI) pasó de 28.000 M de dóls en 2003 a 200.000 M de dóls estimados para 2011. A partir del 2007, con los primeros signos de lo que será el derrumbe financiero de Wall Street en el 2008, el gobierno de Kirchner recurrió a la estatización de las AFJP que le permitió disponer de un caudal de dinero suficiente para sostener el mercado interno (consumo y trabajo) en el medio de la recesión siempre latente a escala mundial. En 2011 los subsidios sociales (directos o por medio de empresas) llegarán, estimadamente, a 115.000 M de pesos. Esta cifra a 4.15 dóls da un monto cercano a 27.800 M de dóls. Con el correr del tiempo, los gastos no solo crecieron sin moderación sino que se convalidaron recurriendo al financiamiento monetario del Banco Central (adelantos transitorios, monetización de ganancias contables, uso de reservas contra una letra del Tesoro a diez años casi sin interés) El poder financiero nacional (que va desde el Nación, Central, Anses, pasando por el Provincia hasta el Galicia, el Hipotecario, el Macro, el Patagonia) del kircherismo no solo dispone de los subsidios y las obras públicas sino que, al controlar el crédito a la producción, resultan la condición, en última instancia, de financiamiento de un conjunto de PyMES con dificultades serias para competir y presionadas por la filtración apremiante del mercado mundial.

Es muy probable que frente a la actual dicotomía devaluacionista-apreciación del tipo de cambio, el gobierno impulse una solución intermedia que consista en alguna forma de “tipo de cambio diferencial” o devaluación encubierta para sectores precisos, esto es, medidas específicas orientadas a cuidar la competitividad exportadora de las PyMES más competitivas. Y respecto de aquellas que no lo son: quedaran más y más endeudadas con el sistema financiero nacional dependiendo de las licencias no automáticas como resguardo. Solo para este sector de industriales, la devaluación de Brasil representa una amenaza concreta para seguir haciendo negocios. Para sectores con mayor competitividad, si Brasil devalúa y crece, se trata de un mal menor porque lo esencial es el arrastre del mercado interno del carioca sobre la estructura de negocios nacionales asociados a su emergencia.

Al no aumentar la competitividad, ni la productividad, del conjunto de la estructura económica nacional, siendo que el grueso de los fondos cubre problemas de coyuntura (los fondos corren detrás de la sangría: eléctricas, gas, colectivos, subtes, trenes, camiones, agua, aerolíneas) el resultado es que el estado promueve el “boom del consumo” subsidiando al consumidor quien paga menos por precios disciplinados haciéndose con una diferencia que impulsa el gasto tecnológico y automotor, con privilegio. No dura eternamente. El poder de compra subsidiado equivale a decir que el capitalismo argentino no tiene, actualmente, una base más sólida, en su conjunto, con relación a otros tiempos históricos que le permita pagar mejores salarios con productividad genuina —basada en una articulación tecnológica que habilite a la estructura industrial una respuesta sin inflación, esto es, funcionamiento con innovación sistémica– sino que el sistema de su atraso costea una coyuntura de relativa prosperidad (de la cual no puede despegarse, políticamente, para re-orientar recursos en pos de un salto cualitativo de la estructura productiva industrial) respecto de la cual siempre se reclama “un largo plazo” “una profundización del modelo”. De esta forma, el estado actúa sobre la estructura de precios nacionales del mismo modo que la “burbuja financiera” en el mercado de capitales: disfraza la estructura real del valor mercantil hasta que la dinámica mundial impone la corrección con necesidad. Una repetición, clásica de la sustitución de importaciones, típica del bonapartismo maternal.

El tipo de cambio alto fue la clave para la estrategia de desarrollo industrialista mercado-internista desde mediados del 2002. Ya en el 2010 era difícil negar una erosión de la competitividad cambiaria con el real brasileño como oxígeno único. En el contexto presente se evidencia que de prolongarse esta situación, hacia fin de 2011, el tipo de cambio volverá a estar al nivel de la Convertibilidad. Brasil continuará con su devaluación (encubierta) del real hasta asegurar a su industria paulista protección suficiente de China. La diferencia se mide en el ciclo internacional, distinto de los noventas, por la suba sostenida de la demanda mundial de productos agrarios. La devaluación posterior a la ruptura de la Convertibilidad significó una fuerte caída de los salarios (en términos de dólar y poder adquisitivo) con la consiguiente mejora de las condiciones competitivas del capitalismo argentino. A la depreciación absoluta de la fuerza de trabajo se le había sumado el equipamiento renovado por las importaciones del uno a uno, capacidad ociosa, congelamiento de servicios, alza de los productos primarios y renta de la tierra, inyección de recursos al Estado. Oportunidad formidable para desenvolver el Logos Populista, como diría un lacaniano doméstico.

La competitividad del “modelo argentino” persiste como una “competitividad de variables macro-económicas” sin sustento en uncapital tecnológicamente potenciado que permita afirmar un salto cualitativo de la economía nacional. A pesar de la promoción y avance tecnológico-científico presente en el gobierno K —desde Atucha II hasta los diversos proyectos de bio-tecnología y nano-tecnología del Ministerio de Ciencia, Técnica e Innovación Productiva hasta las numerosas PyMES tecnológicas– la estructura productiva de conjunto es, palmariamente, dependiente a la innovación externa y el problema elemental que la denuncia es la inflación (incapacidad productiva de satisfacer la demanda) y por eso la obsesión económica substancial es el tipo de cambio, el valor del dólar.

Dada su baja productividad, una manera que tiene la industria de ganar competitividad en el mercado mundial es a través del tipo de cambio real alto que implica salarios bajos en términos de la moneda mundial. Con tipo de cambio alto los sectores productores que sustituyen importaciones se benefician, aumentan inversiones y bajan los niveles de los servicios, tanto en inversión como en rentabilidad. Con moneda apreciada, a la inversa. El resultado no es el aumento de la densidad económica, como cree Aldo Ferrer sino la desestructuración del desarrollo por las fuerzas del mercado mundial y la velocidad de la innovación tecnológica global. No hay despliegue tecnológico y el capitalismo argentino no asegura genuina competitividad a su industria. Insisto: el marco regional de la acumulación favorece oportunidades para la intervención del Estado en el sector tecnológico, clave para una efectiva intervención en el costo de producción de mercancías, esto es, en la estructura de valor concebida desde una escala de emergencia-asociada. ¿Y Tierra del Fuego?

El porcentaje de componentes argentinos en los electrónicos ensamblados en esa provincia no llega al cinco por ciento y, en muchos casos, hasta las cajas y las etiquetas vienen del sudeste asiático con la impresión “made in Argentina”. Se trata de una fuente más de salida de divisas por compra de importados. Las empresas radicadas en Tierra del Fuego no tienen centros de desarrollo nacionales sino que traen diseños importados, los ensamblan, los exportan al mercado interno. Cabe mencionar que la experiencia de Tierra del Fuego (aunque contenga empresas que están radicadas hace 30 años) solo en los últimos dos o tres años creció constituyendo una verdadera explosión aunque sea ésta una “explosión de productos ensamblados”. La presión por la re-inversión en investigación y desarrollo es apresurada. En rigor, se trata de declaraciones de funcionarios urgidos por participar en el discurso nacionalista del ciclo.

Una parte sustancial del excedente sigue saliendo del país (sea por medio de la fuga de dólares, sea volcándose, masivamente, al consumo suntuario y la inversión inmobiliaria) financiada por el superávit de cuenta corriente. Según la consultora Ecolatina, la formación de activos externos del sector privado se incrementó de un ritmo promedio mensual de 300 millones de dóls (en el período de 2003 a marzo de 2008) a 1500 millones por mes entre abril de 2008 y junio de 2010. En Argentina, a diferencia de otros países latinoamericanos, la apuesta es al dólar. Pero la devaluación de la moneda tampoco es una solución fácil porque puede dar lugar a nuevas devaluaciones que, eventualmente, podrían desembocar en inflaciones incontrolables. Además, el gobierno no va a perjudicar, de modo terminante, un poder de compra que arrastra los sectores productivos privilegiados por el neo-desarrollismo, como las automotrices y el mencionado consumo de tecnología: la sociedad argentina exuda pragmatismo por toda su capilaridad.

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Español: Alejandro y Diógenes

Image via Wikipedia

No dudamos que a Néstor le construirán su eternidad. Lo que pretendemos señalar es que el infinito es hipócrita y ningún otro Kirchner tiene cabida. Por eso, el futuro político del gobierno es el apremio por parte de los asalariados, llevando a Kirchner contra Kirchner.

Tal es la única “ayuda” que La Presidenta puede exigirle al conjunto de los trabajadores del país.

MODIFICADO :D iciembre 4th, 2011

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